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Una calle sobre poblada, miles de niños corriendo por ahí, algunos bajo la supervisión de sus padres y otros no tanto; jóvenes disfrutando su tarde; personas atendiendo alegremente sus negocios, o por lo menos eso aparentaban. Parecía un excelente día para pasar el rato pero era lo que menos quería hacer Luisa justo ese específico día. 

Pasaban unos minutos del mediodía y Luisa ya no soportaba el agobio de tener que pasar otro segundo con su madre histérica que no paraba de reprimirla por todo lo que hacía o decía. Ver a su madre le provocaba repulsión, era una mujer desaliñada,  fea, arrugada, molesta, daba un aura de enojo siempre. No podía entender porqué tenía amigas o como es que su padre alguna vez estuvo enamorado de esa mujer, o tal vez la mujer de la que se había enamorado su papá era una muy diferente a la que caminaba delante de ella lanzando alaridos sobre lo mal que iba en Luisa iba en la escuela, que vergüenza tener que ser vista con una mujer así. Ojala me tragara la tierra, era el pensamiento que recurría a la mente de Luisa cada diez segundos. 

Hicieron una parada en un puesto de helados, su madre le preguntó si quería alguno pero ella negó y se alejó para poder escribir un mensaje a su mejor amiga diciéndole explícitamente y con lujo de detalle como su madre se comía el helado. Mueve su lengua alrededor de la bola como si estuviera lamiendo un pene, escribió a su amiga, de seguro no ha tenido sexo desde que mi papá la dejó y por eso le gusta tanto comer helado, piensa que son penes grandes que jamás estarán en su boca, no entiendo que le vio mi papá, me da asco, ahora está mordiendo el fondo del cono, aparte estúpida, se le va a derramar el helado. En ese momento su amiga estaba ocupada por lo que no podía ver la cantidad descomunal de mensajes pero en cuanto los viera era seguro que tendría un ataque de risa, disfrutaba mucho las obscenidades que le decía Luisa acerca de su madre, ella no la conocía pero a raíz de lo que le decía su amiga no tenía el más mínimo interés.  Mientras todos los demás en la heladería solo miraban una mujer común y corriente comer un helado su hija solo veía a una señora cuarentona desesperada por un poco de sexo.  Cuando lanzaba miradas fugaces a su madre para poder describirle a su amiga como es que ahora su madre lamía las bolas de helado como su fueran las pelotas de algún amante nuevamente venía a su mente, trágame tierra. 

Bueno, vámonos ya, tardas demasiado comiéndote un maldito helado, fueron las palabras de advertencia antes de salir disparada de la heladería con la cara roja de ira. Su madre guardó rápidamente el cambio en su bolsa y salió en busca de su hija pero una vez en la calle no lograba encontrarla entre la multitud. Comenzó a gritar su nombre pero no sabía si ella no respondía porque no la escuchaba o porque quería evitarla, suponía que era la segunda opción. A lo lejos distinguió esa boina barata que su ex-marido le había dado a su hija y corrió tras ella. No deberías alejarte así, podrías perderte, le dijo mientras tomaba a Luisa del brazo. Suéltame, que no vez que no quiero que me vean contigo, respondió Luisa, ojalá y te murieras. Su madre se quedó estupefacta frente a ella con la boca abierta y sin saber que responder. Sabía que la relación con su hija no era la mejor pero tampoco sabía que ella se sintiera de esa forma. Estaba a punto de decirle algo pero comenzó a sentir una sensación rara en el cuerpo, se sentía liviana, como si de repende la gravedad dejara de existir y de un momento a otro sus pies se despegaron del suelo. Luisa miró estupefacta como su madre comenzó a elevarse por el suelo y lo único que pensó fue que el fin su deseo se hacía realidad, se iba a deshacer de ella.  El pánico comenzó a inundar a la madre de Luisa, no sabía que estaba sucediendo, comenzó a gritar por auxilio pero su hija no hacía otra cosa más que reír, a su alrededor más gente comenzó a elevarse hacía el suelo, como ella. Algunas personas trataban de aferrarse a las personas que estaban siendo abducidas por la nada pero no lograban hacerlo durante mucho tiempo. Mirando a su alrededor la madre de Luisa escatimó que junto con ella había otras cien personas elevándose pero también había unas cien en el suelo. A unos metros de ella una mujer gritaba desesperada porque su bebé se elevaba hacía el cielo y ella estaba plantada al suelo. Luisa en cambió parecía disfrutar aquel momento. 

Lo siguiente que pasó fue descrito por los sobrevivientes como la experiencia más traumante de su vida. Cuando la madre de Luisa y el resto de personas que se había elevado estuvieron aproximadamente a unos diez metros del suelo comenzó un temblor que se cuyo epicentro era esa misma calle, al momento siguiente una enorme grieta comenzó a recorrer la calle que hace unos minutos ella había recorrido con su hija, tanto la gente del cielo como la gente del suelo miraban atónitos aquella grita. De un momento a otro el temblor cesó. La gente del suelo volvió la mirada a la gente del cielo y entonces pasó. La grieta que al principio tenía un grosor no mayor a diez centímetros se abrió poco a poco teniendo cuya profundidad daba un hoyo negro . Cosas comenzaron a caer en la grieta y luego la primera persona, luego otra y un niño. La gente del cielo miraba como la gente del suelo comenzaba a correr hacía los edificios u otros lugares para resguardarse pero eran demasiados en la calle y el pánico incrementaba el número de personas que caían a la grieta que cada vez incrementaba más su tamaño. Desde su posición, la madre de Lusia vio como esta comenzó a correr hacia un local de perfumes que estaba cerca de donde estaban cuando deseaba verla muerta.

Norma vio como por más intentos que hizo su hija Luisa de entrar en un local pequeño la cantidad de gente que ya había ahí le impidió tener ambos pies dentro siendo así devorada por la grieta que en cuanto cubrió enteramente la calle se cerró tan mágicamente como se había abierto y lentamente la gente del cielo comenzó a descender hasta tocar suavemente el suelo. 

Se hicieron un par de excavaciones para saber qué había en ese lugar pero solo encontraron tierra y más tierra. 

Norma no sabía pero aquél día se cumplió uno de los deseos más fervientes de su hija, al fin se la había tragado la tierra. 


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⏰ Last updated: Jun 03, 2020 ⏰

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