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Muchas personas dicen no debes confiar en la gente de Internet. Que los sitios online para buscar pareja son un fiasco. Que todas las relaciones que inician como un "match" en tu teléfono jamás terminan bien...
Pero a Stuart Pot le daba igual.
Siempre le dio igual.

Dentro de la cafetería en donde había sido citado por un agradable hombre virtual, el chico de cabello azul se mantenía esperando a su cita, sin siquiera atreverse a ordenar algo del menú. Pegado a su teléfono, Stuart seguía revisando aquella foto, donde aquel misterioso hombre que había aceptado ser su "match" sonreía inocentemente, prometiéndole que se encontrarían pronto.
Stuart alzaba la vista tan sólo unos segundos, buscando alguna pista suya, y después volvía la mirada a su celular.
Estaba realmente nervioso.

Bloqueó la pantalla de su celular, sintiendo las miradas de los presentes caer sobre él. Seguro creerían que está desesperado.
Aunque más pena le daría que ellos supieran lo ridícula que era su descripción en su perfil de Tinder. ¿Cómo se llamaba ese sentimiento que le daba cada que lo recordaba? ¿"Cringe"? Algo así.
Stuart Pot. 23 años. Fanático de la buena música, y de las películas de zombies. Le gusta ver series de detectives, ¡se desvive por resolver los casos desde su sillón! Su historial de Google está repleto de búsquedas que pondrían a un agente federal a dudar. Bla, bla, bla, y algo en el medio.
No es un asesino, ¡no se asusten, chicas! Y una carita guiñando el ojo.

Todavía no podía creer que había conseguido una cita aún teniendo esa descripción tan infantil.
En realidad, se preguntaba por qué alguien se interesaría en él después de haber olvidado que tenía perfil de Tinder desde hace 5 años.
Quizá había sido un error.

¡Pero no era ningún error en absoluto! Porque de otro modo, él no estaría ahí, sonriendo tímidamente al hombre que acaba de entrar a la cafetería sosteniendo un celular que muestra una foto del peliazul en su pantalla. Definitivamente, ese no era un error.
Cuando él se le acercó, Stuart reconoció en sus ojos bicolor y su piel verdosa al hombre que lo había seleccionado.

—¡Hey, sí viniste! —exclamó él, tomando asiento frente a Stuart—. Me alegra que no me hayas rechazado. Estuve mucho tiempo esperando este encuentro... ¿Y tú?

—Je, también... Tenía muchas ganas de conocerte al fin en persona, Murdoc.

Murdoc Niccals. 27 años. Un hombre de culto que disfruta escuchando a Black Sabbath en su habitación. No preguntes por qué hay un anuncio de cuchillos de cocina cada que aparece su perfil en el tuyo.
Sherlock Holmes puede irse al diablo.
Busca algo tan serio como los documentales de asesinos en serie que aparecen en la televisión.
Eso es todo.

El hombre de pelo azabache sonrió a Stuart, y recargó su brazo en la espalda de la silla. No parece un sujeto con malas intenciones.
Simplemente quiere una cita y ya.
Así que hizo un gesto con la mano, llamando a un mesero, y ladeó la cabeza con gentileza mientras Stuart se acomodaba en su asiento.

—¿Ya ordenaste? Dicen que esta cafetería es de las mejores de la ciudad —dice Murdoc, y Stuart niega con la cabeza. En cuanto llega el mesero, el azabache se voltea a verlo, sin siquiera haber tomado su menú—. Tráeme un café expresso, por favor. Y para él... ¿Qué te gustaría, Stuart?

—Un té helado —responde el peliazul—. Por favor.

El mesero anota la orden y se retira.
Murdoc sonríe de nueva cuenta a su cita, y apoya su barbilla en su puño mientras lo observa. Stuart se sonroja levemente y también sonríe. El silencio es un poco incómodo.

—¿Nervioso? —preguntó Murdoc, después de que Stuart desviara ligeramente la mirada hacia el mantel. El peliazul negó, y se cubrió la boca, ocultando su tímida sonrisa.

2Doc Mini Fic : Deadly DatesWhere stories live. Discover now