Cuento 1: La mochila

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Cuentan que Júpiter, antiguo Dios de los romanos, convocó un día a todos los animales de la Tierra.

Cuando se presentaron les preguntó a uno por uno si creían tener algún defecto. De ser así él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos.

Primero le preguntó a la mona: -¿Qué dices tú? ¿Tienes algún defecto que quieras que yo corrija?

-¿Me habla a mí?- saltó la mona-. ¿Yo, defectos? Esta mañana me miré en el espejo y me vi esplendida. En cambio el oso, ¿se fijó? ¡No tiene cintura!

-Que hable el oso- pidió Júpiter.

-¡Aquí esto!- dijo el oso-.¡Feliz con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza! ¡Tengo suerte de no ser una mole como el elefante!

-Que se presente el elefante - llamó Júpiter.

-Francamente, señor-dijo el elefante- No tengo de qué quejarme, aunque no todos puedan decir lo mismo. Ahí tiene al avestruz, con esas orejitas ridículas.

-Que pase el avestruz.

-Por mí no se moleste- dijo el ave-.¡Yo soy tan proporcionado! En cambio mire a la jirafa, pobrecita, con ese cuello.

Júpiter hizo pasar a la jirafa quien, a su vez, dijo que los dioses habían sido generosos con ella y que estaba muy feliz.

-Gracias a mi altura veo los paisajes de la tierra y el cielo, no como la tortuga, que sólo ve las piedrecillas y las raíces del camino.

La tortuga, por su parte, dijo tener un físico excepcional.

-¡Mi caparazón es un refugio ideal! Pero me da pena cuando pienso en la víbora, que tiene que vivir a la intemperie.

-Que pase la víbora- pidió Júpiter algo fatigado.

Llegó la serpiente arrastrándose y habló con lengua viperina:

-Por suerte soy tersa, no como el sapo que está lleno de verrugas.

-¡Basta!-exclamó Júpiter-. Sólo falta que un animal ciego como el topo critique los ojos del águila.

-Precisamente-empezó el topo-. Quería decir dos palabras: el águila tiene buena vista, pero ¿no es horrible su cogote pelado?

-¡Esto es el colmo!- dijo Júpiter, dando por terminada la reunión. Todos se creen perfectos y piensan que los que deben cambiar son los otros.

<<Sólo tenemos ojos para los defectos ajenos y llevamos los propios, bien ocultos en una mochila a la espalda>>.

Autor : Jean de la Fontaine

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