Y cuando menos esperaba el rose de la ceniza de su alma,
en un mar de sueños, logre abrigar su mirada.
Aprecie su camino sin descuidar el mio, marchito el olvido,
y sin precio aviso, apareció el alivio.
Lo desee tanto como el volver a nacer,
de noche en noche, el cielo negro conservo su esencia a melancolía, y yo de ella bebía.
Camine sin respiro, en el cielo sumergido solo sin tu abrigo,
era contigo o sin ti, se marcho en su vientre, que tan solo le llore.
La mil lágrimas marchite, ni tu rostro logre ver,
y regrese, tan sólo fue un escape del pequeño al mundo de la vejez.
