Perdón.
Perdóname por haberte privado de tu vida tantas veces.
Perdóname por no creer en ti, por repetirte continuamente que no vales para nada. Discúlpame por no dejarte dormir tantas noches, por forzarte a llorar cada vez que algo no me convenía a mi. Por exigirte más de lo que pudiste darme, por no pensar en ti ni un momento, por dejar que me afecte lo que los demás digan. Perdón por obligarte a adelgazar, por undirte conmigo, por hacer que te pierdas cuando yo no me encontraba.
Siento cortar tus muñecas cada vez que me sentía solo. Siento avergonzarme de tu reflejo cada vez que te veía en el espejo, de destrozar tus nudillos contra los muros cuando perdía los nervios, de desgarrar tu garganta con cada grito de madrugada.
Querido yo, siento tanto por todo lo que te hice pasar que lo único con lo que podía agradecerte es regalarte tu propia vida.
—Mh.
