Prólogo

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Diez años habían pasado desde que llegue a Madrid. Aunque fue difícil y me tomó mucho tiempo ganarme una vida digna en un país extranjero, estaba conforme con el presente. Era tal y como lo había soñado desde niña, cuando vivía en las afueras de Asunción con mi madre.

Levantarme a las 6 de la mañana cuando sonase el despertador ya era una costumbre, elegiría alguna camisa perfectamente planchada junto a una de las tantas faldas y tacones seleccionadas para el trabajo; agarraría mi portafolio junto a la cartera al salir de mi apartamento, me apresuraría a pedir un americano antes de llegar al enorme edificio en el cual todos me recibirían con una sonrisa.

- Buenos días señorita Camille- diría Héctor el portero con su típica sonrisa.

- Buen día- me acomodaría las gafas de sol con un gesto encantador como siempre lo hacía.

- Siempre tan guapa Cami- Daniel me miraría babeando, mientras yo asentaría con la cabeza en modo de saludo pero también de despedida pasando de él.

Estaba acostumbrada a ser el centro de atención pues no solo destacaba por mi belleza y mi encanto; sino también por ser la arquitecta líder en la constructora a pesar de ser Paraguaya.

Jamás pensaría que mi vida podría dar un cambio tan brusco en una semana.

-¡Camille!- gruñe Pat destapándome,  ya perdiendo la paciencia – ¿por cuánto tiempo piensas estar encerrada?

-Déjame- contesto tapándome nuevamente.

- Hace una semana que estas en modo ermitaña- me reprende- solo duermes, comes y lloras.

La miro con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar antes de levantarme con un suspiro. Tiene razón, hace una semana que no hago más que comer, dormir, llorar y lamentarme sobre mi existencia, ni siquiera me reconozco, todo el día despeinada y con pijamas, hasta yo siento pena de mi misma.

Mi vida entera ha terminado- digo mirando al vacío con pesimismo.

- No es para tanto... - la fulmino con la mirada a lo que sonríe apenada- no puedes estar deprimida toda tu vida, piensa que por algo pasan las cosas.

- Todo se ha ido la basura- digo haciendo un puchero antes de acostarme nuevamente y tapar mi rostro con la almohada.

Todo era tan diferente una semana antes.

Quisiera convencerme de que todo tiene su motivo, que los cambios son buenos y que todo pasa por algo como Pat me ha estado diciendo cada día desde la ruptura, mas no puedo evitar sentirme mal al respecto.

No hay algo que odie más que las cosas inesperadas o los cambios bruscos. No me gustan cuando las cosas no salen de la forma en que lo planeo. 

- No me gusta verte de esta manera- dice Pat- te juro que quisiera darle una buena hostia al gilipollas de Joaquín.

- No me molestaría que lo hicieras- digo con sinceridad.

- Por supuesto que no- dice devolviéndome la sonrisa- siendo sincera me alivia saber que no te casaras con alguien tan aburrido y patético como el.

- ¿En serio Patricia?- digo poniendo mala cara aunque ya estoy acostumbrada a que haga ese tipo de comentarios.

Siempre habla con sinceridad y de forma directa, no sabe guardarse nada y a pesar de que no siempre dice las cosas en el momento adecuado- como es el caso ahora- me agrada que sea así.

- Vamos, sabes que no vale la pena llorar por el – se cruza de brazos- además no puedes negar que no lo amabas, solo estabas tan acostumbrada a estar en una relación estable y aburrida, con el tío que cumplía todos tus estándares y que hacía que todos tus planes salieran a la perfección- pone sus ojos en blanco- no puedes esperar que las cosas siempre salgan de la forma en que lo planeas.

- Vale, ya basta de sermones- le corto con un gesto de manos a pesar de que sé que tiene razón.

Se levanta y camina hasta mi nevera sacando dos botellas de cerveza, todavía sigo en un trance -aunque esta vez creo estar en fase de aceptación- que ni siquiera escucho cuando suena mi móvil.

- Es un recordatorio de Fiorella- dice a lo que la miro- dice que mañana os espera en el aeropuerto.

- ¿He?- la miro con desconcierto antes de abrir mi boca asimilando la situación.

- Mierda- digo cerrando los ojos.

Fiorella.

Su boda era en un mes.

Y yo había confirmado asistencia e incluso comprado los boletos de avión.

Había planeado ese viaje por mucho tiempo y faltar no era una opción.

- Parece que ha llegado el momento de que vuelvas al mundo- dice sonriendo- es hora de romper con la rutina de una vez.

- Que mejor forma que hacerlo en Italia- digo aceptando la botella de cerveza que Pat me ofrece- ¿qué más podría salirme mal?

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⏰ Last updated: Dec 31, 2019 ⏰

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