Nadie sabe que pasó exactamente en aquel momento. Alguien disparó antes de tiempo, pero falló, sus escoltas y el propio Sacerdote se pusieron a cubierto, comenzando un tiroteo indeseado, desde su mamparo Rusell veía como la situación se volvía más caótica por momentos, intentaba disparar al Sacerdote, pero este estaba a cubierto tras una pared y Rusell ni siquiera sabia su posición exacta.
-¡General!-intentó comunicarse Rusell-¡No puedo matar al Sacerdote!¡No le tengo a tiro!-.
Boris escuchó la transmisión pero ahora estaba más preocupado de sacar a todos sus hombres de allí que de terminar la misión.
-Esto no me gusta-le dijo a su segundo al mando- nos retiramos-.
Rebeca se acercó al general mientras disparaba ambas pistolas a la vez.
-¡General!¡Voy a ir a por el plan B!-.
El general se apresuró en darle una negativa, pero Rebeca ya se dirigía a toda velocidad hacia el Sacerdote.
-¡Rebeca!¡Vuelve aquí!-.
Rebeca ignoró a Boris y continuó corriendo de cobertura en cobertura mientras seguía vaciando los cargadores de sus pistolas, uno tras otro.
Rusell, que había descendido del tejado y ahora intentaba acceder al almacén a través de uno de los ventanales, vió la escena.
-¡Rebeca!-.
Entonces se oyó una explosión sonora seguida de un silbido casí supersónico, esto dejó a los asaltantes de la Resistencia confusos, excepto al General Staulnov, que mientras gritaba el nombre de la nueva amenaza caia en la desesperación.
-¡Arcángel!-.
Y de hecho, algo atraveso el techo por el punto en el que se encontraba Rusell hace tan solo un par de minutos y aterrizó en el espacio entre las dos facciones entre nubes de polvo.
-Cambiad a munición de mercurio-ordenó el capitán Hendrix, ahora al mando, debido a que el general estaba arrodillado en el suelo y temblando como un flan-.
Cuando el polvo se disipó dejo ver un grupo de seis paladines en formación circular y en el centro de la cual se encontraba, levitando a dos palmos del suelo, el majestuoso Arcángel.
Vestía un manto blanco que le cubria de los hombros hasta las rodillas y que llevaba entreabierto, dejando ver bajo el una armadura dorada de rasgos afilados.
De su espalda brotaban tres pares de alas blancas como la nieve que denotaban su posición.El Arcángel batió las alas y creó una onda de aire que tumbó a todos los presentes, entonces alzó su mano derecha y millones de partículas de luz se compactaron para crear una guadaña, con un filo de un tamaño desmesurado, cercano al tamaño de un colchón de una cuna, pero a diferencia del resto de complementos y vestimentas del Arcángel, esta era de un color negro tan oscuro y sin brillo como una noche sin luna.
-¡Oh, ignorantes mortales!¡Mi nombre es Azrael! Y he venido por orden del gran y único Dios para condenaros-.
Mientras hablaba, el Sacerdote y los pocos escoltas que quedaban se retiraron, a sabiendas de la masacre que allí iva a tener lugar, pero Rebeca se percató de esto y comenzó a seguirlos.
Los soldados de la Resistencia abrieron fuego y los seis paladines cayeron como moscas cuando los proyectiles de mercurio les alcanzaron, pero el Arcángel permaneció impasible.
El Sacerdote continuó corriendo junto a su reducida escolta hacia la única salida despejada, una salida de emergencia, cuando estaba a punto de alcanzarla alguien le cogió del cuello de su túnica y le lanzó contra el suelo mientras le colocaba el cañon de una pistola en la boca.
El Sacerdote sonrió a la mujer de pelo negro que le apuntaba.
-¿Que te parece tan gracioso?-le preguntó Rebeca-.
-Mira detrás de ti-.
Rebeca giró la cabeza solo para ver como una mano aguantelada la embestía y la mandaba a volar varios metros. La mujer impactó contra una pared y acabó en el suelo. Azrael se acercó a ella lentamente, por lo que Rebeca tuvo tiempo de incorporarse, pero la escena que vió la dejó sin palabras.
Tras el Arcángel yacian desparramados los restos de los soldados que se habian enfrentado a el, no quedaba ni un solo cuerpo intacto. A Rebeca le dieron arcadas y a punto estuvo de vomitar allí mismo, mientras tanto Azrael seguía avanzando hacia la mujer, que habia empezado a llorar desconsoladamente. Finalmente, cuando estuvo a tan solo unos centímetros le preguntó:
-¿Algunas últimas palabras, debil humana?-.
Rebeca no pudó responder nada, pues estaba tan sumida en la desesperación que ni siquiera escuchó las palabras del ser alado.
-Como quieras-.
Y diciendo esto, alzó la guadaña con ambas manos, dispuesto a perforar el pecho de aquel insignificante ser, pero entonces su dedo índice derecho explotó, rociando un hilo de sangre roja sobre la mujer.
El Arcángel entrecerró los ojos, evitando así proferir un gruñido de dolor y se giró buscando al desgraciado que se había atrevido a tocarle.
A Rusell todavía le temblaba el dedo, y no hablemos del cañon del rifle, pero se obligó a calmarse, apuntó de nuevo y disparó, pero esta vez Azrael, que aun se preguntaba como una simple arma humana había podido dañarle, bloqueó la bala con la guadaña, para, a continuación, enviar una onda de aire presurizado contra el humano, que se agachó justo a tiempo de esquivar el ataque.
-¡Rebeca, huye!-
Rebeca aun seguía en shock, pero comprendió lo que estaba haciendo Rusell y echó a correr hacia la salida, donde le esperaba el capitan Hendrix.
Una vez juntos, ambos huyeron hacia el laberinto de calles en la que se encontraba el almacén.
Azrael contempló como los dos humanos corrian para salvar la vida, dejando allí a su compañero.
-Creo que te han abandonado,pensaba que los humanos teniais un sentido del compañerismo más desarrollado-.
-¡Callate¡¿Vas a luchar o vas a estar ahí de pie como una nena?-.
-Muy bien, tu lo has querido-.
El Arcángel dio un paso al frente, pero fue tal la velocidad que en menos de un segundo se colocó cara a cara con Rusell, quien no se esperaba semejante velocidad.
Sin más dilación, Azrael clavó la guadaña en el estomago del hombre.
-Valiente y estúpido humano,¿Cual es tu nombre?-.
-Ru...- dijó entre toses y jadeos- Rusell... Thorn-.
-Bien, Rusell Thorn, sientete honrado, pues recordare tu nombre-.
Y entonces extrajó la guadaña del cuerpo ya casi sin vida del joven humano, y, tal como había llegado, se marchó.
Rusell miró por última vez la puerta por donde se habia marchado su amada, y sabiendo que ella estaba a salvo, sonrió.
-Rebeca- susurró-Lo siento...pero al final seré yo quien no podrá cumplir la promesa-.
Y el oficial Rusell Thorn se desplomó sobre un charco de su propia sangre.
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Umbra
FantasyAño 2045,Dios ha demostrado su existencia bajando a La Tierra con sus arcangeles, pero no era el Dios benevolente y compasivo que la gente creia. Sino que era un Dios cruel, ambicioso y ansioso de esclavizar a sus llamados "subditos"; la raza humana...
