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Extraño vuelo

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Se ahogaba. Necesitaba encontrar una orilla pronto, algún modo de salir. Se hallaba solo en medio de aquella poderosa corriente y su habilidad para nadar era poca. Luchó con todas sus fuerzas, hasta que su cuerpo chocó bruscamente contra una gran roca, áspera y filosa, quedando inconsciente.
     Cuando despertó, se encontraba en una orilla amplia y desértica, y su cuerpo no tenía ninguna evidencia de violencia. Estaba sano, descansado y se sentía fuerte. En su mente reconocía una voluntad total y pura, recordándose en sus días de infancia. La claridad y la paz eran palpables, así que se dedicó a explorar el lugar.
     Era temprano, el sol brillaba ardiente acompañado de unas cuantas nubes, tenues y blancas. Observó que aquel terreno empezaba siendo un pequeño desierto, el cual se convertía más adelante en una bella pradera, amplia, larga y levemente ondulada.
     Aquel hombre anduvo durante varias horas, descalzo y semidesnudo, pero no sintió cansancio, ni calor, ni frío, ni sed, ni hambre. Se percató de esto mucho después, aunque en lugar de preocuparse se alegró.
     Pensó que era algún tipo de sueño lúcido, por lo que se imaginó volando. Al instante sintió el viento en su rostro y el paisaje que se ampliaba hacia el horizonte. Voló libremente sobre montañas, planicies, ríos y mares. Dio incluso varias vueltas sobre aquella gran roca esférica, y no encontró a nadie más. Ni una casa, ni un pueblo, mucho menos ciudades, así que quiso posarse sobre la cima del árbol más grande en la montaña más alta, y lo hizo.
     Desde allí divisaba la quietud de aquel mundo inhóspito. Cerró los ojos un momento y respiró profundo. Al abrirlos nuevamente, vio que sus manos se habían convertido en unas alas de plumaje negro y sus pies eran unas patas gruesas, con garras fuertes y muy puntiagudas.
     Miró hacia arriba, pues escuchó el sonido de varios aleteos que se acercaban. Eran varias aves como él que se dirigían al cielo. Entonces sintió felicidad y quiso acompañarlas. Era complicado alcanzarlas, pues volaban de forma rápida, organizada y cooperativa.
Para su sorpresa, cuando salieron de aquel planeta, lo esperaron. Al alcanzarlos, notó como todo se tornaba oscuro y frío, además sintió hambre y sed. Pero la confianza retornó al saberse parte del grupo.
     Siguieron volando a través de un gas denso y oscuro, lleno de pequeñas partículas distantes y muy brillantes. Pasado un rato, observó que se dirigían a otra roca esférica, mas esta era más pequeña y colorida. Se adentraron en ella, y reconoció que un delicioso olor los guiaba. Aceleraron el vuelo, pero antes de aterrizar, planeaban en círculos y espirales alrededor de la fuente de aquella suculenta fragancia. El hambre sería saciada finalmente.
     Aterrizaron en conjunto, disfrutaron del manjar, bebieron lo suficiente y descansaron.
Aún quedaba el último trozo y no quería desperdiciarlo, así que quiso comerlo. Al intentar tragarlo, se atascó y estuvo a punto de atragantarse con él. Lo regurgitó, percatándose de que era una pieza del collar que llevaba antes de ahogarse.

Extraño vueloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora