La muerte de su hermano y la pérdida de su bebé fueron detonante para Angie Morgan o mejor conocida como la Diabla.
El rencor y sed de venganza corre por cada una de sus venas, y no podemos culparla.
Cuando Jadel Ross se vuelva su mejor aliado como...
Advertencia: antes de leer esto es justo y necesario leer Oscuramente bella, para poder entender.
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-Jadel:
-Jadel, deja de moverte tanto - me regaña Isabel - me estas poniendo nerviosa.
-Lo siento.
A penas llegué al cuarto de los padres de Angie y los puse al tanto de todos, ellos no pudieron aguantarse. Se vistieron rápidamente y llamaron a Juan, él es su hombre de confianza.
Vamos camino a la dirección que se supone que está mi bella, está a las afueras de la ciudad. Solo le pido a Dios que esté bien.
-Estamos a quince minutos del lugar, vamos a bajar las luces de los carros - nos avisa Juan.
El corazón me late apresuradamente, siento que estoy a punto de entrar en un ataque de pánico.
Delante de nosotros van dos camionetas y detrás otras dos más repletas de guardaespaldas del señor David. Él no ha dicho ni una sola palabra desde que subió al auto, solo se la ha pasado con la cara completamente seria.
Muchas veces me gustaría saber que pasa por la cabeza de los demás.
Minutos pasan cuando aparcamos en una casa que parece abandonada, no hay ninguna casa cerca, aunque mi bella hubiera buscado ayuda no la iba a conseguir.
Y me duele el corazón saber eso, ella ha pasado por tanto y aunque hubiera querido escapar no iba a tener oportunidad.
Los hombres comienzan a bajar de los autos, Juan e David también bajan menos la señora Isabel.
-Dale un arma al chico - ordena David - ¿Estas seguro que puedes con esto? - se dirige a mí.
-Por ella hago todo - afirmo - aunque tenga que ir al mismo infierno.
Él asiente, uno de sus hombres me pasa el arma yo me encargo de cargarla y poner en practica todo lo que me enseño Angie.
-Acérquense - pide Juan - si hay hombres adentro probablemente están esperando para atacarnos, cuatros de mis hombres irán por detrás, el señor David, Jadel, dos hombres más y yo por delante, los otros dos sobrantes con la señora Isabel.
-¿Entendieron? - pregunta el padre de Angie.
Lo observo algunos segundos y su mandíbula esta tensa, sus ojos se han oscurecido un poco más y tiene una vena en el cuello inflada. Así si da miedo.
Todos comienzan a cargar sus armas, trago grueso al ver el tamaño de esas pistolas, la mía a comparación de esas es una miniatura.
-No dispares si no es necesario - me advierte Juan.
-Todos a sus posiciones - ordena David.
Algún día le diré suegro.
Todos empezamos a caminar sigilosamente, tal como dijo Juan cuatro de los hombres empiezan a rodear la casa, él hace una seña todos nos quitamos del frente de la puerta, cuenta con los dedos y de una sola patada la puerta es derribada. Las balas no tardan en llegar, Juan es el primero que se atreve a devolver los disparos, seguidos sus hombres, mas disparos se oyen, pero esta vez desde adentro.