treinta y nueve.

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Eh, Megan. Sigo en el partido, ya todos están yendo a sus casas. ¿Por qué no fuiste? (Harry)

Megan. (Harry)

Supongo que no estás conectada, pero estoy triste. (Harry)

Resignado, dejé el celular caer en mis piernas. Me levanté, metiendo el aparato en mi bolsillo y subí por las gradas, tratando de no resbalar por los pequeños charcos que se iban formando debido a la llovizna.

Viajé a la casa de Megan, observando la luna siendo una mancha blanca en el oscuro cielo, poco a poco la luna se iba escondiendo de mi vista. El semáforo se posó en rojo, parándome en medio del camino. Bufé con intranquilidad, moviendo las manos delicadamente. Al final, terminé por llegar a una hora demasiado tarde como para tocar el tiembre de su casa como si fuera normal. Visualicé las luces de su casa alumbrando el vecindario sombrío, fruncí el ceño pensando en que la familia de Megan se suele dormir temprano. Estoy más cerca cuando puedo escuchar los gritos desenfrenados salir de la casa.

"¡Cállate! ¡Nadie te ha metido en esto, Megan! ¡Ve a tu dormitorio!" reconocí la voz de su padre dándole una orden.

"Entonces, ¿por qué? ¡¿Por qué no se divorcian de una maldita vez?!" Megan gritó.

La cortina estaba hecha a un lado, me acerqué y pude estudiar la escena; La señora Clapton llorando silenciosamente, el padre de Megan con el rostro arrugado debido al enfado y mi Megan, Megan estaba frente a su padre, inclinada esperando su respuesta. También pude ser testigo del golpe que su padre le proporcionó en la mejilla.

Me sobresalté al escuchar el chasquido de la palma de su padre chocar fuertemente contra la mejilla rojiza de Megan. Mis ojos se abrieron ampliamente al ver a Megan en el piso, tocando el lugar afectado.

—Espero que te vayas al jodido infierno—lo maldijo Megan antes de correr por las escaleras y desaparecer de mi vista.

Mi rostro palideció al ver aquel acto, me moví hasta ir al otro lado de la casa donde quedaba la habitación de Megan. Trepé ágilmente lo poco que quedaba hasta llegar a su balcón y adentrarme en su habitación, cuestionándome en cuán rápido había logrado todo eso.

"Megan." la llamé con temor.

"¿Harry?" su sollozo rosonó por el otro lado de la cama.

Me acerqué hasta ella, escuchando su llanto silencioso. La acuné en mis brazos, respirando con fuerza.

"¿Estás bien, bebé? Dime que estás bien." pedí en un pequeño lloriqueo.

"No, no estoy bien." habló rompiendo en llanto, afligida.

Cerré los ojos, tratando de desvíar el dolor que sentía.

"Estarás bien. Estoy aquí." prometí.

Tomé su frágil cuerpo y lo metí en la cama, tapándola con sus sábanas. Me acosté a su lado, estudiando sus ojos alumbrados por la única luz que se producía por fuera. Toqué ligeramente su mejilla con unos pequeños puntos de sangre acumulados, incliné mi cabeza y la besé ligeramente.

"Lamento no ir a tu juego." lloró. "Pero papá, él...Él me golpeó, Harry. ¿Por qué me hizo eso? No se supone que los padres golpeen de esa forma a sus hijas. Yo creí que me quería... Yo lo hice, Harry. Tengo miedo." admitió llorando.

La abracé contra mi pecho, sus labios pegados en mi camisa. Besé su cabello reiteradas veces.

"No lo sientas." yo pedí, intentando soportar el dolor por verla de esa manera.

"No puedo estar aquí. Quiero irme, quiero irme con mi tía." rogó, exagerando.

"No, no, no. Estará bien, lo estará. ¿Sabes que te quiero? Lo hago y lo lamento tanto." hablé, mi voz quebrándose a su tiempo.

"Harry," ella lloró nuevamente contra mi pecho "mamá no hizo nada, ella solamente vio."

"Ella tal vez estaba muy asustada." dije, tranquilizando sus sollozos y yo traté de tragarme mis lágrimas.

Besé su mejilla suavemente muchas veces, intentando calmar su dolor.

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