Café Y Chocolate

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La tarde en la que llegué al edificio Córcega, estuve esperando afuera cerca de diez minutos. Me senté en una de las pequeñas jardineras aledañas al complejo de color naranja, un naranja gastado por el sol.

Para pasar el tiempo eché un vistazo por los alrededores y merodeé todo el sitio, no me resultó un lugar feo, en realidad era colorido, había muchos árboles y tenía una bonita calle empedrada. No conocía muy bien esos rumbos de Oaxaca, pero me gustó; parecía el lugar ideal para comenzar una vida independiente, por muy redundante que suene... es que no era tan caro, y hospedaba estudiantes de la universidad que quedaba a dos cuadras. 

No sé por qué decidí tomar tantos cambios sólo para independizarme, pero junto a la decisión de salir de casa de mi padre, llegaron más y más decisiones arriesgadas que nunca antes me habría atrevido a tomar. Ya fueran desde mudarme a otra ciudad, hasta comenzar de cero en una nueva carrera.

Mientras pensaba en ello, doña Blanca me sorprendió soñando despierto. —¡Ay! ¡Qué pena que esperaras tanto, Temo! —me dijo, y fue hasta entonces que la miré.

De inmediato me aproximé a ella, —¿Cómo está? —le extendí la mano y ella la recibió con una sonrisa cálida, dulce, siempre con ese toque que te hace sentir cercano.

Blanca era una beta, estaba entre sus 60 y algo, no lo recuerdo con certeza; portaba una larga trenza como peinado y un bonito vestido blanco liso. Ella era la dueña del edificio.

—Va a gustarte mucho, tus compañeros te harán sentir como en casa, lo digo por que los conozco. Son buenos muchachos —me dijo doña Blanca mientras recorríamos el primer piso, justo donde se encontraba mi departamento.

—Seguro que sí —respondí amable.

Cuando llegamos a la puerta, ella golpeó varias veces, pero nadie atendió.

—Estos niños... —murmuró entre dientes y me miró apenada—, ¡Yolotl! ¡Mateo! —gritó los nombres de los que presumían serían mis nuevos roomies. Alfas. Percibía su olor.

Fue un momento incómodo, incluso pude tomármelo personal pero, en el mismo instante, mi atención fue robada por algo mucho más interesante, un olor tan delicioso, que mi alfa no pudo evitar sentirse atraído, de repente, inherente, me encontré necesitado de hallar su procedencia, de reclamar con tanta ansia ese delicioso olor chocolate dulce, tan dulce que resultaba casi acaramelado.

No sabía dónde estaba, quién era, y qué demonios es lo que tenía para conseguir ponerme así de intenso. Lo que tuve claro era que, fuese quien fuese ese Omega, me tenía prendado.

Me alejé discretamente algunos pasos con intención de acercarme a las escaleras, el lugar de donde lo sentía proveniente. Doña Blanca ni siquiera se dio cuenta de mi sutil ausencia. Poco a poco retrocedí en el pasillo, y a dos breves pasos de llegar al primer escalón, cual telón descubierto, se presentó ante mí el Omega cuyo olor provocó a mi Alfa, el único y más real arte que hubiera visto jamás. Su revelación descifró entonces todas las respuestas que necesitaba, comprendí la razón de por qué, ante un olor tan particular como el chocolate, terminé así de necesitado. Y es que la razón me hizo sentir atacado porque, la particularidad que siempre había buscado en un omega, no estaba implícito en su olor, estaba en él, y ahí se encontraba frente a mí, como siempre lo soñé.

Era alto, un poco fornido, una piel ligeramente apiñonada e imposiblemente perfecta. Sus cejas eran gruesas, pero naturalmente perfiladas, de tal forma que lucían estéticas en su anguloso rostro. Tenía unos ojos preciosos, eran cafés y brillosos, tan nítidos, tan enigmáticos, que el sólo hecho de saberme dueño de su atención, al menos por ese breve instante, me hacía sentir agradecido por ostentar el privilegio. Su cabello era otro tema, rizado, lo llevaba apenas lo suficientemente largo como para resaltar sus gruesos rizos, y también era de color café, como sus ojos, y ambos resultaban precisamente sus atractivos más grandes; eso explicaba también por qué su olor era chocolate, la respuesta estaba en ese tono tan bello que ambos presumían. 

Café con olor a chocolate ; aristemo osTahanan ng mga kuwento. Tumuklas ngayon