Había una vez un zoológico, esos típicos zoológicos de cuento. Con las rejas pintaditas, los animales bien bonitos y regordetes. Tenía parques verdes y floridos; y hasta un señor con su carrito que vendía riquísimo pururú y manzanas con caramelo.
En ese típico zoológico de cuento, vivían los típicos animales de cuento: el león, todo melenudo y buen mozo; el gorila, bien fuerte y malhumorado; las hienas, con dientes chuecos y chistosas; la jirafa, alta, bien alta y refinada; el elefante, lento, gigantón y trompudo; un par de pingüinos y elefantes marinos que hacen shows de acrobacias con aros y pelotas; pajaritos cantores; cebras con rayas perfectas; víboras, serpientes, tortugas y algunos animales más. Todos típicos de cuentos, todos bellos, felices y relucientes.
Como era de suponerse, no podía faltar el guardia del zoo; típico guardia de zoo de cuento. Un buen señor que se encargaba del cuidado de todos los animales y de que las visitas transiten en paz y con alegría dentro del predio. Este buen señor, además de ser un excelente guardia para el zoológico, era un excelente amigo para los animales. Siempre les daba su alimento en hora para que no sufrieran hambre, los mojaba cuando hacía calor y los mantenía al resguardo del frío. Se encargaba de cuidar a las crías pequeñas como si fuesen sus propios hijos y mimar a los animales ancianos como si fuesen sus propios abuelitos; al fin y al cabo había compartido casi toda su vida con ellos. Era el guardia perfecto. Pero, tenía un sólo problemita.
Al él se le olvidaba, cada dos por tres, cerrar bien las jaulas. Entonces, cada tanto, el gorila andaba subido en el trencito del paseo, comiendo pururú y silbando las canciones infantiles que acompañan el recorrido. O de repente, las hienas se robaban la comida de los visitantes y hacían un picnic en el parquecito al lado de la fuente. Sucedía también, que al salir del baño podías encontrarte con el león peinándose frente al espejo, sin dejar de mirarse y hacer caras presumidas mientras desenredaba su melena con un peine de palo de palmera. También los pajaritos se juntaban a la orilla del acuario y hacían karaoke con los delfines. Todos se divertían muchísimo con el olvido del guardia, andaban de aquí hacia allá, se vinculaban entre ellos. Sobre todo, estos paseos fuera de las jaulas, hacían que sus vidas fuesen más alegres. Pero en medio de tanta felicidad había otro problema.
El elefante y la jirafa nunca podían escarparse sin ser descubiertos. Él es taaan lento, que desde que descubre la reja abierta, hasta que logra llegar a la puerta e intenta salir, de seguro pasan como dos horas y el guardia lo descubre. Y ella es taaan alta que cada vez que intenta escabullirse se enreda las orejas y el cuello con los cables de luz o con los carteles de publicidad, sin poder avanzar.
Es por eso que siempre se HS.pierden la diversión. El elefante quisiera salir e ir a visitar al elefante marino, su primo lejano; porque lo extraña y quiere ir a preguntarle por su abuelita. Quisiera comprarse una cajita de maníes en el carrito del vendedor, porque lleva años viéndolo pasar y deseando probarlos. También quisiera hacer alguna que otra travesura, como mojar a las panteras, porque siempre asustan a los niños. La jirafa, menos ambiciosa, sólo quiere sentarse en la colina a ver el atardecer; le encantaría al menos una vez en su vida poder presenciar ese momento. Desde que nació está siempre en la misma jaula, nunca puede ver más que el sol pasar por sobre su cabeza desde las dos hasta las cinco de la tarde. Y ella intuye que debe ser maravilloso ya que lo ha visto miles de veces en las fotos de las publicidades con las que se choca la cara cada vez que intenta escapar.
Resulta entonces, que las serpientes de cascabel -las que tampoco pueden irse muy lejos cuando escapan, por su ruidito y porque el grito espantado que provocan en la gente - han diseñado un plan estupendo. Deben hablar con cada uno de los animales del zoo para lograr su cometido y así poder darles la oportunidad de tener una escapadita al viejo elefante y a la buena jirafa. Y porqué no, a ellas mismas.
CONTINÚA MAÑANA A LAS 19HS
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Un zoo de cuento y un cuento de zoo
AdventureDisfruten esta maravillosa historia, llena de disparates y animales divertidos. Para compartir en familia. Todos los días a las 19hs una nueva parte para entretenerse y compartir en familia.
