Prólogo

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Estoy a punto de desmayarme, no tengo en claro si es debido a los nervios, o por el hecho de que ayuné por horas para poder entrar en este conjunto tan coqueto que traigo puesto. Tomó mucha fuerza de voluntad y un corsé de talla mediana para poder entrar en él, entonces me doy cuenta: son las medias, me aprietan demasiado, tanto que, sin problemas podría agarrar unas tijeras y arrancar la última capa de ellas.

Al final, ignoro el asunto de las medias y logro envolverme en la canción que se encuentran bailando las chicas que pasaron antes que yo, es una canción de K-pop, no recuerdo el nombre, pero sí la melodía de esta, me causa cierta alegría recordar la primera vez que la escuché. Incluso intento hacer unos pasos de baile de la coreografía, pero fallo en el intento.

Saco un espejo de una de mis tetas falsas para poder mirarme por última vez, la canción está a punto de acabar.

—¿Ikal? —Logro escuchar una voz encima de mi hombro, es Martín, el encargado de todo este evento, así que volteo lo suficiente para escucharlo bien pero no demasiado como para hacer contacto visual con él. Arqueo las cejas para demostrarle que lo escuché anteriormente. —Sales en 2 minutos, ¿listo? — Asiento con la cabeza tratando que mis aretes no suenen demasiado.

2 minutos, antes de avergonzarme en frente de la gran mayoría de la escuela. Puedo verlos a todos con perfecta claridad, aunque las butacas estén parcialmente oscuras debido a que el reflector ilumina todo el escenario.

Esta es la noche, esta es la noche que tanto he estado esperando, poder salir a un escenario y demostrar el talento que siempre he tenido en mí y el cual no pude verlo hasta que la unión de varias voces conocidas se mantuvo repitiéndolo y me hizo creer en él.

La canción termina, las chicas se encuentran en su posición final y es mi turno de salir a escena, espero a que regresen todas a tras bambalinas y les sonrío mientras aplaudo, las conozco a cada una de ellas, en verdad lo hicieron muy bien.

El escenario se oscurece y es mi turno de ir a escena, Martín me da un golpe en el hombro y me volteo a verlo. —¿Listo? —Me pregunta y yo asiento la cabeza para luego sujetar con fuerza el micrófono que sostengo en la mano derecha y empiezo a caminar, acercándome cada vez más al punto donde el reflector puede hacer que cada poro de mi piel sea visible.

Lo único que se escucha es el sonido de mis tacones paso a paso llegando, pedí que dejaran el reflector blanco pero las luces del fondo rosadas, solo para una buena estética. Los chicos de staff me acercan un pedestal para posicionar el micrófono, y de esta forma empieza el show.

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