Prologo

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Una boda mágica con la que alguna vez toda mujer soñó en su vida, con su amado príncipe azul que siempre está ahí para ella, una boda donde ella es la mujer mas hermosa de todo el mundo y que su belleza no tiene igual.

Amelia Dankworth, duquesa de inglaterra en esos momentos vivía su más grande sueño, una boda con su amor desde pequeña, en la iglesia más bella y representante de su poder y riquezas, vistiendo un hermoso vestido de novia de seda blanca, con toda la gente del pueblo mirando. Amelia no cabía de la enorme felicidad que se cargaba en su pecho, una enorme felicidad al ver al final del pasillo y frente al altar vestido elegantemente con un traje negro a Felipe Evenson su amor de toda la vida y a partir de ese momento para toda la vida.

La boda paso mas rápido de lo que todos creían llegando así al momento de los votos.

- Yo, Felipe Evenson juro amarte y respetarte en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte nos separe- si bien las palabras parecían dichas con todo el amor del mundo los ojos de Felipe no representaban aquello, pero eso nadie lo notó, ni siquiera Amelia quien en todo ese momento no dejo de verlo a los ojos.

- Yo, Amelia Dankworth juro amarte y respetarte a ti y solo a ti, en la salud y la enfermedad, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte nos separe.- repitió lo más rápido pero entendible posible.

- En ese caso yo los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia- declaro el sacerdote dando por finalizada la unión de ambas personas, de las cuales los sentimientos amorosos no eran correspondidos y eso lo sabían más que bien unos cuantos invitados y el sacerdote mismo, quienes rogaban a dios que hiciera que Amelia se diera cuenta del enorme error que estaba cometiendo y darle la verdadera felicidad a esos dos seres.

El beso fue un beso rápido simplemente sin sentimientos, sin pasión pero igualmente Amelia no lo notó.

Al salir de la iglesia instantáneamente llegó la lluvia de arroz junto con las felicitaciones de los invitados. Entre tantas felicitaciones nadie noto el cambio de ambiente, mas el anillo que cayó en el sucio piso de piedra representando así la ruptura de todo compromiso hecho y que palabras que antes se creían verdaderas solo quedarían como mentiras.

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