La cara de los rumanos lo decía todo. No se esperaban nuestra aparición en escena. Se miraron el uno al otro, volvieron la vista hacia nuestro bando con un rechinamiento de dientes, y Stefan lanzó un escupitajo al suelo, mostrándonos su opinión.
Vale, los Vulturis no eran las hermanitas de la caridad, precisamente, ¿pero a qué venían esas quejas y ese desprecio? Ellos habían secuestrado a Renée para chantajear a Bella y a los otros, y, encima, les habían hipnotizado con algún tipo de truco. Para mí no se diferenciaban mucho de las otras momias.
Eso hizo que me fijase más en Bella, Edward, Alice y Jasper y que me preguntase cómo harían esos rumanos para hipnotizarles, porque no parecía un conjuro. Cuando Nessie había estado hechizada, su cuerpo estaba envuelto con aquella telaraña, en cambio, ellos no tenían nada que les oprimiese o envolviese, no había nada que me indicase que estaban bajo la influencia de un hechizo.
Lo que sí había era un ambiente muy raro. No sé lo que era, pero algo realmente maligno flotaba en el aire, podía sentirlo, mi instinto de Gran Lobo me lo decía, y me ponía los pelos de punta. Bueno, vale, lo de los gigantes no se quedaba atrás, pero, por increíble que pareciese, esto lo superaba, era algo espeluznante. Esa maldad procedía del centro de la formación. No podía verla, pero sí que sentía cómo emanaba del núcleo de ese rectángulo de chupasangres y se extendía por todas partes.
Agucé la vista y traté de adivinar quién era el culpable de ese sentimiento escalofriante, pero todas las sanguijuelas eran más o menos iguales, y, encima, también vestían esas capas que parecían estar muy de moda entre los chupasangres, sólo que, en vez de usar una escala de grises que se iban oscureciendo hasta el negro absoluto, estas nacían de un color malva claro y también se iban volviendo más oscuras, hasta que llegaban al negro de Vladimir y Stefan. Sí, no podía ver quién producía ese ambiente maléfico, esas capuchas me impedían verles los asquerosos semblantes a todos, pero sí que veía sus almas. Todas eran tan malvas como sus ropajes, sin embargo, justo en el centro de la formación, ese malva era más intenso y oscuro. Mi instinto no me engañaba. Esa maldad provenía de ahí.
Mi vista regresó a los Cullen del otro bando. Bella extendía su impresionante escudo por delante de la primera fila de la formación, esa fina y elástica capa de acero líquido que chispeaba en el núcleo. Maldita sea. Esos malnacidos estaban bajo su total protección. Pero a Edward también le tenían trabajando. De su cabeza salían sus ondas de color plateado, casi transparente, que me recordaban a las de las antenas parabólicas. Esas ondas eran emitidas a una velocidad muy rápida, y se dispersaban por todas partes, llegando a alcanzar varios kilómetros a la redonda. Era bastante increíble, la verdad, tenía que reconocérselo. Así que Edward podía escanear todas las mentes que le rodeaban, hasta las de todos esos vampiros que tenía a su alrededor. Y nosotros no éramos una excepción. Seguramente ya podía ver cada uno de nuestros pensamientos desde hacía un buen rato.
De momento tenía que cumplir con mi parte del trato, así que extendí mi círculo brillante de modo que nos cubriera a todos, incluidos esos viejos decrépitos y su chusma de guardia, para mi desgracia, y las ondas que se dirigían a nosotros se deshicieron tan sólo al roce con mi barrera. Ahora Edward no podía leernos la mente.
Mi barrera no hacía falta con Alice, ya que, aunque quisieran, ella no podría ver nada del futuro, con nosotros por el medio. Quizá por eso Alice no estaba usando su don, era una pérdida de tiempo. Jasper también estaba reservado, puede que lo dejasen por si las cosas se ponían más feas.
Los fósiles y sus matones caminaban con ese paso cadencioso y desesperante. Sí, lo era. Nosotros estábamos acostumbrados a otra clase de ataques, y esto de dar un pasito y pararse, otro pasito y pararse, otro pasito y pararse, nos ponía del hígado. Paul estaba apunto de estallar, y Sam calmaba sus ánimos y los del resto. Todos esos chupasangres seguían el mismo ritmo, avanzando a la vez, con una marcha sobria y aburrida. Sus pies parecía que flotasen, no hacían el más mínimo ruido al contacto con la verde hierba, y todas esas capas que vestían, juntas formaban un manto que, a vista de pájaro, se extendía sobre la pradera como si de una ligera y vaporosa tela se tratase. Podía imaginármela ondeando sobre el prado, deslizándose, avanzando lentamente con el único impulso de un suave soplido.
YOU ARE READING
JACOB Y NESSIE NUEVA ERA II (Comienzo 1° parte)
FanfictionEste libro está registrado en Save Creative para evitar posibles plagios. Todos los derechos están reservados a Tamara Gutiérrez Pardo, la mala utilización de los mismos por parte de otras personas podría ser objeto de sanción y/o delito. No. Regist...
