El dolor en su boca era insoportable y por su mente solo podía pasar la constante pregunta tal vez ya cientos de veces repetida ¿Por qué no había nacido siendo humana? Otro golpe le llegó de llenó a la cara, pero esta vez logro cubrirse con sus brazos. Odiaba tener que ser sujeto de prueba y aún más odiaba a Dorian, el presidente no solo del Olimpo sino también del inframundo quién parecía haber desarrollado el mayor odio posible hacia los pertenecientes a la raza de animides, hacia ella.
Dorian observaba desde un gran ventanal como era golpeada por uno de sus guardias, miro sobre todo las cicatrices de sus brazos pero no dijo nada, a su lado estaba Christopher con las manos metidas en los bolsillos de aquel elegante traje gris, su cabello pelirrojo y el anillo gris plata sobre una de sus manos apoyadas sutilmente sobre el barandal u cuya inicial no era la de su nombre, sino otra que en aquel momento para él tuvo un extraño y retorcido significado que lo hizo girar la mirada rápidamente hacia el campo de entrenamiento.
—Es buena. —Dijo él.
—Pero no lo suficiente. —Argumentó Chris quitando las manos del barandal y caminando apenas un paso a la izquierda para ver a la otra niña. Dorian bajó al pie de los escalones en dónde la vió aún más de cerca.
El cabello negro de Artemis cayo sobre su rostro empapado de sudor, a este punto la respiración le faltaba, mientras que el hombre frente a ella permanecía intacto, o eso quería aparentar. Una profunda respiración de aquel soldado hizo dilatar su mirada; sacando a flote el instinto asesino que en ocasiones le costaba controlar. Salto sobre el como un animal salvaje para luego azotar su cabeza contra el suelo dejándole inconsciente. Lo tomo de la camiseta y comenzó a arrastrarlo por el suelo, hasta encontrarse de frente con Dorian apenas separados por una capa de vidrio, pero eso era perfecto puesto que así vería a detalle como moriría aquel hombre. Lo arrojó sin piedad con la fuerza necesaria para terminar con su vida. El cráneo del hombre quedó abierto a medias, dejando una mancha de sangre que deslizó por el cristal. Ambas miradas se encontraron una más enojada que la otra, todo ese coraje dividido por un cristal impenetrable.
—¡No puedes tenerme aquí por siempre! —Se río sarcástica. — ¡Voy a quemar este maldito lugar!
El cristal no permitió que el sonido pasará de un extremo a el otro.
Despertó confundida. Las suaves mantas la cubrían hasta el cuello y una calidez extraña la invadía; se levantó de golpe intentando abrir la puerta de la habitación, su ropa de nuevo era blanca y sus manos estaban cubiertas de vendas aunque sabía que sus heridas ya deberían de haber sanado. El suelo de la habitación estaba frío, así que busco sus tenis y se los puso. Era la ropa con la que siempre los llevaban a la biblioteca.
—Debemos administrar el medicamentoso lo más pronto posible, antes de que despierte. —Dijo la vieja voz del doctor Hastimyer.
—Señor Hast. —Pronunció agitado mientras un chirriante sonido salía de sus zapatos.
—¿Qué pasa Constantine?
—Un paciente del fragmento 8 despertó antes de tiempo.
—¿Qué paciente?
—Aidan.
Artemis recorrió la habitación durante algunos segundos más, cuando algo dentro de su mente hizo clic, rompió el cerrojo con avidez y se apresuró a caminar por el pasillo hasta que entró a la zona de niños pequeños, todas las puertas estaban cerradas, a excepción de una.
Unos gritos desgarradores llegaron a sus oídos, y se apresuró a correr hasta el fondo, la puerta estaba resquebrajada; se asomó por uno de los agujeros que se habían formado rejilla, encontró una turbia mirada inyectada en sangre seguida de otro gritó desgarrador.
—Ayúdame, por favor tienes que ayudarme, sácame de aquí por favor. —Instintivamente retrocedió, la puerta por si sola parecía impenetrable, necesitaba una tarjeta. —Sácame de aquí, ¡Sácame!
—Artemis. —Escuchó casi en un susurro, pero los gritos desesperados de la mujer no la dejaban escuchar nada más.
—Bien, lo haré si se calla por un maldito segundo. —La mujer siguió hablando.
—¿Dónde estás?
—¿Quieres al niño? — Ella sonrió mientras se movía desesperada por encontrarlo. —Yo tengo al niño, te lo daré si me sacas de aquí, date prisa solo somos 3 aquí adentro, y ya casi termina con ella.
Rompió la cerradura de la puerta, está soltó un chirrido estridente y el corto en la electricidad fue tan evidente que las luces se encendieron y se apagaron un par de veces antes de que la puerta pudiera abrirse por completo.
Continuará...
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Artemis
Science Fiction¿Qué harías si te encuentras en una maraña de mentiras y misterios cuyo único Dios del Olimpo en realidad no es más que un simple mortal? Si te encuentras dividida entre las manos de la obscuridad y de la luz, al borde de desatar la ira y el fuego d...
