Malas noticias
***
Capítulo 1
Son las diez de la mañana de un lunes y debería estar en clases.
Digo, debería.
Pero estoy sentada en mi sofá púrpura, frente a la ventana de mi habitación, observando fijamente la ventana de mi vecino.
Connor.
A estas horas probablemente esté practicando con el equipo de fútbol americano. Por supuesto, es el capitán. El fútbol es prácticamente lo único que se toma en serio.
Qué cliché.
Estoy enamorada de mi vecino.
Y, si soy completamente honesta conmigo misma, probablemente también estoy un poquito obsesionada.
Con un suspiro, me levanto del sofá y camino hasta la mesa de noche para tomar mi celular.
Sí, voy a hacer lo que hago prácticamente todos los días: revisar los estados de Instagram de Connor.
Patético, lo sé.
Como si eso no fuera suficientemente vergonzoso, incluso creé una cuenta falsa para poder mirar sus fotos sin que él supiera que existo.
Al entrar a Instagram, mi corazón se detiene.
Connor acaba de publicar una foto.
Está en medio del campo deportivo, todavía con el uniforme del equipo. Probablemente acaba de terminar el entrenamiento. Tiene esa sonrisa suya que parece brillar más que el sol.
Y entonces la veo.
Gigi.
La rubia que parece haber salido directamente de una revista. La chica que todos los chicos quieren y que todas las chicas parecen envidiar.
Está abrazando a Connor como si quisiera absorberlo por completo.
La víbora.
Sí, sé que suena terrible.
Pero, ¿acaso alguien más no puede ver lo plástica y superficial que es?
Aunque tengo que admitir algo que me molesta muchísimo:
Gigi es hermosa.
Si fuera un delito ser tan guapa, probablemente pasaría el resto de su vida en prisión.
Ellos hacen una pareja perfecta.
Y sé que entre ellos pasa algo.
Los he visto.
He visto a Connor meterla a escondidas en su habitación a altas horas de la madrugada, intentando que su madre no los descubra.
Eso no hace que duela menos.
Al contrario.
Me aprieta el corazón cada vez que pienso en ello.
Connor y yo somos vecinos.
También somos compañeros de clase.
Y, aun así, jamás hemos cruzado más de un par de palabras.
Probablemente ni siquiera se ha dado cuenta de que existo.
Tal vez sea mejor así.
Porque jamás tendré su amor.
Ni siquiera en mis mejores sueños.
Quizás el universo está intentando darme una señal: Connor Walker simplemente no está destinado para mí.
Cada vez que imagino lo imposible que sería acercarme a él y decirle cara a cara lo que siento, termino convenciéndome de que debería olvidarlo.
Porque quererlo en secreto está empezando a doler demasiado.
¿Podré olvidarme de Connor?
No tengo ni idea.
Pero, por ahora, parece que él es lo único en lo que puedo pensar.
Estaba tan absorta en mis pensamientos que no escuché la puerta abrirse.
—¡Oye! Préstame tu laptop. La mía se quedó en la oficina y necesito corregir un informe —dice Lara mientras entra a mi habitación.
Doy un pequeño brinco.
En el intento torpe de levantarme, golpeo la lámpara de la mesa de noche. Intento atraparla en el aire, pero es demasiado tarde.
La lámpara cae al suelo con un estruendo.
Genial.
Soy torpe por vocación y el susto que me dio Lara definitivamente no ayuda.
—Por Dios. Tanta torpeza en un cuerpo tan pequeño no puede ser sano —dice mientras acomoda su larga cabellera rubia.
¡El rico siempre humillando al pobre!
—Claro. No todas medimos un metro ochenta como tú. Además, siempre haces lo mismo. Nunca tocas antes de entrar —bufó—. Casi me matas del susto. Mira, hasta rompí mi lámpara.
Señalo los restos de lo que, hasta hace unos segundos, era mi lámpara de noche.
Lara me observa con sus ojos oscuros.
—Tranquila. Cuando tenía tu edad era tan bajita como tú.
Hace una pausa y mira alrededor de mi habitación.
—Aunque parece que ocultas un muerto aquí, Lorena Rudoncky.
Lo dice con una sonrisa burlona.
—Ambas sabemos que lo de ser bajita no te duró mucho —respondo—. Pero tranquila, al menos yo puedo conseguir zapatos de mi talla.
—Lorena, no te burles de mis pies. No es mi culpa ser demasiado alta...
—Y tener pies enormes —termino por ella.
—¡Lorena!
Su tono de advertencia hace que tenga que contener la risa.
—Bueno, ya. Suficiente de bromas. Te prestaré la laptop para que saques tu trasero de jirafa de mi habitación.
Lara me mira durante unos segundos.
Esta vez no sonríe.
Hay algo extraño en su expresión.
—Se me olvidó contarte algo —dice finalmente.
Frunzo el ceño.
—¿Qué?
—Hace una semana recibí una llamada del internado.
Hace una pausa.
Demasiado larga.
—Elsa se va a venir a vivir con nosotras.
Siento que mi expresión cambia inmediatamente.
No sé qué decir.
Lara toma la laptop y se dirige hacia la puerta.
—Lara...
Ella se gira apenas.
—Después hablamos.
Y sale de la habitación.
La puerta se cierra detrás de ella.
La muy cobarde acaba de soltarme una bomba y huye antes de darme explicaciones.
¿Cómo se atreve a decirme algo así con tanta tranquilidad?
Ella sabe perfectamente lo que significa que Elsa vuelva.
Elsa y yo no nos queremos.
Nunca nos hemos querido.
Y, sinceramente, ni siquiera podríamos fingirlo para una foto navideña.
Me dejo caer lentamente sobre el sofá.
Hace apenas unos minutos estaba preocupada porque estaba enamorada de Connor Walker.
Ahora tengo un problema mucho peor.
Elsa vuelve a casa.
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Yo siempre estuve ahí!
RomanceCartas entregadas misteriosamente. Lorena Rudoncky se esfuerza por ser fría, distante e inexpresiva. Para todos, parece una chica imposible de descifrar. Pero detrás de esa fachada guarda un secreto que la atormenta Connor Walker, es el cliché de u...
