Luna
Cuando llegué a mi casa, papá estaba en la puerta.
No precisamente porque me esperase, estaba concentrado en la mecedora escribiendo en su cuaderno. Aparque el auto y caminé hacia él. Su cabello negro y ojos claros me hacían pensar que si fuera actor, definitivamente el papel de Poseidón en Percy Jackson sería suyo. Además, él amaba el mar.
Levantó la cabeza tras unos buenos minutos en los que estuve parada a su lado y me sonrió alegre, como si no pudiera evitar emocionarse. Eso sólo podía significar una cosa. Su último libro estaba listo.
- ¡Se fini! – Él siempre decía eso cuando terminaba algo, tenía complejo italiano, lo cual era raro porque lo más cercano a Europa que había estado fue en Nueva York. – Por fin, dos años mi niña, y por fin está listo. – Me arrodille y besé la última hoja con cuidado. Papá me pedía que lo hiciera desde que tenía conciencia. Él ya había publicado 3 libros, y aunque no era ningún Rick Riordan o una Susan Collins, para mí, él era el mejor.
- Te felicito papá. Ahora tienes que mandarlo a la editorial. – Asintió como si fuera un niño feliz. – Ahora, tengo que ir a mi habitación. Mándale un mensaje a mamá para que sepa.
Entre a la casa y dejé mi chaqueta en el pórtico, vaya sábado, pensé. Subí pesadamente las escaleras hasta mi habitación y una vez dentro, cerré la puerta para poder apoyarme y deslizarme hasta quedar sentada en el suelo.
Mis ojos vagaron por todo el lugar, las paredes azules y el techo con un gran plotter de estrellas, la cama con colcha blanca, las cortinas, el armario, mi librero, mi escritorio con fotos y artículos colgando del techo en hilos verdes y rojos, la esquina de mis vergüenzas y alegrías.
Mi esquina… Un sector donde estaban todos mis trofeos, todos mis diplomas, todos mis insuficientes y trabajos mal hechos. Donde estaba enmarcada la foto de mi última carrera y el periódico del choque.
- ¿Por qué tienes tantas copas? – Solté un chillido y tome la primera cosa afilada que pudiese encontrar, al tiempo que me daba vuelta y una estúpida sonrisa me recibía. – Hey, tranquila.
Eric tenía misteriosas habilidades para saber cuándo sorprenderme. Deje en su lugar mi arma afilada –Un lápiz. Un inútil lápiz. Realmente mi mente no trabaja bien desde Rick Riordan. – y enarque una ceja.
- Ajedrez, danza, velocidad en patinaje y patineta, tengo un par de medallas de tracking también, y un par de diplomas por surf. – Él parecía sorprendido, y cuando iba a decir algo, sus ojos se desviaron al cuadro con el periódico.
- ¿Accidente de carreras ilegales pone en descubierto menores en ilícito? – Avance a mi cama y me senté. El leyó el encabezado en voz alta, luego se quedó un rato ahí, supongo que observando el artículo. - ¿Eras corredora ilegal?
- No es de tu incumbencia. – No tenía por qué tratarlo así, pero mis mecanismos de defensa se activaron. No más de ese tema. – ¿Pasó algo? Casi nunca vienes para acá desde que te lance agua hirviendo.
Penoso accidente, debo admitirlo, pero ese chico debería entender que no es bueno asustarme cuando estoy en la cocina. Tampoco es como si le hubiese pasado algo.
- Oh… ¡Oh si claro! Digo… - precia incomodo, jugueteado con sus dedos como un niño. – No es que no quiera venir a verte, pero estoy casi seguro de que tu padre puede verme.
Me tensé. ¿Papá? Que yo supiera, nunca le había ocurrido nada como para poder ver un fantasma. De todas maneras no es que pudiera llegar y preguntarle, tendría que dejar que el tema saliera flote sólo para poder enterarme.
- Entonces, tiene que ser algo grave porque mi papá está acá. – Él asintió y de pronto su figura parpadeó, como si un fuera lo suficientemente fuerte como para mantenerse en esta realidad. Me congelé. - ¿Eric…?
- Sí bueno, tiene que ver…
Me acerqué y puse mis dedos en sus mejillas. Dato curioso, si quieres tocar a un fantasma, sólo tienes que metalizarte para hacerlo. Él se quedó callado y me miró curioso, pero yo realmente estaba muy intrigada como para darle una explicación. En sus mejillas había pequeños rasguños, pero cuando pasaba mis dedos por esos lugares, podría sentir el aire, como si no existiera nada, como si la esencia de Eric hubiese desaparecido en esos lugares. Me aterró pensar en eso, ¿Acaso el no sería eterno hasta que su alma estuviese en paz? Y definitivamente esos rasguños y heridas parecían mucho más un ataque que un alma que está encontrando la paz.
- ¿Qué te ocurrió?
- Tal vez un espíritu loco me atacó… La chica, Natasha… Ella, realmente perdió toda su cordura, no me extrañaría que fuera una…
- Manía… - Suspiré, las manías eran espíritus trastornados por la locura y la obsesión. No buenos.
- Sí eso… - Él de pronto sonrió, y pensé que en realidad, perecía increíblemente feliz.
- Pero, ¿Cómo es que pude dañarte? ¿Por qué pareces contento? ¿Qué se supone que…
- Wow, detén tu tren de pensamientos, eres igual a Tori. – Me muerdo el labio y acaricio suavemente una de mis trenzas. – No estoy seguro como es que pude dañarme, pero todos los fantasmas pueden hacerlo. Estoy feliz últimamente, eso es todo. En serio, ¿Tú y Tori no pueden ver a una persona sonriendo sin que parezca sospechoso?
Suelto una risita, pensando en que en realidad, es difícil para nosotras pensar así, somos muy bromistas como para no sospechar de las sonrisas amplias.
- Ahora, volvamos a lo serio. – Asiento suavemente, y él me mira a los ojos como evaluándome. – Necesito que me acompañes con Natasha.
Genial, simplemente genial.
- Chico, tienes que dejar de explotar la palabra “Necesitar” – Tome mi móvil para ver la hora. 4.30 pm y yo aún no comía nada excepto una Gatorade que compre de camino a casa. Suspire nuevamente. No había dormido la noche anterior y ahora este chico fantasma quería que lo acompañara a donde una fantasma psicótica.
- Bien, pero no estaremos más de media hora fuera.
- Te adoro. – Yo sólo rodé los ojos.
- Lo sé, ahora, es hora de visitar a Natasha.
Cuando llegamos, desee no haber ido. Harvey Village es una ciudad tranquila, rodeada de bosques y lejana de la interestatal, el lugar perfecto para ser asesinada por un fantasma.
No era demasiado lejos de la cabaña de Eric, unos cuantos kilómetros. El problema era que a esa altura, el bosque era irritablemente frondoso. No me mal entiendan, yo amo la naturaleza, pero es incómodo tropezar con raíces cada dos segundos. De pronto Eric se detuvo y estuve cerca de chocar con su espalda, se quedó un par de segundos así y luego volteó hacia mí, se veía pálido, y eso era perturbador siendo ya un fantasma.
- Mala idea, regresemos. – Me tomó de la muñeca y me llevo corriendo de vuelta al auto.
- ¿Qué pasó allá? – Pregunté una vez dentro del auto.
- Yo… Yo pensé que si te conocía, ella sería más amable y volvería a ser un alma tranquila. Tú haces eso, lo hiciste conmigo cuando nos conocimos… Irradias tranquilidad… Pero Natasha… -Se quedó en silencio durante unos segundos. – Esto es peor de lo que pensé. Ella está realmente mal.
Quería preguntar más, pero algo en mi interior me dijo que mejor no. Tal vez miedo. No estaba segura. Sólo sabía que quería volver a casa.
Esa tardé dormí como nunca, y fue una buena idea, porque los día próximos definitivamente no iban a ser buenos para mi descanso. Comenzando con la tarde del domingo, cuando el mensaje de texto de Tori aceleró todos nuestros planes.
Había encontrado a Michael. Ahora sólo debíamos conseguir más información y saber que estaba haciendo.
YOU ARE READING
Tormentos Del Pasado
ParanormalEl mundo de dos chicas se pone de cabeza cuando un crimen sin resolver llega a sus vidas de la manera más inesperada posible
