JongHo había nacido con algo a lo que otros le decían don, pero él lo llamaba maldición.
[Psicometría]
[Es poder ver el pasado de una persona u objeto por medio del tacto]
Descubrió que la tenía cuando sus padres le regalaron un peluche en su cumpleaños y pudo ver la pelea que habían tenido antes, por el hecho de no tener dinero para comprarle algo un poco mejor a su hijo de siete años.
Ese día que se supone que debería ser feliz, ¿no?
Bueno, para él, no lo fue.
Ellos iban bajando por el ascensor y se empezó a sentir el olor a humo, y el ascensor se trabó y quedaron ahí dentro sin escaparía alguna.
—¡Incendio! — gritó su madre mientras abrasaba a su querido hijo y su esposo trataba de abrir las compuertas del ascensor. Un extraño se apiadó de ellos, pero el ascensor se estaba descolgando, no les iba a dar tiempo de salir y había un espacio muy reducido por el cual no podían pasar, así que, con los ojos llorosos y con claro sufrimiento, levantaron a su hijo y se lo entregó al extraño muchacho para que lo sacará de ahí.
JongHo lloraba y gritaba, sus padres le agarraron la mano y sin despedirse se cayó el gran cubo de metal con sus padres dentro. Se quedó perplejo ante la situación, había visto la muerte de sus padres e iba a ser algo que jamás podría olvidar.
El muchacho lo agarró y se lo llevó a las escaleras, pero ¿Cómo iban a bajar si estás estaban llenas de fuego y ellos se encontraban en el tercer piso? Fácil, según él, la ventana estaba cerca y era su única salida si no querían morir calcinados.
Por suerte, no cayeron en el suelo, sino en un auto, JongHo no salió tan herido, solo tenía pequeñas cortadas; sin embargo, su extraño héroe tenía lastimadas más graves y uno que otro hueso roto.
>>> ° O ° <<<
Se encontraba desayunando para salir a la escuela, sin ganas y con el sueño llamándolo desde su habitación.
Su hermano no estaba, se encontraba en su trabajo todo el día, convivía poco tiempo con él y jamás se comportó como uno, ya que no lo era. Le decía así porque fue quien lo salvó del incendio y JongHo quería estar con él porque no tenía más familia en la zona.
Comió un poco más de cereal y se levantó para irse al colegio aún que fuera temprano. El camino era corto y llegó a las 7:25, entraba a las ocho, pero le gustaba llegar antes y pasar hasta el patio trasero.
Llegó y vió a toda la escuela afuera, esperando a que abrieran los portones y ellos pudieran pasar por sus libros. Caminó hasta atrás y en la banca dónde se sentaba, se encontraba un chico, decidió sentarse en la que estaba a unos cuantos metros del chico y recostarse para ver su celular o terminar una de las muchas tareas que no hizo o ponerse a estudiar, por estar durmiendo no hizo nada en todo el día de ayer.
Se dirigió a la banca, pero antes de llegar a esta fue jalado del brazo e introducido a una multitud, la cual se dirigía adentro de la gran universidad.
—Hola. — saludó alegremente.
—Hola. — apartó la mirada del alto al lado suyo.
—Lo bueno de tí, es que si estás serio todo el día, no te vas a arrugar. — comentó para después comenzar a reír bajo. JongHo solo sonrió y movió la cabeza.
Le gustaba que su amigo le alegrara el día con uno de sus tontos comentarios, la forma en la que se expresaba, sus tontas acciones y su inmadurez era motivo de alegría para el pelinegro cuando lo que más quería era llorar.
Llegó a su casillero y lo abrió sacando tres libros de las primeras tres horas. Su amigo aguardaba al lado suyo con la puerta del casillero en su cara, su amigo no era tan amable con él en algunas ocasiones.
—¿Ya casi acabas? — preguntó señalando la puerta, haciendo entender que la quitara de su cara.
—Si. — se dió la vuelta y comenzó a avanzar sin avisar al rubio. A los pocos minutos, se escuchó en donde se aporreaba fuertemente una puerta.
Era YunHo, que cerró la puerta al darse cuenta que su amigo ya había caminado más de seis metros y cuando lo alcanzó lo comenzó a regañar hasta que llegaron al salón del pelinegro.
—Adiós, YunHo. — se introdujo al salón cerrándole la puerta en la cara. Le gustaba ser así con su amigo, porque sin bullying no hay amistad, ese pensamiento era mutuo. Lo bueno era que los dos se querían como si fueran de la familia, aún que fueran extremos opuestos. Las clases pasaron y se sintieron más rápidas de lo que ya eran.
En la antepeúltima y la penúltima clase, le tocaba artes y el escogió pintura el primer año que entró. Ya estaba en segundo para pasar a tercero y sigue en el mismo taller, pensaba en cambiarse, pero no podía hasta cambiar de grado.
Ese día el maestro los puso a trabajar en parejas, el taller solo tenía siete alumnos y JongHo le preguntó al profesor Seung si podía trabajar solo.
—No lo creo, jóven Choi — habló el maestro con su típica voz apagada por todos años que tenía—. Es para que interactúen un poco más y. . .
No terminó porque la puerta se abrió bruscamente. El pelinegro reconoció al chico, era el mismo que se encontraba sentado en la banca cuando llegó a la universidad, o eso creía, lo había visto de espaldas y no estaba completamente seguro si era él
—Profesor, ¿Puedo pasar? — el maestro se volteó y se cruzó de brazos
—Hace 10 minutos que comenzó la clase. — comentó con voz dura, el chico respiraba agitado, parecía como si hubiera estado corriendo por toda la escuela para llegar hasta el salón
—Soy nuevo. Entré hace dos meses. — dudoso, el profesor le dijo que pasara y le dijera su nombre. Por más que estuvo atento y agudizó su oído, fue incapaz de escuchar su nombre por estar al fondo del salón hasta la esquina derecha. Le gustaba la soledad, podía estar con mucha gente y él si lo podía evitar lo hacía
El nuevo se sentó donde todos los demás estaban, a la izquierda, aún que fueran pocos, todos se sentaban juntos durante la clase
—Entonces — continúo hablando el maestro. — ¿Vas a trabajar solo?
El pelinegro asintió con la cabeza
—Está bien — sin prestar atención a lo demás, JongHo se puso sus auriculares y se metió en su mundo, aún que este tampoco era muy de su agrado, ya que habían canciones que le recordaba a sus padres, por el hecho de que ellos las escuchaban o se las cantaban para dormir. Una lágrima traicionera resbaló por su mejilla y aterrizó sobre la hoja de su trabajo, dejando un gran punto de agua
Maldición. Pensó
Alejó el trabajo y se recostó sobre la mesa, cerrando sus ojos y tratando de no derramar ni una otra lágrima, sin éxito
El profesor lo notó y como sabía lo que pasó, habló tratando de captar su atención
—Jóven Choi — no se inmutó. El profesor le dijo al nuevo que si lo podía mover un poco para que se despertara. El jóven le hizo caso y se acercó, lo movió lentamente y JongHo alzó la cabeza, hicieron contacto visual por unos segundos pero JongHo lo rompió cuando el profesor lo volvió a llamar. —. Si quieres, puedes ir a lavarte la cara
Se quitó los audífonos y se levantó, rozando un poco al chico que lo miraba fijamente, hasta que reaccionó por la voz del profesor que le decía que se sentara
Ya en el baño, JongHo checó que no hubiera nadie, porque no le gustaría encontrarse a YunHo y que lo viera en ese estado. Vió su reflejo: los ojos rojos y un tanto hinchados, nariz roja y los caminos un tanto húmedos de las lágrimas. Cerró sus ojos y respiró profundamente para después lavarse la cara y salir del baño como si nada hubiera pasado
Aún que:
[El hubiera, no existe]
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Psicométrico/// Jongsang
FanfictionJongHo es un chico que tiene Psicometría; tuvo que pasar por una niñez y adolescencia muy difícil y solo. Su hermano lo abandonó a los siete años y tuvo que aprender a valerse por sí solo, volviéndose rebelde y agresivo, haciendo que a todos les gen...
