Aequilibrium...

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Me guío por energías, por lo que creo que es correcto o mejor dicho cósmicamente equilibrado. Sigo a mi instinto, de una manera casi ciega porque a lo largo de los años es lo único que no me ha fallado. Todo alrededor nuestro tiene una vibra, se podría decir que la energía le da cierta vida hasta lo inanimado. Si, suena a locura. Pocas personas podrían decir que soy una persona cuerda, pero ¿Quién demonios es cuerdo en este mundo nefasto? Sobre todo ahora.

Vivo, sobrevivo, a mi manera. Encuentro una forma de volcar todas las energías negativas y poder continuar con una vida, en términos de los demás, normal.

Doy largos pasos, en un pasillo enorme que me lleva hasta mi habitación. Todos los días ingreso de esta manera, evitando dar vistazos a los costados; fijando mi mirada a la vieja puerta de madera e iniciando a manera de ritual mi ingreso hacia el lugar donde se supone descanso y encuentro paz. Sé que debo mudarme, sin embargo, por mucho que lo piense o desee, es imposible hacerlo, no ahora. El mundo está sumido en niebla, quizás hasta más densa que la que hay entre esas paredes.

El cuerpo empieza a temblarme. Un escalofrío recorre mi nuca y va impregnándose casi de manera pegajosa en cada parte de mi cuerpo. Primero ahí, luego desciende a través de mi columna vertebral; siento como me abraza y aprieta a nivel de mis costillas hasta luego llegar a mis caderas y luego, de manera más precipitada recorrer mis piernas y fijar mis pies en el piso. Respiro lentamente, es lo mejor que puedes hacer en situaciones así; si permito que el pánico se apodere de mí estaré completamente perdida. No puedo darme ese lujo.

Escucho el fuerte martilleo de mi corazón, como si alguien tocara un bombo en mis orejas. Lo sé, parece una exageración. Vuelvo a enfocarme y le pido a manera de susurro a mis piernas que recobren la movilidad. Para cuando puedo dar un paso, todo de pronto calma. Siempre es así; es una rutina con la que de cierta manera estoy aprendiendo a convivir. El magnetismo de esa puerta aún es muy fuerte.

El piso produce varios chirridos mientras intento dar pisadas firmes y delicadas a la vez. Es de madera vieja y enmohecida, sobre todo en ese par de escalones que uso para ingresar a la habitación. La casa es vieja por donde se vea, el techo está bastante descuidado, que cada cierto trecho encontramos goteras; luego hay que ir e intentar a nuestra manera arreglarlo. De cierta forma, nos estamos acostumbrando o bueno, resignando. Heredamos esta casa hace un par de años de un tío abuelo ermitaño quien pasó sus últimos años sumido en esta vivienda. No sé mucho de él, ni porque entre todos sus familiares decidió dejarle "la casa de campo" a mi padre. Por mucho que me desagrade vivir aquí, es lo mejor que podemos tener ahora; debería incluso decir que somos afortunados.

Hace meses atrás, algunos problemas ambientales se produjeron en diferentes lugares del planeta, nada que no se hubiera visto antes y por lo cual muchos no tomaron importancia al asunto; sin embargo, empezaron hacerse cada vez más frecuentes que de a pocos sumió al mundo en caos y desastre. Terremotos, tsunamis, inundaciones, incendios forestales y todo lo que la naturaleza se le antojó mostrarnos. A los ojos de los religiosos: un apocalipsis. Para los ambientalistas, el cambio climático a causa de la polución mundial y bueno, todas esas cosas que Greenpeace siempre pregona.

Para mí, una mezcla de ambos y un cobro por toda la energía robada a la tierra. Momento de equilibrar la balanza. Lo dije antes, creo mucho en la energía.

Lo peor sucedió hace casi un mes, una serie de terremotos golpeó todo el continente dejando a muchos sin alimentos, casas y estelas interminables de gente muerta o en el mejor de los casos, tan solo mutiladas. Evidentemente los desastres naturales no vinieron solos, los problemas económicos fueron otro de los grandes temas en agenda y a eso agreguémosle las enfermedades que se propagan luego de circunstancias como esta.

AequilibriumWhere stories live. Discover now