i ; he's an omega.

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El pelinegro rodó sus orbes amatistas en un signo de obvia irritación. Estaba completamente harto de escuchar los llamados insistentes de los dos alfas que no habían detenido de seguir sus pasos un par de centímetros atrás, intentando alcanzar su rápido caminar. Se paró de golpe, sobresaltado a las personas que lo acompañaban, y se giró hacia ellos furioso. Luzu, el mayor de los presentes, lo estaba mirando con una clara e inmensa preocupación, rogandole que le prestase parte de su atención, mientras que Rubius lo evaluaba con un notable interés y un difuminado sonrojo en su rostro que se esforzaba por ocultar.

— ¿Podéis dejar de seguirme vosotros dos? —preguntó en un gruñido, mirando concretamente al mayor de los presentes de una forma fulminante, quien como respuesta bajo su rostro hacia el suelo apenado.

Cualquiera que no los conociese y se encontrase presenciando la escena podría hacerse miles de ideas de lo que estaba sucediendo y ninguna encajaría con la realidad, al igual que Borja y Samuel no encajaban con el estatus social exigido. Luzu, un alfa con una personalidad semejante a la de un omega y Vegetta, un omega con complejo de alfa. Quizás aquello junto a todas las cosas que compartían era lo que los hacía encajar tan bien.

— Lo siento, Samu —se disculpó de una forma tan sincera y dulce que casi logró calmar el mal humor del pelinegro. Casi. — Solo estoy preocupado, ya sabes, han sido muchos cambios para ti en estos días y-

— Y tienes miedo de qué me pasé algo porque soy un débil omega, ¿no? —Tomó el silencio que se había formado como un sí, logrando que todo en ese momento empeorase. Apretó sus dientes evitando que sus colmillos amenazasen con salir. — Luzu, Alex y Mangel también son omegas, deberías preocuparte por ellos. Yo puedo cuidarme solo, como siempre he hecho.

El castaño comenzaba a frustrarse. No sabía cómo hallar la forma de explicarle a su amigo el porqué de su insistencia en aquel tema. Era un chico testarudo y sabía que si no cuidaba cada milímetro de sus palabras podría llegar a malinterpretarlas, sobretodo en ese momento en el que se encontraba en modo de alerta, preparado para combatir cualquier insinuación de menosprecio.

— Ese es el problema, Vegetta. Sé que puedes, eres fuerte tanto física como mentalmente. — Se acercó al contrario y le ofreció una sonrisa ligera que se asemejaba más a una mueca. Acortó la distancia sin llegar a cruzar un límite no visible, pero que podía llevarlo a una mala situación, y acarició con movimientos dulces sus mejillas. — Pero no eres un alfa por mucho que te niegues a admitirlo y nunca podrás superar la fuerza de uno.

El menor de ambos sintió una punzada en su corazón ante sus palabras, tan directas y dolorosas como ciertas, por mucho que no quisiera creer en ellas. Apartó la mano que descansaba sobre su rostro en un gesto agresivo que se arrepintió de haber realizado al momento, pero no debía sentirse culpable por ello; él le había hecho mayor daño. Decidido, dio un paso hacía atrás y posó sus ojos morados en los avellanas del contrario, desafiandolo y declarandole una guerra que ninguno de ellos quería pelear.

— Soy más poderoso que cualquier Alfa. No te atrevas a decirme lo contrario —habló en un murmuro claro, para que pudiese ser escuchado. Los nudillos de sus manos comenzaban a tomar tonos blancos ante la presión que estaban realizando. — No necesito ayuda ni que me cuiden y menos que lo hagáis vosotros dos. No necesito tu preocupación, Borja.

Antes de que el castaño pudiese decir algo más Samuel continuó el camino hacia su casa, dando la conversación por acabada, y esta vez Luzu no intentó ir detrás de él.
Dejó escapar de sus labios un suspiró cansado, sintiéndose culpable y un completo idiota. Había arruinado todo. Estaba seguro de que ahora el pelinegro lo odiaría de por vida y no se atrevería a dirigirle la mirada.
« No necesito tu preocupación, Borja.» Pero él si le necesitaba.

alpha's problems ; karmaland.Stories to obsess over. Discover now