A MI HERMANO, SIEMPRE LO PROTEJO

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-Abuelito, ¿sabes alguna historia de amor?- Pregunto la niña a su mayor, quien se encontraba sentado en su silla mecedora.

-Por su puesto mi niña, una historia de amor que jamas oirás en ningún otro lado.

-¿Cuál es esa historia?- Pregunto extrañada.

-Oh, no. Es muy larga y quizás te aburras.- Contesto el anciano.

-No será así, lo prometo.

-Presta atención, porque lo que te voy a contar, es un largo viaje. El viaje de un amor, uno que nació ya hace muchos años. En aquellos días en los que los teléfonos permanecían en las casas, donde la televisión era un lujo innecesario, cuando el vagar por las calles, era el pasatiempo preferido de tanto jóvenes, como de niños...

<<Era verano, uno cálido, pero con ciertas brisas que por momentos te helaban la piel. Un grupo de amigos, caminaba entre risas por las vías de un tren, que aún se estaban construyendo. Hablaban de las travesuras que habían hecho, en este caso, de como el líder de ese grupo, logro engañar a la vecina de la tienda de víveres y le robo una bolsa entera de dulces de miel...>>

-Eso es malo.- Repuso la niña.

-Si, así es. Pero en esa época, tal hazaña como lo era esa, era muy respetada y bien vista entre los jóvenes, aunque no tanto entre los mayores quienes muchas veces reprendían a golpes a los "malandrines", como se les llamaba en ese entonces a esa clase de muchachos.

-Que época más rara.- Dijo haciendo un gesto que expresaba en cierto modo, asco.

-Para jóvenes como tu, si. Pero para ese entonces, aquello era de lo más normal...

<<Como te iba diciendo, el líder de grupo, presumía ante sus amigos su gran logro, enseñándoles la bolsa que contenía los caramelos.

-Oye, Enrique, ¿no nos vas a dar, aunque sea unito de esos dulces de miel?- Dijo uno de sus amigos, el cual era el más pequeño de todos. Era delgado, pareciera que no lo alimentaran bien, aunque era todo lo contrario. Aquel joven, era de padres ricos, por lo que comida, había de sobra en su mesa.

-Mmm.... Déjame pensarlo.- El joven camino tres pasos y luego se dio la vuelta para mirar a su amigo, -No.

-Oh.... Vamos, por favor Enrique.- Insistió el flacucho.

-Si tanto quieres uno, ¿Por qué no vas y te compras unos a la tienda de doña Pati?- Dijo Enrique.

-Si, es verdad Felipe, ¿Qué no tu papá es un señor bien hecho y derecho?- Dijo otro de los muchachos, el cual era de figura robusta, e intimidante.

-Mi jefecita dice que a tu patrón le sale dinero hasta por las mangas de su refinada chaqueta.- Replico otro, que era alto, delgado, pero no al mismo extremo que el de Felipe, resaltaba debido a su sobre mordida.

-Pues si, pero... Mi taita a mí no me da platica. Él dice que me la tengo que ganar, ya saben, trabajando y haciendo ese tipo de cosas...- Dijo Felipe con fastidio en su voz, pues el muchacho era muy reacio al trabajo.

-¡Ah, usted es bien manco!- Regaño Enrique a su amigo.

-Si, si. Sus taitas no le van a estar manteniendo todita la vida, no sea tan menso que tarde o temprano le va a tocar esforzarse por tener aunque sea tantita platica.- Dijo el de figura robusta.

-Eso, como le dice el Santiago, tiene que ganarse aunque sean tan solo unos pesitos.- Agrego rápidamente el de los dientes salidos, - Así como yo, que por hacerle unos recados a Don Manuel me gane 5.000 pesitos, ¿Cómo la ve? Ademas, su esposa me dio una pata de gallina, que estaba...- El muchacho hizo un gesto con las manos para expresar que estaba exquisita.

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⏰ Última atualização: Apr 23, 2020 ⏰

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