Introspección hacia ese amor espontáneo que nace de la nada, de un segundo para otro. Ese que le da un giro vertiginoso a todo tu mundo interior, sacudiéndolo de pies a cabeza.
Reflexión hacia ese amor sensible y fácil al que no te importa entregart...
Reto propuesto por yani_py. Prometí que lo haría y aquí lo tienes, espero que lo que encuentres te guste ^^
Había regresado a su modesto apartamento situado en uno de los barrios más decentes de la periferia, había puesto cualquier música y tras haber hecho los calentamientos adecuados comenzó a bailar, dejándose envolver por el ritmo, por las voces... por el conjunto armonioso.
Bailaba a oscuras, sin más luz que la que entraba por la ventana del salón, esa luz anaranjada que se entremezclaba con el blanco lunar, haciendo que el suelo brillara. Daba vueltas líricas rodando por toda la estancia, y cuando sintió que podría alcanzar el cielo con sus dedos... se desplomó. Aquella canción que había comenzado a sonar la desestabilizó, y no es que significara nada para ella, pero eran los versos a juego con la voz desgarrada del cantante los que hicieron que se sumiera en ese pozo que no cesaba en tratar de engullirla porque le recordaban que había perdido meses de su vida al dejar que un impresentable hiciera con ella lo que le viniera en gana.
Quedó tendida en el suelo con los brazos abiertos como las alas de un ángel, intentando apaciguar la furia creciente en su pecho, ese dolor punzante que no la dejaba respirar. Porque ya no sentía nada por él, pero seguía teniendo esa espina clavada y necesitaba deshacerse de ella para volver a respirar libertad.
—Tengo que salir de aquí.
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Pasaba la media noche y, una vez más, los problemas la llamaban como un eco.
Deambulaba sin ton ni son por las amplias y solitarias calles de la ciudad. Las tenues luces de las farolas no invitaban a perderse en la noche y dejarse caer en malos lugares, pero tal parecía que estaba en su naturaleza.
Con la mente en blanco dejó que su vista se perdiera en un cartel de luces parpadeantes al fondo de un oscuro y estrecho callejón. No tuvo ni que pensárselo porque sus pies ya habían tomado voluntad propia, y cuando se dio cuenta ya se estaba adentrando en la boca del lobo.
Era uno de esos lugares donde los pies se te pegan al suelo, donde el humo es denso y se fusiona con la poca luz de los focos haciendo que haya menor visibilidad, donde la música decadente suena de fondo y donde la gente te observa con recelo porque no eres un cliente habitual... Donde el peligro se respira en el aliento de todo ser viviente.
Como un autómata se dirigió hacia la barra y se sentó en el taburete, a la espera de que el barman la atendiera.
Mientras, ni siquiera se percató de que cierto hombre la observaba al detalle con sus ojos chispeantes, dejando entrever algo similar al orgullo herido. ¿Cómo se atrevía esa insolente a dejarle plantado? Era él quien hacía y deshacía a su antojo, y ahora, después de varios meses sin haberle visto el pelo ni recibir una miserable llamada suya el resentimiento hacía mella en su ego.