Temo el olvido. Su silencio agudo y estridente. Quizás simplemente seré eso, un recuerdo olvidado de un tiempo que un día fue, pero ya no más. El tiempo, frágil y susceptible al cambio, latente y vivo como el fuego que con todo a su paso arrasa. El tiempo no espera, avanza y trasciende. Somos ínfimas gotas suspendidas en el vacío de algo inexplicable que se congelan un poco más con cada suspiro del viento, un viento que nos hiela, nos detiene, nos suspende en ese abismo con el que tanto disfruta y juega con nuestras conciencias, que batallan a patadas para huir de esa cuerda floja que en cualquier momento puede quebrarse, deseando ansiosamente encontrar un ancla a la que aferrarse, tierra firme en la que reposar sus pies. Vivimos en la cima de un abismo perpetuo, sabiendo que una simple piedra puede conducirnos a su espiral infinita y vertiginosa. Nos la jugamos a cada paso, vivimos sabiendo que en cualquier momento todo pudo no haber sido nada y caminamos, pese al viento que sopla en nosotros pretendiéndonos arrojar al vacío, pese la tempestad que nos hiela a cada gota de lluvia que se cala en nuestros huesos y los erosiona.
La tragedia nos despierta y nos eleva al heroísmo. El dolor nos construye el castillo del que solo nosotros podremos ser sus reyes. Solo un corazón resignado puede conocer la belleza de existir.
YOU ARE READING
Letras que dan la vida
RandomNo es una historia como tal, sino breves escritos que me identifican. Espero los disfruten :)
