I Love You...

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Chris, un chico de 16 años que ahora mismo se encuentra en una sala oscura, con apenas una lámpara colgante iluminándola. Se encuentra sentado frente a una mesa blanca, sólo, hasta que llega un investigador a interrogarlo.

—Hola Chris, mira vengo a hacerte algunas preguntas y quiero que respondas con toda sinceridad. —Chris simplemente lo mira fijamente, esperando a que siga hablando—. Dime, conocías a Félix, ¿no?

—Sí...

—Y, ¿qué eran ustedes dos? ¿Eran pareja?

—Sí.

—Entonces sabrás lo que le pasó, ¿tú sabes si tenía algún problema con alguien?

—No...él era un chico tranquilo. Incluso era asocial.

—Ya veo. ¿Por qué no me cuentas cómo se conocieron?

—Claro.

7 MESES ANTES.

Chris entró al aula de clases, normalmente estaba desolada minutos antes de que las clases comenzaran, lo que le transmitía calma. Pero no todo el tiempo estaba él sólo. Félix, un chico lindo con pecas que adornaban su angelical rostro siempre entraba un poco después que Chris. A Chris le causaba cierta intriga por lo serio que se mostraba, no tenía amigos y mucho menos pareja. La mayoría del tiempo tenía audífonos puestos, se acomodaba en su asiento que estaba posicionado al lado de la ventana y cerraba los ojos, pero nunca se dormía. El Sol de la mañana daba en su rostro y se veía tan tranquilo.

Chris aprovechaba esto para verlo, hasta que se le ocurrió una idea para conocerlo. Sacó su cuaderno y una pluma, comenzó a escribir una carta para Félix. En ella mencionaba su deseo por conocerlo y si él no quería podía dejar de mandarle cartas. Mantuvo la carta bajo el nombre de Chan en vez del suyo y la guardó en el bolsillo de su pantalón.

En la hora del receso Chris fue al casillero de Félix y metió la carta por la rejilla y finalmente se fue. Poco después Félix fue a recoger un cuaderno a su casillero, al abrirlo la carta cayó al suelo llamando su atención, la recogió y la leyó posteriormente. Fue muy raro haber recibido un detalle así, pero guardó la carta en su bolsillo y se fue luego de tomar su cuaderno y una pluma. Iba a responder a la carta de Chris.

Lo único que sabía del escritor anónimo era que ambos iban en el mismo salón de clases y que se hacía llamar Chan, por lo que dejó su carta respuesta en su pupitre al final de clases, cuando todos estaban guardando sus cosas. Él se fue y Chris se acercó al pupitre del pecoso. Tomó la carta y verificó que fuera para él. La abrió y luego de leerla su sorpresa se hizo presente al saber que Félix sí quería conocerlo.

Este fue el inicio de una cadena de respuestas a las cartas que se dejaban, en cada carta que Chris le mandaba a Félix le daba una pista sobre quién era para que al final recopilara toda la información y que supiera quien era la persona que le mandaba cartas diariamente.

Después de un mes completo mandando y respondiéndose cartas, Chris decidió que era la hora de que Félix supiera que él era Chan. En las mañanas cuando Chris llegaba habían muy pocos alumnos y la mayoría se la pasaban en el patio de la escuela. Esto resultó perfecto para el plan que tenía en mente. Dejó un extremo de hilo rojo y un par de indicaciones en el casillero de Félix. Se ató el otro extremo del hilo en el meñique derecho y fue su aula correspondiente.

Félix llegó a la escuela. Su expresión facial se veía más relajada desde que leía las cartas de Chris, le alegraban el día con las bellas cosas que mencionaba de él. Se sentía especial y querido. Al ver el hilo rojo lo tomó confundido y abrió su casillero, una nota cayó y la recogió. Tenía escrito esto:

Cartas para ti. | One-shot ChanLixStories to obsess over. Discover now