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Julliet

11 de enero del 2017

Miércoles.

Hola, soy Julliet y tengo 19 años. Mi familia es pobre y por esa razón he tenido que trabajar desde mis 11 años. Tengo dos meses que no trabajo y mi madre ha enfermado, no sé nada de mi padre desde hace dos semanas y el poco dinero que reuní con mi ultimo trabajo se me está acabando.

Realmente no sé que hacer, necesito dinero cuanto antes, pero no puedo dejar a mi pobre madre sola, está muy débil.

-¡Señora Martines! ¡debe pagar el alquiler hoy mismo o si no mañana mismo la sacamos de aquí!- son los dueños del departamento y ni siquiera me alcanza para comer una semana más.

-No sé que hacer madre, no pude conseguir un trabajo y papá no ha vuelto a casa- digo entre lagrimas mientras le sostengo la mano.

-Hija, lo siento, perdóname por darte esta vida tan miserable. Todo es mi culpa, tu padre no volverá, él me lo dijo y yo ya no puedo seguir en esta vida- dice con esa voz tan débil que me rompe el corazón.

Así que él no volverá, ahora si estamos jodidas.

-Madre, no diga eso, usted se va a mejorar ya verá.

Levanta su mano derecha y la posa lentamente en mi mejilla izquierda.

-No te mientas, sabes que no tenemos para pagar un hospital- sonríe- no pasaré de esta...

-¿Madre? Madre respondame por favor, madre por favor no se vaya, no me deje sola en este mundo de personas crueles. Por favor...

Y así se fue, sin poder despedirse de su hija, dejando una gran coma en su vida por no terminar lo que empezó. Enterré a mi madre en el cementerio más cercano, no tenía ni con qué pagar el ataúd, pero alguien lo pagó y me dejó enterrar a mi madre con honor y se lo agradezco. Nadie me hubiera ayudado.

Aunque era la única familiar que la enterraba en ese momento, me sentí en familia, pero al ella ser enterrada mi soledad se hizo muy intensa y muy inusual. Ahora estoy en la calle, he vendido todo y he reunido un poco de dinero, suficiente para comer unos días.

Estar en la calle sin comer, sentada en los asientos del parque y dejando que la lluvia caiga sobre mi cuerpo; no era algo que había planeado. Las personas no elegimos nuestro futuro, él más bien ya está creado y este es el mio.

-¡Hey joven! ¡La que está sentada en el asiento sola!

¿Me llamarán a mi?

Levanto un poco la cabeza y veo que al frente hay una cafetería y que un chico viene hacia mi con una sombrilla mientras lleva puesto su uniforme de trabajo.

-Oye ¿estás perdida?- pregunta cubriéndome con la sombrilla. Debe de tener unos años más que yo supongo.

-Buscaba trabajo, pero fue un fracaso- digo y vuelvo a esconder mi cabeza entre mis rodillas.

-¿Trabajo? Creo que estás de suerte, se requiere una mecera en la cafetería, bueno, son dos, pero si consigues el puesto solo faltará una ¿qué dices?- dice el chico con su voz simpática.

Espera ¿ha dicho que hay un puesto de trabajo libre para mi?

-¿A caso eres mi ángel guardián?- digo y él ríe un poco apenado.

-No creo en esas cosas, pero si tú lo dices- dice vergonzoso.

Yo me río también, algo rara porque no suelo reír constantemente. Realmente no quería reír, pero creo que es un momento divertido si él se ríe.

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⏰ Last updated: Jul 25, 2023 ⏰

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