CORRUPTO

490 36 48
                                        

[La historia se sitúa en la Dark Era, antes del conflicto con Mimic]

Un alto castaño y un bajito pelirrojo caminaban de madrugada entre callejones, volvían a la sede de la Port Mafia luego de terminar una misión no muy grande. ¿Y por qué caminaban? Pues porque a Dazai (el chico castaño) se le había ocurrido intercambiar la motocicleta de Chuuya (el chico pelirrojo) por cocaína mientras se había distraído dándole una paliza a narcotraficantes que tenían cuentas pendientes con la mafia.
- Eres un imbécil. - se quejó molesto Chuuya por enésima vez en su trayecto.
- Ve el lado bueno, Chuuya, hoy podrás inhalar tanto como quieras y yo, con suerte, morir por sobredosis. - se justificó calmadamente.
- ¡Pero no tenías por qué dar mi motocicleta a cambio, estúpido! Tan sólo la hubieras tomado y ya, de cualquier forma esos patanes nos debían.
- ¡Es de la mejor calidad! Sería un insulto tan sólo robarla.
- Insulto tu culo, animal.
Una carcajada por parte del castaño fue todo lo que obtuvo como respuesta.

Llegando a la sede, cada uno iría en direcciones contrarias para ir a los departamentos de ejecutivos y los de subordinados respectivamente, pero antes de eso, Dazai detuvo a Chuuya.

- ¿Ya te irás a dormir tan temprano?
- Pues sí, hemos estado despiertos la mitad de la madrugada. - respondió con fastidio.
- ¿No quieres divertirte un rato? - mencionó sugerente.
- Eh... ¿con qué?
- No lo sé, tengo coca de la buena~
- Necesito ducharme, y tú también.
- Podemos ahorrar agua y darnos una ducha juntos.
- ¡Ni loco!
- ¡Chuuya~!

Después de rogar como niño de cinco años, Dazai consiguió arrastrar a Chuuya hasta su habitación, aunque para él no era del todo molesto, ya que los departamentos de ejecutivos eran majestuosos en comparación de los sencillos.

Luego de un buen baño (que Chuuya se mantuvo firme en tomarlo por separado), salió a la habitación, donde encontró a Dazai recostado en la cama mientras leía un libro de portada roja con blanco.

- No sabía que leías. – dijo subiendo a gatas en la gran cama.
- No realmente, pero este es el mejor libro que existe, puedo jurarlo.
- ¿Cómo puedes decir eso si no has leído otros?
- No necesito leer más para saberlo, este se ajusta perfectamente a mis necesidades y supera mis expectativas.
- Justamente eso es lo que hacen los buenos libros, idiota. No es el único.
- ¿Sabes qué es lo que necesito más que nada, Chuuya? – preguntó serio, apartando su mirada de las páginas del libro para mirar fijamente los ojos azules del otro.
- ¿Qué cosa? – dijo nervioso.
- Morir. Es todo lo que necesito y merezco.
- Con gusto te mato yo, estúpido. – ya estaba harto de que dijera eso siempre. “Que se mate y ya”, pensó.
- Mmm, si prometieras que no dolería, puede que te permita hacerlo.
- Entonces perdería la gracia. – justo cuando comenzaba a desesperarse por esa patética conversación, Dazai se acercó hasta su oreja, desconcertándolo.
- Tú eres un pequeño monstruo escarlata que destruye a su enemigo desde adentro, de una forma tan deliciosamente dolorosa. Pero me entristece que no puedas utilizar aquella maldición conmigo. – su voz grave provocó que la piel del pelirrojo se erizara y sus mejillas se sonrojaran.
- ¿Quisieras que usara Corrupción contigo? – preguntó con la voz entrecortada y la respiración agitada.
- No sabes cuánto lo desearía. – comenzó a repartir pequeños besos a lo largo de su cuello mientras continuaba hablando contra su piel. – Quisiera que despertaras al demonio que duerme en ti y me despedazaras ferozmente, a la vez que te follo más duro que nunca. ¿Te imaginas esa forma tan magnífica de morir?
- Ya cállate. – sentenció Chuuya, ya no podía más con el deseo y aventó al castaño sobre la cama para subirse sobre él y besarlo efusivamente. – Esto es todo lo que puedo darte, lo siento. – se incorporó para quitarse su bata de baño y la de Dazai también, aunque debajo de ella llevaba sus ridículas vendas, pero ya se había acostumbrado a esa extraña barrera.
- De verdad, quisiera intentarlo.
- Mi habilidad se nula con la tuya.
- Pero con la de otros no. – de inmediato Chuuya se separó de él y lo miró con extrañeza.
- ¿Qué? – cuestionó jadeante.
- Mi habilidad anula Corrupción, pero otras habilidades no.
- Explícate mejor, Dazai.
- Podríamos llamar a alguien para que “juegue” con nosotros, activas Corrupción y disfrutamos del show, pero yo te detendré mucho antes de que se nos salga de las manos.
- ¿Qué mierda estás diciendo? ¡Corrupción no es un juego, idiota! ¡Puedo matar a alguien! No puedes simplemente llamar a una prostituta para que la mate mientras te masturbas viendo tal aberración. ¡No, no, no y no! – molesto, se levantó de la cama y empezó a recoger su ropa doblada de una silla que estaba a un lado, hasta que Dazai tomó sus manos y lo detuvo.
- ¡Espera! No, no llamaré a ninguna pobre prostituta. Alguien con habilidades no moriría tan fácilmente, y conozco a personas que no dudarían en obedecerme, aún si eso les costara la vida.
- ¿Qué? ¿Un subordinado? ¡Estás completamente loco!
- ¡Sólo esta vez, Chuuya! Nadie se enterará y no se repetirá. Prometo detenerte antes de que pierdas el control y deje de ser divertido para ti también. – su tono era serio y no había rastro de mentira en sus palabras, aunque Chuuya sabía que Dazai era un mentiroso profesional.
- ¿A quién llamarás? No quiero a nadie débil.
- Mmm… tal vez me ayudes a disciplinar a alguien.

CORRUPT [Soukoku]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora