Capitulo 1.

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Un frío diciembre empezaba a despedirse por esos días. El clima en Madrid no había sido tan malo pero algo agobiante había en el aire, tal vez era porque hace poco había empezado a divorciarse de su maltratador personal y tener que verlo de nuevo le hacia sentir vulnerable, aunque estuviera acompañada. Raquel no aguantaba más, podría jurar que se quedaría tirada a media comisaría, estaba agotada, abrumada, fastidiada de todo pero por suerte el 27 de diciembre estaba llegando y nada impediría que pasara unos días de puta madre en Fuerteventura, aunque estuviera rodeada de sus colegas como siempre. Nunca solían hacer algo así, pero por suerte le había venido cuando lo necesitaba.

Alicia deseaba estar ya en camino a la paradisiaca isla y alejarse de aquella casa que tan aburrida la tenía. Le vendría bien irse de fiesta, beber y echar un polvazo con alguien que no vuelva a ver en su vida, y claro probar todos los postres que le quepan. Sabía que se lo merecía, un año más siendo la reina de las hijas de puta, metiendo a los malos en su sitio y manteniendo a toda la comisaría entre las mejores del país. Pero había algo con lo que no podía dejar de rayarse la cabeza: ¿la vería a ella? Puede ser que no lo reconociera pero aún la recordaba y de vez en cuando se preguntaba si Raquel aún la odiaba o si sentía un poco de lo de antes como ella. Pero no permitiría que le jodiera la vida de nuevo y si la encontrara en Fuerteventura su extrema personalidad se la llevaría por delante.

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La noche se despidió de Madrid al igual que muchos policías de sus casas, pero el sueño no dejaba a Raquel, su despertador no había sonado y ella seguía en la cama perdiendo el autobús al aeropuerto. Apresurados pasos sonaron por su habitación y resonaba la dulce voz de Paula diciendo "mamá" con desespero. Fue hasta que Paula saltó sobre su cama y la despertó que se percató de que era tarde.

Tomó su móvil de la mesilla junto a su cama y vio las 17 llamadas de Ángel que no había cogido y leyó los infinitos mensajes diciendo que perdería el vuelo, era una pena que no los había podido leer hace una hora cuando Ángel los acababa de enviar.

Raquel dio un salto en la cama y se vistió con lo primero que encontró en su closet tomó sus maletas y se despidió de su hija y de su madre para luego montarse en un taxi al aeropuerto, con suerte encontraría un vuelo disponible y llegaría un poco más tarde que sus compañeros pero definitivamente esos tres días no podía pasarlos encerrada en casa.

Quien diría que dos horas se harían tan largas en un avión, pero así había sido para Raquel había sido un alivio por fin llegar al hotel, ver tanta maravilla y comodidad la hizo respirar con tranquilidad y por un segundo vaciar su mente de todo y de todos, pero aquello acabó rápido, la voz de Ángel la hizo regresar al mundo y no es que le molestara, le alegraba verlo allá después de todo era el único que le creía todo lo que había hecho su ex marido.

- Raquel, me alegra verte por fin - sonrió y extendió los brazos para darle un abrazo que Raquel recibió. - Pensaba que no venías.

- No podía perderme menudas vacaciones... pero ha sido una vergüenza perder el vuelo y llegar tarde. - hizo un gesto apenada.

- Bueno... no eres la única que ha llegado tarde - miró sugerente a la recepción.

Raquel dio media vuelta y la miró allí, ese inconfundible cabello pelirrojo recogido en una coleta, un jersey de manga larga que no se quitaba aunque muriera de calor y un chupa-chups en la mano. Definitivamente era ella, Alicia, con su sola presencia creando un vuelco de emociones y echando a perder todos sus planes.

- Joder - rodó los ojos y volvió su mirada al sub inspector - ¿que coño hace esta aquí?

- Se lo ha ganado por mantener casi sin ayuda a toda la comisaría, pero el que esté aquí no es lo único malo, puede ser que tengáis que... compartir... habitación. - musitó con miedo a la reacción de Raquel.

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