Hacia frío, y su cuerpo estaba totalmente entumecido. Llevaba ya un buen rato sentado en esa piedra junto al acantilado. Las olas no paraban de chocar contra las rocas melladas por la furia del mar y pequeñas gotas de agua elevadas por el viento danzaban en el aire y aterrizaban sobre su piel.
- Siéntate aquí- Le dijo su maestro - Siente cada gota de agua posándose en tu cuerpo. Libera tu mente.
Allí se quedó, durante lo que a él le pareció que fueron días enteros.
A Sargan se le escapó media sonrisa al evocar ese recuerdo. Al fin y al cabo la situación actual se le parecía bastante. Hacía ya casi dos semanas que su hermana Tanna y él se habían embarcado en ese trozo de madera carcomida que aquel miserable vendedor llamó "el mejor y mas rápido barco del puerto". El precio que pagaron no coincidía con ese título.
La lluvia no había parado en dos días y el viento helado penetraba en las ropas húmedas de los apesadumbrados viajeros.
Ellos eran de Terra, el país más occidental del continente. Con el mar a un lado y extensas zonas de cultivo al otro, Terra era un país próspero y rico en comercio, un lugar idílico en donde vivir. No estuvo exento de guerras, por supuesto. Fueron unas tierras codiciadas por numerosos bandos, pero hacía ya más de doscientos años de las últimas contiendas.
Empezaron el viaje en parte como un reto entre hermanos, alentados por las historias que contaban sus antiguos maestros sobre las tierras de Ensis, una gran isla situada al oeste, lugar al que se dirigían ahora.
Contaba la leyenda que un ser arcano, ni bestia ni hombre, emergió hacía miles de años de las profundas aguas que separan Ensis de las tierras de occidente. Era tal su poder, que emanaba una luz azul brillante de su cuerpo; Energía pura. Cuentan que entonces la tierra era árida, sin vegetación y que a cada paso que ese ser daba brotaban briznas de hierba que al poco se convertían en arbustos y luego en arboles. Se dice que casi todas las plantas conocidas fueron creadas por él.
Sargan recordaba a su maestro contando la historia del origen de la magia, a media luz, junto al fuego de una chimenea. Así sonaban sus palabras...
"Cuándo llegó su hora, miró atrás y vio la belleza que había creado. Triste por no tener a nadie que pudiera heredar su poder, paso sus últimos días de vida concentrándolo en pequeñas gemas que después esparciría por todo Ensis. Pocas de esas gemas se han encontrado y no todas se han usado para hacer el bien."
Según se sabía, hasta la fecha, sólo nueve gemas se habían encontrado. Los maestros de los dos hermanos descendían de los magos que descubrieron las primeras hacía ya más de un siglo y medio.
Fue Tanna la que insistió en que tenían que embarcarse en esta aventura. Siempre estaba buscando atajos. Las lecciones que les imponían sus mentores le resultaban tediosas y de lentos resultados. De pelo rubio, largo y ondulado y de ojos verde claro, los chicos de la academia consideraban que era una de las más guapas, pero su indiferencia hacia ellos y su genio, mas bien fuerte, los mantenía distantes. A ella le encantaba el campo. Siempre estaba dispuesta para salir y explorar. Por el contrario, Sargan prefería la comodidad de la academia. Con pelo castaño, corto, como recomendaban con vehemencia en la academia a todos los chicos, a Tanna le recordaba mucho a su padre, e incluso los profesores se lo habían dicho alguna vez. Sus ojos color verde gris cambiaban ligeramente su tonalidad con su estado de ánimo. Para quien lo conocía, como su hermana, era como un libro abierto en cuanto a sus emociones. Con casi un metro ochenta de alto no pasaba desapercibido, aunque pasaba mucho tiempo estudiando y practicando hechizos de forma metódica. Solía pasar horas y horas en la biblioteca devorando libros de cualquier tipo, aunque se tomaba con más tiempo los textos que mencionaban criaturas y seres fantásticos, haciéndole perder la noción del tiempo. En muchas ocasiones había llegado tarde a las comidas o a las cenas por quedarse abstraído, sumergido entre papel y tinta.
Ahora mismo daría cualquier cosa con tal de no estar pegado al timón mojado de ese barco. Los pocos hechizos de magia que habían aprendido hasta ahora, prácticamente todos eran burdos trucos orientados a facilitar las tareas de la academia. Aunque allí les habían servido en gran medida, aquí no iban a ser de mucha ayuda. Los magos vestían un tipo de abrigo ajustado que llegaba hasta las caderas, modificado para poder quitarle las mangas cuando hacía más calor, o para que fuera más cómodo a la hora de practicar hechizos. Ahora mismo, las mangas no bastaban contra el intenso frío.
Tanna se acercó a Sargan y se recostó en las cajas que guardaban las pocas provisiones que les quedaban. Su pelo rubio se escapaba de la protección de su capucha y varios mechones ondeaban al viento desbocados.
- ¡Maldita lluvia! - se quejó - ¿es que no va a parar nunca?
Sargan alzó la vista un momento y volvió a mirar el horizonte buscando algo que no fuera cielo o agua.
- Eras tú la que se empeñó en empezar la travesía. Sabias que no iba a ser fácil. De todas formas ya no puede quedar mucho - movió un poco los pies entumecidos, o creyó haberlo hecho, ya que hacía un buen rato que había dejado de sentirlos - Según los mapas llevamos el rumbo correcto, aunque con este tiempo es difícil asegurarlo.
- Dame. - le dijo ella - Déjame el timón y come algo.- Sargan no discutió. Cogió un poco de pan rancio y empezó a comer sin muchas ganas.
- Al menos no hemos encontrado más de esas bestias marinas - dijo Sargan - No creo que ésta tartana aguantara otro asalto.
Éste viaje no solo era peligroso por la lluvia y el viento incesantes. Este trozo de mar, al que llamaban las aguas malditas, las habitaban krakens y otras bestias marinas poco amistosas. El primer ataque que sufrieron los pilló por sorpresa, aún estando prevenidos por las historias que habían leído y les contaron sus maestros. En el lado de estribor ahora faltaban dos metros de barandilla. Tuvieron suerte de que el ataque no perforara el barco. Los dos ataques siguientes pudieron esquivarlos usando el Rupta navitas, un hechizo creado para aturdir y paralizar a un oponente - Ningún maestro es mejor que la vida misma - Comentó Sargan después del ataque.
Cuando parecía que este día iba a terminar triste y frío como los demás, el tiempo comenzó a cambiar. Dejó de llover y se apartaron las nubes para que penetrara la luz. El sol estaba bajo, a punto de fundirse en el mar. Después de tantos días sin apenas ver la luz Sargan sentía que los ojos le escocían, aunque la agradable sensación del sol en su piel mitigaba ese dolor. Al poco rato le embargó una sensación de alivio. Miró a su hermana que estaba sujetando el timón con una sola mano disfrutando de los rayos del sol y vio que también ella había sentido lo mismo. Esa noche por fin dormirían bien.
El día siguiente empezó tranquilo. Ya no había nubes, pero estas fueron reemplazadas por una espesa niebla que dejaba ver apenas cinco brazas más allá de la proa del barco. Así como iba elevándose el sol, la niebla se volvía menos densa y dejaba ver algunos brillos en el agua que ahora parecía una plancha de cobre pulido. Sargan había estado al cargo del timón las últimas horas de la noche. Tanna, que había disfrutado de unas horas de sueño bien merecidas, se despertó y se dirigió hacia su hermano. Pequeñas gotas de rocío adornaban el pelo de Sargan y brillaban con un color anaranjado.
- Buenos días Sargan - le saludó medio bostezando - ¿Alguna novedad?
- Nada. La más absoluta calma. No es que añore la lluvia y el viento, pero tanta tranquilidad... Apenas podía mantenerme despierto.
De pronto Tanna puso la mano sobre el brazo de su hermano y señaló delante, hacia la niebla.
- ¿Qué es eso? - le dijo con tono asustado.
Sargan entorno los ojos escrutando la niebla en busca de algo fuera de lo normal. Cuando lo vio, se le erizaron todos los pelos del cuerpo. ¡Unas garras enormes salían del mar apuntando al cielo y su barco estaba a punto de pasar justo por en medio de ellas!. Con la débil brisa que soplaba no había tiempo para cambiar el rumbo. ¡Esas terribles garras los destrozaría en segundos!.
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Ensis, El origen de la magia
FantasySargan y su hermana, Tanna, se aventuran en la isla de Ensis en busca de las gemas mágicas; las preciadas piedras de las cuales los magos consiguen su poder. Pero encontrarlas no será tarea fácil. Se verán envueltos en una guerra entre humanos y dra...
