Frente aquel manojo de ira
se soltó una leve sonrisa,
fue ese el detonante,
una sonrisa temerosa.
La ira se vistió de ímpetu
y dejó ver su ropaje oscuro.
En la esquina agobiada
cual ring de box, espera la calma
magullada por los certeros golpes
de una ira incólume y algo desprolija.
Ahí espera entre lágrimas secas
el azote premeditado, ¡cobarde!
se irguió valiente con el derecho unánime
de tomar venganza por una sonrisa breve,
y entonces el golpe simuló al piquete de una abeja...
Dolió, pero con un dolor hondo que no rompe la carne
mas fue profundo en el alma...
Profundo en el concepto de amor breve
de hombría vendida a menos.
