Capítulo 1.

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Emma.

Lo primero que noté al abrir los ojos fue el espacio vacío a mi lado en la cama. Rode hacia este y puse la nariz en su almohada, olía a él, pero también se sentia frío, lo que significaba que se había levantado hace mucho.

Bostecé y me senté en la cama para buscar mi ropa entre las sábanas. A Daddy le gusta que duerma desnuda así que acostumbraba a quitármela en cuanto nos acostabamos.

Me sonrojé recordando lo que había pasado anoche y toqué mis muñecas instintivamente, aún tenía las marcas de las cuerdas.

Eso iba a gustarle.

Me puse la blusa blanca con un osito dibujada en el centro y debajo de su almohada encontré mis bragas azules de topitos blancos.

Me levanté, arreglé la cama y fui directa al baño a lavarme los dientes y peinarme.

Pense en maquillarme, ya que dormir poco me causaba ojeras, pero si lo hacía iba a molestarse.

Caminé hacia la cocina y lo vi sentado en uno de los banquillos de la isla, con un periodico en una mano y una taza de café en la otra.

Sonrió en cuanto me vió y palmeó su pierna derecha para que me sentara sobre ella. Así que corrí con una sonrisa boba en los labios y en cuanto me senté sobre él, comenzó a darme besos en el cabello y a pegarme a su cuerpo.

—¿Dormiste bien?— susurro en mi oído y me estremecí un poco.

—Si, pero te extrañe al despertar— susurre y el sonrío.

—Tengo que ir a la oficina, me necesitan, por eso me desperté mas temprano.

—¿Que hora es?

—Las ocho— dijo y me beso en los labios.

No se como se las ingenió para sentarme a horcajadas sobre él, de tal manera que quedé aprisionada entre su cuerpo y la encimera. Mis piernas colgaban a sus costados y él masajeaba mis muslos de manera suave.

Gemí cuando su boca pasó a mi cuello y sus manos apretaron mi trasero. Moví mis caderas sobre su erección y sentí como mi sexo se humedecia.

Una de sus manos abandonó mi trasero y vagó por mi abdomen, hasta colarse por debajo de mi blusa. En cuanto apretó uno de mis pechos la humedad y el calor en mi entrepierna aumentó.

Él sonrió cuando comencé a gemir y estuvo a punto de quitarme la camiseta pero lo detuve antes.

—Llegarás tarde— avisé y él bufó.

—No me importa— mordió mi labio inferior pero me quejé.

—Eres el jefe no puedes llegar tarde.

Se separó de mi con brusquedad y me ayudó a bajar de él, en cuanto estuve en el suelo me fije en su erección, y me mordí el labio sonrojada.

Yo quiero...

Pero también note la mancha de humedad sobre estos y me sentí avergonzada. Se notaba mucho, no podia salir asi.

—Lo siento— dije y Mark me miró con confusión, asi que apunté a sus pantalones y esbozó una sonrisa ladeada. —Espera, te busco otros.

Corrí hacia la habitación y rebusqué entre su ropa hasta encontrar unos pantalones similares, sonreí satisfecha y corrí de vuelta a la cocina.

—Gracias pequeña— dijo mientras se quitaba los que tenía puestos con una sonrisa lobuna.

Miré hacia un costado cuando note que su erección no había bajado ni un poco y se notaba mucho.

—¿Quieres ayudarme con esto?— preguntó con voz ronca y yo no dudé en asentir.

Camine hacia él, me puse se rodillas y bajé su ropa interior.

—Debe ser rápido pequeña— dijo antes de giar mi cabeza hacia su pene.

Soltó un gruñido, endemoniadamente sexy, cuando lo llevé a mi boca. Mi cabeza comenzo a moverse, casi que por instinto y mi lengua se movia justo como a él le gustaba. Lo lleve hasta el fondo de mi garganta, sintiendo como la saliva se escurría por los costados de mi boca.

Levanté la vista para observar su rostro, tenía los ojos cerrados y la boca entre abierta, podia escuchar gemidos leves y sin poder evitarlo llevé mi mano a mi sexo.

Él lo notó, y me ofreció una sonrisa antes de poner sus manos a cada lado de mi cabeza y hacer que me moviese más rápido.

Lo llevé hasta el fondo un par de veces más y luego sentí como se corría en mi boca al tiempo que gemia con fuerza y soltaba imroperios, el líquido era un poco amargo pero lo tragué de todos modos mientras me sentaba en el suelo para mirarle.

Respiraba con dificultad y gotas de sudor brillaban en su frente. Me miró y se inclinó hacia adelante para tomar mi mandibula entre sus manos.

—¿La tragaste toda pequeña?— preguntó y yo asentí con la cabeza antes de abrir la boca y sacar la lengua. Mark sonrió complacido. —Buena chica— apremió y me sacudió el cabello.

Se puso los pantalones, una americana negra y me dio un beso en la frente antes de ponerse los espejuelos y tomar el maletin de trabajo.

Salió de casa gritando que me quería y yo estire mis piernas en él suelo. La parte interna de mis muslos estaba mojada y mis bragas eran un desastre. Me levanté y me dirijí al baño para darme una ducha fría.

Necesitaba tocarme un poco, pero desistí y me duché con rapidez. A Mark no le gustaba que me tocase si él no podía mirar, de alguna forma siempre acababa enterandose de que lo hacía, y los castigos no eran de los buenos.

Cuando salí del baño me puse un vestido verde claro, en los delgados tirantes habían florecillas blancas, era ajustado en el pecho pero la falda era holgada y un poco pomposa. Me llegaba a medio muslo.

Decidí no ponerme medias, porque hacía un poco de calor y recogí mi cabello en una coleta baja.

Me tomé una foto para enviarsela mas tarde, y fui hacia la cocina.

Luego de desayunar y limpiar un poco me senté en el sofá con el ordenador y puse música de fondo mientras contestaba a algunos correos.

A pesar de mi apariencia de niña, tengo 21 años, y tengo un trabajo, como profesora de niños en una escuela primaria. Y estaba de vacaciones de verano pero aún así debía atender asuntos del trabajo.

Mark tiene 28 años, y es jefe de una editorial importante. La heredó de su padre, y esté de su padre y asi sucesivamente. Era un negocio familiar, y él lo amaba.

Nos conocímos hace tres años, yo recién entraba a la universidad, pero tenía esperanzas de publicar un libro a pesar de mi poca experiencia. Por cosas del destino acabé en su editorial, y la atracción fue tan inmediata como reciproca.

Daddy's Girl •Terminada•Stories to obsess over. Discover now