Glasgow, Escocia 1706
El sonido del violín se extendió por la mansión.
Cada vez que el reloj del salón daba la medianoche, sonaba la misma canción: lenta y melancólica. Una balada celta tan antigua como la propia casa y que siempre provenía del desván, donde la última mujer en tocarla fue encontrada sin vida.
Una noche después de una fuerte discusión, aquella mujer subió por las escaleras que conducían al desván y sin saberlo, a su destino. Con manos temblorosas acomodó el violín entre el hombro y la barbilla. El arco se deslizó por las cuerdas, arrancando las primeras notas y sus lágrimas cayendo por el rostro con el corazón roto, daban más amargura a aquella pieza.
La última nota quedó suspendida en el aire y un grito desgarrador, culminó la obra.
Alarmados, los habitantes de la mansión acudieron en su auxilio, pero solo hallaron el violín y el arco en el suelo y por más que buscaron, no la encontraron. Nadie tenía una explicación.
Durante días, vecinos acompañados de sabuesos y apoyados por las autoridades, peinaban los terrenos en una carrera contrarreloj por encontrarla con vida. Sus intentos fueron fallidos cuando la hallaron a varias millas días después.
Las sospechas recayeron sobre el propietario de la mansión. La desconfianza que todos mostraban se hizo evidente cuando las invitaciones a todo tipo de eventos, dejaron de llegarle y aquellos con los que antes tenía vida social, cruzaban la calle sin mediar palabra alguna.
Ningún habitante después de lo ocurrido volvió a subir al desván y cada noche, antes de que aquellas notas comenzaran a sonar, los sirvientes se retiraban a las zonas más alejadas de la mansión donde intentaban que las paredes, puertas y la distancia, amortiguaran los sonidos. Pero, sobre todo, aquel grito que se había adentrado en sus mentes. Algunos no habían conseguido soportar aquella tensión, por lo que dejaron sus puestos y la reputación de aquella mansión, hizo imposible que se encontraran nuevos candidatos para el servicio.
Un mes después del entierro, los bailes habían vuelto a ser el objetivo de las jóvenes y los solteros, podían moverse libremente en busca de futuras casaderas, ya que el principal soltero de Glasgow, había dejado de ser un pretendiente codiciado.
Se juró a sí mismo, ante los demás y ante aquella tumba, que la verdad saldría algún día a la luz.
Un elegante, apuesto y pensativo Duncan MacLean, paseaba agarrando su bastón y su capa hacia la casa de su mejor amigo, Robert Campbell. Mientras se hacía paso entre la gente con su bastón golpeando en el suelo al ritmo de su zancada, las miradas iban acompañadas por perceptibles murmullos.
Una vez a salvo frente a la puerta de la residencia, lejos de miradas indiscretas y murmuraciones, llamó dos veces. La puerta se abrió casi al instante y una criada, con una amable sonrisa, le dio los buenos días mientras recogía sus pertenencias y le invitaba a pasar. Duncan correspondió al saludo. Ella le indicó que el señor Campbell lo esperaba en el estudio.
Se encaminó con paso firme donde se lo encontró degustando un vaso de whisky, sentado frente al fuego revisando una montaña de documentos.
– ¡Buenos días, amigo mío! - dijo levantando su vaso a modo de saludo.
– Lo serán para ti. – Duncan con el ceño fruncido, tomó asiento en el sofá orejero contiguo al de Robert, llevándose las manos a la cabeza. Sentía como si le fuera a estallar de un momento a otro. Una sensación bastante conocida últimamente.
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Dame otra oportunidad
RomanceDos familias enfrentadas, varios asesinatos, una ciudad atormentada. La vida no será fácil para Duncan, el principal sospechoso de la muerte de su prometida; ni para Annabella, la mejor amiga de la difunta. Ambos buscan la venganza, pero por caminos...
