Narra Marie
Querido diario, hoy nos mudamos a otra ciudad, papá apenas lo mencionó hace 2 días, y da la casualidad que esta será la última vez que escribiré en ti. Te guardaré en mi baúl de cosas importantes obvio, eres como mi mejor amiga, esa que nunca he tenido, el único que me escucha siempre, sabes todos mis secretos, lo malo y bueno de mí, lo que he vivido, espero que en nuestra nueva casa y nuestra nueva vida en gótica sea mejor. Hasta pronto...
15 Octubre de 1981
— Marie, ¿Todo esta listo para irnos?
— Claro papá, empaque todo.
— Bien... Despídete de esta vieja casa.
Di un último vistazo a la sala vacía y recorrí mi mano por las paredes frías y desgastadas, susurré un ligero "adiós" y cerré la puerta.
— Verás que nos irá muy bien en gótica. Conocerás nuevas personas.
Papá me sonrío y yo al instante le devolví la sonrisa.
Durante el transcurso del camino estuve pensando en todo lo que viví en mi antigua ciudad, lo sola que que me sentía en casa cuando papá trabajaba, y que ahora íbamos a poder estar más tiempo juntos, además que yo podré conseguir un trabajo mejor y ayudar a papá con los gastos.
— Bueno, parece que hemos llegado.
Saque mi cabeza por la ventana para observar mejor la ciudad, parecía sombría y triste, esa fue la primer impresión que me dió, sonreí y observé a papá.
— Me encanta...
Algunas personas detestarían lo triste y aburrida que es gótica, pero para mi es justo lo contrario, concuerda con mi estado de ánimo, triste y aburrido... Así es siempre.
Mientras contemplaba las calles repletas de personas caminando en direcciones opuestas a donde sea que vallan, algo llamó mi atención. Era un sujeto que sostenía un letrero amarillo con disfraz de payaso, peluca verde, zapatos exageradamente grandes y una nariz roja, característica de los payasos, era el único en toda la multitud que sobresalía, al menos para mi,y además el único que sonreía, todas las personas que pasaban a su alrededor parecían no mirarlo ni prestar atención a sus movimientos peculiares de bailar.
De pronto uno montón de chicos alborotados corrieron hacia el para arrebatarle el enorme letrero y salir huyendo con el.
— ¡Papá!
— ¿Qué ocurre?
— Unos tipos le robaron su letrero a ese payaso.
— Que locura, pobre hombre.
Observé a mi papá y abrí los ojos más de lo normal.
— Detente! Hay que ayudarlo.
— Oh no querida, nosotros vamos en el auto, seguro alguien más le ayudará.
Me sentí mal por ese hombre, no pude hacer nada, nos alejamos y lo perdí de vista, ojalá alguien si le hayan ayudado.
— Llegamos a casa.
Bajé del auto mis cosas y observé las calles.
— ¿Donde es papá?
— Ves esas escaleras... Pues hay que subirlas.
Me asombró lo inmensas e infinitas que se veían, parecía agotador llegar hasta aya arriba, pero tenía que hacerlo.
— ¡Wow Papá! Con estas escaleras infinitas vas a bajar un poco de peso.
Ambos reímos y seguimos subiendo, parecía no tener fin, hasta que mis pies tocaron piso firme, tomé aire y recobre el aliento,no tengo buena condición física, y eso que soy delgada como un palo además de plana.
— Bueno, ven justo aquí está nuestro edificio.
— Viviremos en un departamento?
— Es temporal hija, mientras encuentro un mejor trabajo nos cambiamos de inmediato.
Heche un vistazo de arriba a abajo al enorme edificio, sucio y viejo.
— Esta muy viejo y hasta da miedo.
— Si, bueno es lo más barato que pude conseguir.
— No te preocupes papá, pronto te ayudaré con los gastos.
Sonreí para el y tocó mi cabeza suavemente.
Entramos al edificio y subimos por el elevador, yo no dejaba de ver todos los defectos internos y externos que tenía el edificio, además que había un olor muy fuerte de basura, pero eso me daba igual, en mi antigua ciudad teníamos el mismo problema, mientras el elevador subía se tambaleaba y yo tenía miedo de quedarme ahí encerrada, observé a papá y también se veía algo de miedo en sus ojos, pero finalmente las puertas se abrieron y pudimos salir.
— Que bueno que no nos quedamos ahí dentro.
Reí nerviosa y le respondí.
— Creo que yo prefiero usar las escaleras.
Mi papá sonrió y se adelantó frente a mi para abrir la puerta.
— Bien, aquí es.
Abrió la puerta y me cedió el paso.
Observé todo alrededor y deslice mi mano sobre la pared, al parecer también desgastada y con algo de polvo, caminé unos cuantos pasos adelante y miré a papá.
— Es algo pequeño... Justo para nosotros dos.
— Si bueno, hay que acostumbrarse. Supongo que hay que desempacar, pero antes... Muero de hambre, ¿Qué te parece si bajo por algo de comer? Vuelvo enseguida.
— Está bien, yo mientras empiezo a desempacar, ve.
Papá se fue y yo me quedé sola, me dió algo de curiosidad y empecé a recorrer los pasillos del piso en el que nos encontrábamos, me acerque a la ventana y pude ver las calles desde arriba, las personas caminando, el montón de basura en las esquinas, suspiré mientras el sol me daba en la cara, después me alejé y caminé un poco, jugueteando en las escaleras, dando pequeños saltos en cada escalón, de pronto escuché el sonido del elevador, subí de inmediato, ~tal vez es papá con la comida~ pensé, las puertas se abrieron de inmediato, pero no era papá, era un hombre, alto, delgado con la mirada en el suelo, yo no dejaba de observarlo, se miraba triste el se dió cuenta de que lo observaba y rápidamente su mirada se posó en mi pero solo se limitó a salir del elevador y caminar hacia su apartamento, yo también me dirigí al mío, el siguió caminando unos metros más adelante, hasta que entró al apartamento 8 "J" , yo enseguida cerré la puerta del mío.
— Ya estoy aquí.
Después de la comida, papá y yo pasamos el resto de la tarde en casa, desempacando las demás cosas y organizando todo, terminamos algo cansados y después nos fuimos a dormir.
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El Hombre Que Ríe (GUASÓN)
FanfictionArthur Fleck era un humilde hombre que se ganaba la vida como payaso, durante mucho tiempo soportó humillaciones y malos tratos, jamás imaginó que su vida cambiaría repentinamente y se vería envuelto en tantos líos, que solo alguien le ayudaría a li...
