Te he visto de tantas formas... De todas las maneras posibles, y de todas me encantas. Te he visto enfadado, frustrado, borracho, cansado... Te he visto aturdido, desubicado, pensativo, hasta los huevos de todo... Te he visto despeinado, adormilado e incluso durmiendo... Sonriendo, feliz hasta no poder más, emocionado... Y juro que no cambiaría eso por nada del mundo.
A medida que pasa el tiempo me voy dando cuenta de lo que es de verdad sentir algo fuerte por alguien y no querer perderlo bajo ningún concepto porque eres consciente de que si esa persona se va, no queda nada más que un cuerpo vacío por dentro.
Me encanta cuando te duermes abrazado a mí, cuando me miras con cara de pena y pones pucheros sumamente adorables, cuando me abrazas por la espalda cuando menos me lo espero y cuando me besas sin parar para que no me pique contigo; cuando te escondes de la cámara de mi móvil cuando te grabo o te saco fotos y me sonríes o cuando haces gestos de niño pequeño sabiendo que me encantan; cuando me irritas y me frustras a conciencia solo para reírte de las caras que me salen y de la inocencia que escondo en ellas, para después acercarte a mí y darme besos en la mejilla hasta que ya no existe distancia entre tus labios y los míos. El sentimiento que me causas cuando con tus manos sostienes mi mandíbula para que te mire es tan extremadamente intenso que me ha hecho darme cuenta que ni yo misma sabía que se podía estar tan colgado por alguien de esta forma.
17 de Mayo de 2015
