Capitulo 16

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Victoria
Entro a mi casa y me lanzo en el sofá, sin fuerzas para subir las escaleras y llegar hasta a mi habitación, me quedo tumbada boca abajo hasta que una mano fría se posa en mi cuello. 
Doy un salto y mi cabeza chica con la de alguien, veo dos cuerpos en el suelo al lado mío, uno estremeciéndose de risa y uno quejándose de dolor. 
-Imbéciles.-Exclamo enoja cuando reconozco a mis hermanos mayores, Ed se levanta del suelo todavía carcajeándose mientras su pobre hermano gemelo yace en el suelo. Me sobo la cabeza, bien merecido se lo tenía, ojala hubiera sido una reacción en cadena y se hubiera llevado a su hermano con él. 
-Maldita sea Tori.-Murmura Dan sentándose.- Me dejaste mareado. 
-Es culpa tuya.- Replico. 
Me mira con la cejas levantadas y yo encojo los hombros, es culpa suya y lo tiene que aceptar. 
-Tiene razón.- Me apoya Edmund.
Su gemelo lo mira indignado, seguramente fue idea de Ed. 
Mis hermanos mayores son gemelos idénticos, con su cabello castaño oscuro y su ojos verdes no son muy distintos del resto de la familia, más importante no son muy diferentes el uno del otro, solían darle muchos problemas a mi madre y los profesores intercambiándose para los exámenes, citas al doctor y para cualquier cosa que los entretuviera. Eso les duro hasta los trece años, cuando un día estábamos jugando los tres a patear y por accidente se la lancé directamente a la cara a Dan, lo que le dejo una pequeña cicatriz en la ceja. Para la mayoría de la gente pasa desapercibida pero ya no pueden engañar a mama. A sus diecinueve años acaban de aceptar que ya no se pueden intercambiar y no lo han hecho desde que entraron a la universidad, por lo menos que yo sepa.
-¿Puedo saber que hacen acá?-Les pregunto.- Le dijeron a mamá y a papá que iban a salir. 
-Las clases que tenía esta tarde se cancelaron. –Me responde Ed sentándose a mi lado. 
-El baterista de la banda se rompió el brazo.-Me contesta Dan apoyándose en el sillón aún en el suelo.- No vamos a ensayar por un tiempo.
Se miran entre sí y se encojen de hombros, al parecer es una gesto que corre en la familia. Examino a mis hermanos mayores, por lo que se ninguno de los dos ha pasado una experiencia cercana a la muerte, por lo que no serán capaces de ver a Eric, pero siempre cabe la posibilidad de que nos hayan ocultado algo y alguna haya estado a punto de ir al más allá, todo es una posibilidad con estos dos. 
-Podrían aprovechar la tarde para salir.-Les sugiero, solo para estar segura de que nada va a pasar.- ¿No había una película que querían ver?
-¿A caso nos estas corriendo, hermanita?-Me pregunta Dan.
-En lo absoluto.- Le respondo.- Solo quiero que se vayan de aquí. 
-Es lo mismo.-Me dice Ed.- ¿Por qué quieres que nos vayamos? ¿Vas a traer un chico a la casa?
Ruedo los ojos, como si eso fuera una estupidez. 
-Sabes que nunca haría eso.-Es cierto nunca traería a un chico a la casa, por lo menos no a uno vivo.-Solo quiero la casa para mi sola. Ya me había hecho la ilusión. 
Asienten, entendiendo el sentimiento. La casa es bastante grande, al igual que nuestras habitaciones, pero con tres adolescentes y un niño de cinco años, siempre se siente algo llena, tal vez demasiado. 
-Pues lo siento mucho.-Me dice Ed.- Pero no nos vamos a ir. 
Miro a Dan suplicándole con los ojos. Se ríe suavemente y por fin se levanta del piso anunciando:
-Voy a ponerme hielo en la cabeza para que se me vaya el dolor.
-Eres un exagerado, no fue tan fuerte.-Le grito hacia la cocina. 
-A ti no te dolió tanto porque eres una cabeza dura.-Me grita de vuelta. 
-Mentira.-Exclamo.- A ti te dolió porque eres débil. 
-Y dicen que yo soy el inmaduro.-Susurra Ed. 
Me río en voz alta y le lanzo un almohadón del sofá. Todos sabemos que él es el inmaduro. 
Unas cuantas horas después estoy en mi cuarto leyendo tranquilamente cuando escucho un suave golpe en mi puerta. Me levanto de un golpe antes de que pueda tocar más fuerte y no me sorprendo al ver a Eric parado en el pasillo, mis hermanos nunca tocan. Le indico que entre y pongo música en el estéreo a un volumen suficiente para que mis hermanos no escuchen nada. 
Se me queda mirando unos minutos antes de decir:
-Toque la puerta. Como una persona normal. 
Me río suavemente, lo miro rodando los ojos y él me sonríe. Ahí es cuando me doy cuenta de que algo muy parecido a un moretón se está formando en su mandíbula y sus brazos, manos y mejillas están llenas de algo que podría llamar rasguños si no lucieran como si se encontraran vacios, si no pudiera ver directamente a través de ellos hacía la pared de mi habitación. 
-¿Qué te paso?- Susurro confundida. ¿Qué demonios puede herir a un fantasma?
-Tuve un encuentro con Natasha.- Ahí está la respuesta, otro fantasma. 
-¿Qué paso? ¿Cómo te hizo eso? ¿Por qué te pueden herir si no tienes cuerpo? 
-La estuve siguiendo y al parecer no le gusto para nada. Me golpeo, rasguño, e hizo que un florero golpeara mi cara. Los humanos no me pueden herir, solo los fantasmas. ¿Alguna otra pregunta?
Enarco las cejas y me sonríe.
-¿Por qué te pueden herir los fantasmas? ¿Por qué demonios estas tan feliz si te atacaron? ¿Te duele?
-Creo que es porque estamos en el mismo plano de existencia o algo así, pero no te lo podría demostrar científicamente. No lo sé, estoy feliz últimamente. Solo un poco. ¿Podemos tener una conversación normal?-Me pregunta un tanto molesto. 
Le sonrío como disculpa y asiento. 
-Sigo teniendo preguntas.-Le aviso. 
-Y yo te las voy a responder.-Me dice.- Pero una a una.
Inhalo para relajarme un poco. Y decidir que pregunta hacer.
-Tu teoría de estar en un mismo plano tiene sus fallas, porque los fantasmas pueden dañar a los humanos, a parte yo puedo tocarte.-Le digo demostrándoselo pinchándolo en el hombro con el dedo, esta es la primera vez que lo toco y a pesar de que estoy supuestamente tacando ropa, se siente frío e incomodo.-Pero no puedo dañarte.
Esta vez se lo demuestro pasando mi uña bastante fuerte en la mano que no tiene ningún rasguño, pero no le hago. 
-Te dije que era una teoría.
Asiento y me pongo a pensar en todas las preguntas sobre fantasmas que había estado guardando estos días. Hay una en especial que me ha estado aquejando, así que decido preguntarle:
-¿Puedes cruzar paredes?
Se ríe en voz alta ante mi pregunta, al parecer la respuesta es no. Para de reírse y me mira extrañado.
-En realidad.-Dice lentamente.-Nunca lo he intentado. 
Mi boca se abre y niego con la cabeza, eso habría sido la primera cosa que yo hubiera intentado. 
-Hazlo.-Le digo apuntando la puerta de mi baño.-En serio. 
Se para sorprendido pero corre hacía la puerta cerrada de mi baño atravesándola con éxito. Suelto un gritito de sorpresa y me tapo la boca inmediatamente.
-¿Estás bien?-Me grita uno de mis hermanos desde la planta baja.
-Sí.-Le respondo también gritando.-Solo me golpeé el dedo pequeño del pie. 
Escucho una risa pero me deja tranquila.
-No tenía idea de que podía hacer eso.-Murmura Eric saliendo del baño. –Es genial.
-Lo es.-le respondo. 
-¿Con quién estas?-Me pregunta después de unos segundos de silencio. 
-Mis hermanos gemelos están en algún lugar de la casa. Pero no te preocupes, ninguno puede verte. 
Asiente y me pregunta si tengo más preguntas. Me paso dos horas preguntándole cosas de fantasmas. 

Me encuentro en la fila para comprarme un café ese domingo cuando escucho un nombre que hace que levante mi cabeza de manera violenta y pongo atención al cliente que esta frente a mí. No puedo verle la cara pero y su conversación solo es sobre el café que él quiere pero podría jurar que escuche...No debe haber sido nada, simplemente me estoy volviendo paranoico. El cliente toma su café, y miro con cuidado y disimulo como va a la puerta, aire queda atascado en mi garganta cuando me doy cuenta de que el hombre que estaba frente a mí, sí es Michael Stone. 
-¿Hola?-Me llama la chica detrás del mostrador. Saludo a la cara familia y le digo que quiero un café negro. 
No pasa mucho hasta que me da mi pedido y yo puedo salir de la tienda sin que sea sospechoso. Examino el lugar y lo veo doblando una esquina. Ese es el momento en que decido tomar la decisión más estúpida de mí vida y seguir al tipo que estoy segura es un asesino. Me felicito por llegar a niveles de estupidez inalcanzados anteriormente por la raza humana y camino lentamente y sin llamar la atención al mismo lugar al que va Michael.
Lo sigo por una rato escondiéndome entre la gente, tal como él lo hace, hasta que llega a un edificio elegante casi saliendo de la ciudad, por suerte la calle donde está el edificio se encuentra lleno de gente y puedo verlo sin que él me vea por el espacio formado entre una mujer no más alta que yo y un hombre muy alto. Lo veo entrar al edificio, pero no me acerco hasta que el hombre al que he seguido por casi una hora desaparezca en el ascensor. Al llegar al frente del edificio puedo ver una placa dorada encima de la puerta que tiene “Barton & Jones” escrito en letras grandes arriba de “Asesoría Legal”. Escribo el nombre en mi teléfono y me voy lo más rápido posible. Hay muchas razones por las que una persona puede necesitar un abogado. Pero me pregunto si alguna de estas tendrá algo que ver con su instinto asesino. 
El nombre me suena vagamente familiar pero no puedo recordar de donde, aún así, algo me dice que es importante.

Tormentos Del PasadoWhere stories live. Discover now