PERSIGUIENDO ECOS
Sintió el susurro del viento, y nuevamente repitió las palabras. Esas que eran arrastradas hasta sus oídos y cuyo significado aún no conocía siquiera. Esas, que la noche trataba de enmudecer entre extraños y vívidos sueños, imaginando, quizás, que nada bueno traerían a aquel que descubriera el misterio de su sonido, el secreto de su creación.
Pero esa voz... Tan parecido a un eco profundo, oscuro, como las entrañas del mismo infierno, se clavaron de nuevo en su alma, despertándolo incluso de su sueño más plácido y feliz, dándose cuenta al abrir los ojos, de que aún durmiendo, pronunciaba esas palabras tan venenosas que lo habían contaminado todo convirtiéndolo en pesadilla.
Se levantó. Fue al cuarto de baño y abrió el grifo dejando correr el agua como si fuese a llevarse sus delirios con ella. Se miró al espejo sin lograr enfocar la vista del todo, debido al sudor y las lágrimas que empañaban sus ojos provocándole ese desagradable escozor que tan bien conocía, y con un acto reflejo que llevaba repitiendo toda su vida, se llevó las manos a ambos lados del cuello, tras las orejas, donde tres largas cicatrices en cada lado paralelas entre sí, como los zarpazos de un gran felino, parecían intentar esconderse bajo su larga melena del color del trigo.
Finalmente se lavó la cara varias veces antes de volver a su habitación y vestirse sin prisa. Cogió las llaves y cerró la puerta del pequeño piso tras él, sin preocuparse del ruido del portazo, aún siendo como era de madrugada.
Cuando salió del edificio, el frío nocturno le golpeó como un gélido bofetón haciéndole estremecer de pies a cabeza con un fuerte escalofrío.
Con las manos en los bolsillos echó a andar sin rumbo por el laberinto de callejones y pequeñas plazas que conformaban esa parte de la ciudad.
Seguía escuchando las palabras como en un hipnótico sueño que lo alejaba cada vez más de la cordura, encaminándolo a un abismo cuya cierta imposibilidad de escapar lo hacía parecer incluso hermoso.
Sacudió la cabeza e intentó pensar en otra cosa. Cualquier cosa. Incluso en esas odiosas canciones tan pegadizas que te arrancarías los oídos con tal de no volver a escuchar más... Pero de nada sirvió.
El olor a agua lo sacó de su ensimismamiento y miró a su alrededor. Sin darse cuenta había llegado al río, que se agitaba bajo las ráfagas de viento que parecían intentar acariciar la superficie creando olas y pequeños remolinos entre las rocas que la rebasaban.
Rememoró su primer recuerdo. Primero las palabras;
-No te me vallas, ¡No te me vallas, pequeño! ¡¡Respira, por favor!! -
Ásperas a causa del esfuerzo y el terror a perderlo. Después, al abrir los ojos, esa aliviada y gran sonrisa que parecía no querer abandonar la cara perlada de sudor de la técnica sanitaria que acababa de salvarle la vida y el sonido de su risa ahogado en lágrimas de alegría.
Tenía sólo siete años cuando lo habían sacado de mitad del río, y no recordaba nada antes de eso.
Los médicos le dijeron que no sabían qué lo había causado, si la falta de oxígeno en el cerebro por demasiado tiempo, o el golpe que tenía en la parte posterior de la cabeza por culpa de la caída, o por las rocas que evitaron que el agua lo arrastrase río abajo, y que tenía suerte de seguir con vida sin más daños que ese. A pesar de que por culpa de "esos pocos daños" nunca encontraron a sus padres.
Aún se descubría de vez en cuando observando los rasgos de la gente con la que se cruzaba, preguntándose si se parecía a alguno de ellos. Si alguno de ellos, podría ser su padre, su madre, su hermana... Pero de algún modo, sabía que no. Que él era distinto a todos ellos. Que tenía algo diferente. Algo que lo hacía parecer como un pozo, oscuro. Profundo. Y su casi total incapacidad para socializar no le hicieron la vida más fácil.
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Persiguiendo ecos
FantasyUnas extrañas y oscuras palabras se llevan repitiendo en la mente de un joven desde que tiene recuerdos. una noche, viéndose ya al borde de la locura decide salir a descubrir su origen, dando en el proceso con un secreto oculto tras sus recuerdos du...
