Prólogo

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PRÓLOGO

Puerta del Sol, Madrid.

21 de diciembre de 2019.

Las luces del enorme árbol de Navidad situado frente a la fuente de la plaza madrileña más famosa cambiaban de color cada cinco segundos exactamente. Rojo, naranja, azul, rosa, verde, y vuelta a empezar. Quizás para quienes salían de la estación de metro o paseaban por allí comprando regalos era un bonito elemento decorativo para el paisaje de la ciudad, pero hoy yo lo estaba odiando con toda mi alma.

Desde que me mudé a la capital a principios de septiembre comencé a venir aquí a cantar. No fue una decisión meditada, en realidad mi intención era buscar un trabajo de camarera o de niñera, pero fue tan difícil compaginar los horarios ofrecidos entre los pocos lugares que se interesaron en mi y mis estudios, que encontré esta alternativa como la más factible. Además, a veces lograba en un solo día más de 50€. Así que todos los fines de semana acudía a la plaza religiosamente, bien fuese para pagar los materiales necesarios para el grado o la comida. Aunque esta vez el motivo era diferente, excepciones navideñas. Quería regalarle a Marina, mi hermana, un teclado. Las dos siempre hemos compartido la afición por la música, aunque a mí siempre me han ido más las cuerdas.

Volviendo al tema de las lucecillas, el dolor de cabeza que me estaban provocando era insufrible. Si a esto le sumamos como mis dedos se estaban agrietando por culpa del frío y de las cuerdas oxidadas de la guitarra, tenía aproximadamente novecientas noventa y nueve mil ganas de morirme. Lo peor de todo es que el esfuerzo era en vano porque no tenía ni amplificador ni micrófono. Algunas tardes más solitarias sí que se me podía escuchar, pero esta vez era todo un reto para los transeúntes interesados. En algún momento me podría permitir comprar el ampli, pero primero necesitaba una guitarra acústica que poder enchufar, pues la mía era una clásica que había comprado de segunda mano. Además, era tan pequeña que probablemente sería para niños. Al menos encajaba con mi estatura y no se veía extraño. También disimulaba su poca calidad con su aspecto, ya que en cuanto la compré pinté un amanecer en su cuerpo. No obstante, el camuflaje era en vano en cuanto la hacía sonar. Parecía una lata con seis cuerdas, horrible. Aun así, la gente dejaba alguna que otra moneda cuando caminaban frente a mí, parecía que lo hacían por inercia.

Mi estómago rugió y supe que era el momento de marcharme. Me agaché para guardar las monedas que habían dejado en la funda del instrumento y, bajo estas, descubrí un papel cuya existencia no conocía. Normalmente no miraba lo que me echaban porque tenía la vista perdida en el paisaje de la ciudad o en como mis dedos se movían por el mástil de la guitarra. También me parecía de mala educación porque algunas personas podrían creer que estoy juzgando la cantidad de dinero que me regalan, cuando yo estaba agradecida hasta por las monedas de 10 céntimos. Más que un papel, era una tarjeta e incluía el logotipo de Universal Music. No sabía si reír o llorar porque se trataba de una broma de muy mal gusto. La guardé en la funda de mi móvil sin saber muy bien porqué, me colgué la guitarra a la espalda y cogí el metro de vuelta a casa.

Tenía muchas ganas de llegar porque casi todos los sábados mi compañera de piso y yo comíamos pizza mientras veíamos cualquier chorrada en netflix. Este era el último hasta la vuelta de vacaciones y quería despedirme de ella. Si tuviera que personificar la suerte, la llamaría Julia Medina. Conocí a la gaditana en twitter porque tenía una habitación libre, pero jamás imaginé que encajaríamos tan bien. Con ella fue todo muchísimo más fácil porque, aunque echase de menos a Marina y a mi madre, era difícil sentirme sola. Si me veía triste, era capaz de proponerme planes tan absurdos como jugar al escondite apagando las luces o teñirme el pelo de rosa (me quedó fatal, no volveré a hacerlo). Y si estos motivos no parecen suficientes para adorarla, hay uno todavía más importante: una de mis pasiones es su profesión.

Julia logró abrirse hueco en el mundo de la música cuando Andrés Suarez, uno de sus cantautores favoritos, compartió una cover suya en instagram. Así consiguió un poco más de fama en su canal de youtube. Hoy en día cuenta con casi medio millón de suscriptores y gana lo suficiente para sobrevivir mientras intenta avanzar. Su próximo proyecto es producir su primer disco y subirlo a las plataformas digitales.

— ¡Ya era hora, tía! —exclamó la gaditana en cuanto abrí la puerta.

Dejé la guitarra en la cama de mi habitación y fui al salón a saludarla dándole un beso en la cabeza.

— Pero si siempre llego a la misma hora 'sagera —pronuncié intentando imitar su acento, pero fue un intento fallido.

— Es que te he hecho una pizza de césped de esas que te gustan, vas a flipar.

Se burlaba constantemente de que soy vegetariana, pero lo hacía con todo el cariño del mundo. Incluso se ha propuesto dejar de comer carne un par de días a la semana por mí, aunque yo le repitiese novecientas noventa y nueve mil veces que no era necesario.

[...]

— ¿Alba? —dijo mi compañera tratando de llamar mi atención.

— Perdón, ¿me has dicho algo?

Ya había terminado la película que elegimos y me entretuve tanto respondiendo algunos mensajes que tenía pendientes que el móvil me absorbió.

— Tía, se ha enterado de lo que te he dicho hasta la vecina de arriba. ¿Qué tienes ahí de Universal?

— ¿Eh? — pregunté alzando la ceja porque había olvidado por completo la existencia de esa tarjeta.

— En el móvil —me aclaró.

— Ah, un gracioso me habrá querido gastar una broma de muy buen gusto esta tarde, no sé... —comenté irónicamente mientras la sacaba de la funda.

Ella me la quitó de la mano y leyó el nombre del supuesto trabajador de la discográfica en voz alta.

— Mikel Lacunza —me miró alzando las cejas, pero yo no sabía qué quería decirme con ese gesto. — Alba, por dios, reacciona. Este es uno de los cazatalentos más conocidos de aquí, a veces ha venido a la sala de micros abiertos donde voy. Llama de una puta vez.

Las últimas palabras las dijo tan seria que sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. ¿Cómo iba a interesarse alguien de  una discográfica por mi si apenas se me escuchaba? Seguía convencida de que era una broma pero, conociendo a Julia, me acabaría obligando a llamar, o incluso lo haría ella misma


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La cuarentena me ha animado a volver a escribir, y espero que dure durante mucho tiempo. Si alguien ha llegado hasta aquí, gracias. 

OJALÁ   || Albalia FanficHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora