Día veintidós: Serpiente.

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Día 22. Serpiente.

Abbadon miró con impaciencia a la bruja ciega. La chica era preciosa, pero durante la guerra, en una de las muchas batallas con los elfos, había perdido la vista. Aunque a cambio, había despertado en ella un don por el que muchos matarían.

La clarividencia era algo muy útil, aunque era una habilidad peligrosa y caprichosa. No siempre veía algo que ella deseaba ver, a veces las visiones eran terribles.

La noche anterior había visto algo sobre el hijo del Emperador oscuro, el hijo que venía en camino.

-          ¿Y bien? –preguntó él, desde su trono.

Ella siguió la voz, supuso que su Señor estaba a unos pocos metros de ella.

-          He visto algo sobre su futuro hijo... –susurró ella, con un poco de miedo.

-          Habla entonces. –su tono de voz molesto, pasó a uno curioso.- ¿Qué has visto?

-          Hay algo malo con él... algo diferente.

Abbadon alzó una ceja.

-          ¿A qué te refieres? ¿Nacerá enfermo?

-          No, no enfermo... bueno... depende de como se vea.

-          No tengo tiempo ni paciencia, dime de una vez que has visto.

-          S-su hijo... nacerá... aunque la madre morirá en el proceso, él será sano y fuerte. El problema es que... puede no ser lo que usted espera. –tragó saliva, buscando las palabras adecuadas para pasarle la noticia-  La apariencia de su hijo... no será como la suya.

-          ¿Se parecerá a su madre?

-          No... su físico... lo puedo relacionar solo con... una serpiente. Una serpiente con alas. –soltó finalmente, esperando que el emperador la fulminara con magia en ese mismo instante.

Lo único que escuchó fueron unos pasos que con calma se acercaron hasta ella.

-          Si me estás mintiendo, bruja, vas a morir de la peor manera posible. –susurró en su oído- Pero si dices la verdad...

Temblando de miedo, sintió como su Señor se alejaba.

-          Si me dices la verdad, tendrás asegurado un puesto en mi corte. Me vendría bien una vidente.

Ella se quedó boquiabierta al escuchar aquello. El emperador no parecía sorprendido con lo que le acababa de decir. ¿Acaso se esperaba algo así? Se limitó a asentir y a dedicar una reverencia ante él. Luego alguien la tomó del brazo y la guió afuera del palacio.

Wordvember -Cuentos cortos-Where stories live. Discover now