INTRODUCCIÓN

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En alguna parte de este mundo, en un pueblo lejos de todo estaba Samuel, frente al espejo, ensayando mil veces el cómo le pediría matrimonio al amor de su vida, a su Willy. 

Tenía todo perfectamente planeado, como a él le gustaba. Lo llevaría a el restaurante del pueblo, uno de sus grandes amigos, y también alcalde, se lo había prestado para que esa noche fuera solo de los dos, quería que fuera algo reservado e íntimo, de manera que Guillermo, su novio, no pudiera decirle que no, aunque es estaba seguro de que estaban destinado a estar juntos. Él sabía que todo saldría bien.

Arregló por milésima vez su traje, se aseguró de llevar en la bolsa aquella cajita que guardaba  el anillo con el que sellarian su amor, con el que prometerian que estarían juntos. Bajó las escaleras de su mansión y salió camino a aquel restaurante, sabía que su prometido era bastante puntual así que salió para llegar justo veinte minutos antes y asegurarse que todo estaba perfecto, las flores en sus lugares, cada vela encendida, el mesero vestido impecable, porque sí, incluso el mesero debía lucir perfecto. 

Unas horas antes el alcalde Lolito, como le gusta que le llamen, le había dado las llaves del lugar que era de su propiedad para que ni siquiera él tuviera que llegar a interrumpir su momento, así que llegó y se concentró en sus pendientes. Estaba completamente metido en sus pensamientos hasta que escuchó la puerta del local abrirse, era él, su amado había llegado.

– Hola cariño – le dijo el ojimorado a su chico.

– Hola Samuel.

– ¿Vamos a cenar amor?

– Samu, tengo algo importante que decirte – la voz del peliblanco se escuchaba seria y vacía, Samuel sintió un vuelco en el estómago pero no iba a dejar que nada arruinara su noche, ¿verdad?

– Yo también cariño, pero primero vamos a cenar y luego hablamos los dos.

– Vale– su voz seguía sonando mucho más fría de lo normal.

Avanzaron hasta la mesa del centro del restaurante, mientras cenaban Samuel comenzó a gastar unas cuantas bromas haciendo reír a su Guille, haciendo del ambiente que estaba bastante tenso algo mas tranquilo, no sabía que era eso tan importante que su chico debía decirle pero sin duda lo tenía algo preocupado, habían estado algo distantes últimamente, por eso decidió dar el siguiente paso con la esperanza de que así su relación se reforzara, además, estaban hechos el uno para el otro ¿no?

Samuel sintió que era el momento de pedir aquello tan importante, era el momento justo de prometerse.

– Guille, tengo algo importante que decirte– le dijo el azabache con cierto brillo en la mirada.

– Yo también Samu– de pronto el ambiente se tensó otra vez.– Pero habla tu primero.

– Bueno, llevamos mucho tiempo juntos, sé que últimamente las cosas han estado un poco difíciles para ambos, pero por eso mismo me di cuenta de que no quiero perderte nunca, y que quiero poder estar a tu lado siempre, amanecer cada día de mi vida junto a ti, ir a la cama y que tu seas lo primero y último que vea en mi día, quiero que seamos una familia, tú y yo contra todo y todos, y bueno, tal vez un gato– entre más avanzaba el ojimorado más se tensaba el albino, que intentó interrumpir, pero no pudo al ver la ilusión con la que su pareja estaba declarándose– Quiero que seamos siempre tú y yo... así que ¿quieres casarte conmigo mi Willy?

Samuel tomó la mano de su acompañante y la besó, para luego meter su mano a buscar aquella cajita, y justo cuando estaba por abrirla la mano de su chico lo detuvo, haciendo que volviera a cerrarla.

– No, lo siento Samuel, pero esto no puede continuar – de no ser por la seriedad de sus palabras Samuel habría pensado que se trataba de una broma de mal gusto por parte de el amor de su vida. Pudo sentir como su corazón se achicaba y con un hilo de voz y el corazón hecho trizas le respondió.

–¿P-porqué? 

– Hay alguien más – y de pronto solo comenzó a escuchar las mil excusas de su ahora ex pareja, diciéndole que lo perdonara pero que las cosas hace mucho que ya no estaban bien, de que algún día encontraría a alguien mejor, de que no era él, simplemente el amor por su parte se había acabado – Lo siento Samuel, no quiero que estés mal por mi culpa pero no podía seguirte engañando, ni tú, ni David, ni yo lo merecemos.

Después de esas palabras el peliblanco se paró, se dio media vuelta, y salió por la puerta de aquel local.

__________

En alguna parte de este mundo, en un pueblo lejos de todo estaba Samuel, parado sobre las escaleras de su mansión, viendo a la nada, con el corazón destrozado, mirando aquella sortija que se supone uniría su amor. 

Bastante lastimado por la situación anterior, Samuel se paró en lo alto de su mansión, miró a la nada, y decidió saltar.

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