Capítulo 1 - Piloto

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Valerio

Los mortales son la cosa más complicada que Dios ha creado, viven como hormigas pero creyendo que son lo más grandes en este mundo, ja, cositas.

Creo que fue estúpido tomar ésta pequeña libertad de permanecer un tiempo en la tierra, en lugar de regresar al paraíso, pero es que, tampoco me siento cómodo estando allá arriba recibiendo a los mortales muertos, que cabe recalcar que no es un gran trabajo, son pocos los que llegan allá en la actualidad, casi todos tienen un boleto directo al infierno.

Y eso es lo más extraño de ellos, que cuando están a punto de perder sus patéticas vidas, es ahí cuando se arrepienten de todo, son pocos los que todavía alcanzan a recibir el perdón de Dios, y logran entrar. Creo que envidio un poco a los mortales en ese sentido, solo ellos tienen ese privilegio de ser merecedores del perdón de Dios, son la única criatura en el universo quiénes puede redimir sus pecados. En cambio, nosotros los ángeles estamos sentenciados desde nuestra creación, a qué en alguna falta, revelación o incluso osadía contra nuestro Señor, seremos enviados directo hacia el infierno, esa norma fue plasmada desde que la estrella de la Mañana o como es llamado ahora, Lucifer, se revelara contra él, todo por su culpa ningún Ángel tiene una segunda oportunidad.

— Fíjate por donde vas idiota. - dijo un mortal de tantos que circula todos los días por las calles.

—  Tonto mortal. - dije en un susurro continuando con mi camino.

Jamás conocí a la estrella de la mañana, él fue creado muchos milenios antes que yo fuera creado, dicen que era alguien ambicioso, despiadado, y arrogante, pero su gran error fue intentar vencer a Dios, lo único que logró fue ser desterrado del paraíso, destinado a perecer en la tierra, pero encontró un refugio en un lugar oscuro, el cual siglos después sería su reino y el castigo eterno para los pobres mortales los cuales no pudieran entrar al paraíso.

Según los humanos estamos para protegerlos y cuidarlos, ay por favor, ¿de verdad creen que estamos tras ustedes 24/7? Pues déjenme decirles, que no. Obvio no, tenemos cosas que hacer, mucho más importantes que andar detrás de simples mortales.

Seguí caminando por la cuidad, cuando siento un aroma a azufre. Eso no pintaba bien.

Les explico, el 90% de las ocasiones en las cuáles sentimos un aroma a azufre, siempre tiene que ver con alguien fuera de este plano terrenal y para ser específico, algo infernal. Sigo el aroma y me lleva a un restaurante, el cual tiene por nombre La Caverna ardiente, ¿coincidencia? Sin más por esperar, entro al lugar.

— Buenos días, ¿en que le puedo ayudar? - dijo una señorita de cabello rubio con un uniforme estilo esmoquin.

— Ehh... no. Solo observaba el lugar. - dije acomodando el cuello de mi camisa.

— Está bien. - dijo dándose la vuelta atendiendo a otro cliente.

Permanecí en el lugar unos diez minutos y no volví a sentir el aroma, había desaparecido. Fue extraño.

Salí del lugar y me dirigía a mi apartamento. No era mucho de usar el transporte público e interactuar con los mortales, no tenemos permitido intervenir en sus vidas, de eso de encarga Dios, o al menos hace lo que puede. Pero por el trabajo que tengo, debo interactuar con ciertos mortales, para que me consideren uno de ellos.

Oh, que torpe soy, aún no les explico que hago en la tierra. Bueno, les explico, fue enviado para evitar que los demoníacos hagan de las suyas en ésta ciudad, últimamente han estado invadiendo este plano, es lo que nos tiene muy preocupados allá arriba, creemos que están poniendo peso en la balanza y acelerando el día del Apocalipsis. Es por ello que cuando uno rompe una regla, nosotros los ángeles somos los encargados de regresarlo al infierno a donde pertenecen.

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⏰ Last updated: Jul 02, 2020 ⏰

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Sr. LucitorWhere stories live. Discover now