Comienzo

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Narra Liliana. 

Un paso a la izquierda, firme.

   Mis caderas dolían por las horas que llevaban al ritmo de zico, las chicas odiaban que bailara nuestra coreo con any zong de fondo, pero es que quedaba tan bien. El salón gris espejaba mis pasos, mi piel sudada apenas vestía a juego unos leggins y top blanco y negro. La música estaba tan fuerte que mis quejidos se perdían, me veía con la cara seria a los espejos que me rodeaban. Llevaba al menos cinco horas practicando, pero estaba harta. Era a la que más le costaba hacer esa coreografía, Karina había elegido pasos tan difíciles para un ritmo tan rápido como la canción que estábamos por promocionar. Y a pesar de que el baile no era mi fuerte como las demás me esforzaba demasiado, y mi rostro lo reflejaba. 

   La canción acabó y me lancé al suelo, agitada como nunca. Había puesto el reproductor en bucle al menos por una hora y al fin había terminado, y aunque esperaba silencio me sorprendió lo que oí. Fruncí mi ceño, mirando al techo aunque me concentraba en lo que sucedía afuera. 

Gritos. 

   La puerta se abrió de golpe, a lo que me levanté de un salto y vi la cara de susto de Loida, mi compañera de grupo. 

   Jotas eran mis hermanas, mis compañeras. Todas pertenecíamos a un grupo de pop, eramos famosas, sí. Pero no tanto como otros grupos, llevábamos apenas dos álbumes, y pronto sacaríamos el tercero. Eramos Karina, Loida, Rosa, Tiffy, Lin, Andrea, Evelyn, Lily, Mariana, Dulu, y yo. Once chicas que habíamos ganado el concurso de hacía dos años, el que nos llevó a cumplir nuestro sueño de formar un grupo, y poder mostrar nuestros talentos al mundo. JYP nos había acogido, y esa se había vuelto nuestra casa desde el momento en que habíamos sido las elegidas, pasábamos casi la mayor parte de nuestras vidas en el edificio, bailando y creando canciones, además de que vivíamos juntas ahí mismo. La empresa había decidido que con la mudanza al nuevo complejo, cada grupo iba a recibir un departamento, tan grande y lujoso como para que cada una tuviese su cuarto, o compartiera en casos de grupos tan grande, como el nuestro. Nosotras ocupábamos dos por cuarto, excepto Loida que era la suertuda que había sacado por sorteo el cuarto para ella misma. 

   La misma que me miraba con esa cara de preocupación, gritándome como habitualmente hacía, sólo que esta vez sí logró asustarme como nunca tanto lo había hecho. 

ㅡLiliana, tenes que venir a ver esto sí o sí, se jodió todo ㅡexclamó entrando al salón de ensayo, tomándome del brazo para llevarme a los jalones afuera. 

ㅡEsperaaaa, estoy toda sudada, déjame limpiarme ㅡme quejé apenas tomando una toalla que había colgado en el picaporte y por suerte alcancé a agarrar. Limpié mi cuello mientras corríamosㅡ ¿Qué sucedi...

  No alcancé a terminar mi frase, al pararme frente al televisor enorme donde todos miraban la última noticia, esa que en letras rojas me advertía cómo íbamos a pasar los últimos cinco meses sin siquiera saberlo, la que iba a cambiar nuestras vidas de un día al otro. 

   Corea cierra sus fronteras, cuarentena obligatoria. 

EncerradosWhere stories live. Discover now