BLUE MOON

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Me invitaron a la fiesta del sol:
Grande, majestuoso era el centro de atención.

De pronto llegó la noche y nadie se enteró,
Llegó la luna: pequeña, diminuta, reluciente como el sol.

La luna vestia de gala, de azul como zafiro, con la luz resplandeciente de su humilde corazón.

Yo saludé a la luna y ella me miró ¡por primera ves miré sus ojos y eso me encantó!

Sus ojos eran negros, rodeados de una luz rosa transparente y, con una mirada penetrante transformó mi corazón.

Nunca me había sentido así, me puse nervioso y ¡perdí la respiración!

Pues su mirada y su sonrisa fácilmente se confundian con  amor.

Una mirada penetrante que confundió mi corazón, no sé si fue un saludo, no sé si fue algo, o simple mente mi imaginación, de un chico torpe repleto de emoción.

Era una mirada hermosa, que revolvió mis sentimientos, pues confundido estoy y aclaración es lo que quiero.

Estoy en un camino, que va en otra dirección; me dirán: ¡salte! ¡vente! Más no les presto atención.

Pero esa mirada coqueta que pude apreciar me hizo sentir repleto y a la vez muy incapaz.

¿seré capaz de dejar lo qué yo quiero por la luna azul? O simplemente ¿estoy destinado a seguir mi vocación?

Y allí estaba la luna con su vestido azul, largo, radiante, tan hermoso como el sol.

De repente vi una estrella  ¡la estrella polar! Hablamos unas veses, pero sin nada que revelar.

La verdad, quería hablar con la luna, la luna majestuosa, la luna en forma de mujer; alta y blanca y pelinegra, con un vestido azul y con la luz resplandeciente de su humilde corazón.

O ¿será qué confundo su humildad con la plata? ¿será qué quiere ser más importante qué el sol?

 Solo sé que soy pequeño ante Dios, ante los hombres y su hermoso corazón.

Pasé toda la noche en vela, entre el vino y la botella, contemplando su hermosura deslumbrante, tan brillante como el sol.

El sol mandó la bebida,
Bebida de eterna juventud.
La primera me negué a tomarla
Y la segunda, la que la quería beber
Fue robada por los mortales que subieron al cielo en forma de estrellas, más inmortales que nunca.

Que lástima que yo estaba en la tierra, y ella allá en el cielo rodeada de las estrellas, inalcanzable como siempre por un maldito mortal lleno de confusión.

Su mirada era alegre y traviesa, pero también coqueta y amorosa,
todo se confunde en un mortal
que sueña despierto y quiere su corazón.

Ella me mandó una lluvia de estrellas sin que yo me diera cuenta,
Dañó mi juego, destruyó mi tablero.

Pero mi corazón no guardó rencor contra ella,
¡era la luna azul! ¡la más grande y risueña!

El zafiro de su vestido se mezclaba con la noche,
Era hermosa, era grande, incluso más que el sol.

Me quedé mirando su corazón,
Sus ojos, su sonrisa; la miraba fijamente, mirando su silueta y era linda y era hermosa y no era el centro de atención

Sus labios eran rosados, lindos y carnudos, más mi corazoncito latía lleno de emosión.

Un delirio azotó mi alma, y un beso yo soñaba de su inmenso corazón.

Que tristeza que ella  estaba tan lejos, bailando al compás de los violines y de los grillos y los sapos.

Una función maestra de la naturaleza animal, que se mezclaba con el ruido del mar y la explosión de un volcán.

Más llegó la hora de irse la imponente luna azul, se acercaba el amanecer, nunca más la volveré a ver.

La prodigiosa luna azul, aparece cada cien años y hoy la pude ver.

Dentro de un centenario yo ya estaré tres metros bajo tierra, habiendo cumplido mi promesa al Altísimo con gran amor y dedicación...

Pero nunca olvidaré aquella mirada que me confundió y la luz resplandeciente de su humilde corazón.

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⏰ Last updated: Jan 29, 2020 ⏰

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