Era el primer día del nuevo curso y, como no podía ser de otra manera, llegaba tarde. Es cierto que no se consideraba una persona realmente puntual, pero aquello ya era demasiado. Había pensado que no podía ser tan difícil dar con un edificio tan grande como aquel aún a pesar de estar situado en un campus: se equivocaba.
Hanna llevaba dando vueltas por el enorme campus durante más de media hora, y ya había entrado en tres facultades erróneas.
«Genial» pensó mientras salía de la que había resultado ser la de Ciencias Políticas. Dio unos cuantos pasos hacia el centro de la plaza donde se erigía el edificio, dejó su bandolera en el suelo y alzó la vista:
—¿Alguna vez la encontraré? —dijo en voz alta sin darse cuenta. Su tono no era muy agudo y parecía agradable al oído.—No puede ser tan difícil.
—¿Hablas de algún aula? Quizá pueda ayudarte— oyó justo entonces tras de sí.
Al girarse, Hanna contempló a una muchacha de cabello castaño y ondulado que la miraba con una sonrisa en los labios y que iba con unos libros sobre cine en el brazo.
—Pues la verdad es que sí. Me he perdido y no tengo ni la más remota idea de donde está la facultad de Arte. Es mi primer día y no encuentro nada. —se resignó.
—No te preocupes, está al lado de la mía. Ven, te acompaño. —le contestó la castaña echando a caminar —es bastante típico que la gente se pierda el primer día.
Hanna pensó que probablemente fuese una mentira para hacer que se sintiera mejor, pero no dijo nada. Al fin y al cabo, aquel campus parecía lo bastante fácil como para que ni siquiera un niño de diez años se perdiese.
Cogió sus cosas y corrió detrás de la chica para evitar perderla de vista.
Una vez situada a su altura, se fijó en que la chica era unos centímetros más baja que ella y que tenía la cara redonda. Vestía con una camiseta con margaritas y llevaba unos pantalones sueltos negros a la cintura. Hanna estaba pensando que parecía tener un estilo guay cuando sus pensamientos volvieron a ser interrumpidos por la chica que acababa de salvarle la mañana y, probablemente, el bochorno de hacerle llegar (aún) más tarde.
—¿Eres también nueva en la ciudad? —le preguntó con tono dulce.
—Si y no, resulta que estuve viviendo aquí hace muchos años, pero apenas recuerdo la ciudad— contestó. — ¿y tú?
—Este es mi segundo año en la facultad —dijo la muchacha alzando los libros que llevaba en el brazo con confianza. —Ya soy una veterana. Creo que nos veremos bastante porque nuestras facultades están pegadas y a veces vamos a grabar allí. Tenéis una biblioteca muy bonita.
—He visto fotos— dijo Hanna distraída con el móvil, que había sacado para observar cómo el GPS que había usado para llegar allí se había vuelto otra vez loco, algo que explicaba un poco el por qué de su pérdida.
—No funciona— le dijo su recién estrenada compañía al verla mirar el teléfono— el GPS digo. En esta ciudad no va y ,si consigues que funcione, no durará mucho. No es broma. Mira, ya está ahí delante.
Un edificio no muy grande se alzaba justo a la izquierda de uno mucho más despampanante.
—Pues vaya— dijo Hanna guardándolo de nuevo. — y oh vaya otra vez, ¿es ese? juraría que pasé antes por delante...
—Ese es el mío— le interrumpió la chica— el tuyo es esa cosa tan mona que está detrás.
—Parece un colegio— reflexionó Hanna haciendo un mohín— en las fotos parecía algo más grande. Odio que todas las fachadas sean iguales.
—Suele pasar, pero bueno, si tienes de referencia el mío, te será sencillo encontrarlo la próxima vez. Uno pequeñito pegado a uno grande— puntualizó.
—Sí... Muchísimas gracias por traerme aquí— dijo haciéndole una pequeña reverencia — espero que podamos volver a vernos.
—Seguro que nos hartamos— le contestó ella.
Entonces, Hanna se fijó mejor en la cara de la chica. Tenía los labios algo más gruesos que los suyos, pintados de un tono rojizo y una pequeña cicatriz en la ceja. Sus ojos eran de un color grisáceo muy característico, un color que no había visto desde...
—Oh dios mio, perdona pero... ¿tu nombre no será Moon, verdad? —dijo totalmente sorprendida.
—¿Como lo sabes? —preguntó extrañada ella.
—Hanna. Soy Hanna. ¿Te acuerdas de mí? Solíamos jugar de niñas.
Ahora fue Moon la que pareció sorprenderse.
—Oh dioses, ¡Hanna! Si, ahora me acuerdo de ti... pero qué...?
—No puede ser. No, no, no. —dijo Hanna sin creerse lo que estaba pasando.
Moon y ella habían sido amigas de la infancia, y la chica de ojos grises estaba en muchos de los recuerdos de Hanna desde que tenía memoria, y más o menos hasta los nueve años.
—Ya lo creo que sí, no te había reconocido al principio. Creo que yo era mucho más alta la última vez que nos vimos— rió. —Oye estas cosas no pasan todos los días.
—Y menos en un segundo día en la ciudad en la que hace más de una década que no estás —corroboró Hanna. —Oye, igual suena precipitado pero, ¿te importaría darme tu número? No quiero parecerte una loca, pero no quiero perder el contacto ahora que casi parece que ha caído esta oportunidad del cielo. Podrías enseñarme todo lo que ha crecido la ciudad en estos años. Y ponernos al día.
—Eso está hecho— le contestó su antigua amiga totalmente eufórica.
Se despidieron después del intercambio de números de teléfono, y Hanna se dirigió a, ahora sí, su correcta facultad.
YOU ARE READING
Days gone by;
FanfictionUn grupo de amigos de la infancia se reencuentra por casualidad pasado mucho tiempo. Como cabía esperar, las cosas no son lo que eran, sobretodo para algunos de ellos.
