Era una tarde lluviosa, y lo que más le gustaba a Andrea los días de lluvia, era ir la biblioteca para leer los libros que aún no había podido leer. Aunque le gustaba jugar con sus amigos en el parque, siempre disfrutaba acompañando a los personajes de esas historias de aventuras, porque cuando leía, era como si estuviera viviendo con ellos todo lo que les ocurría. Era como viajar por un sinfín de lugares increíbles.
Aquella tarde, era como otra cualquiera, pero mientras estaba leyendo uno de los libros que había dejado a medias, se dió cuenta de que de la tapa se había caído una hoja doblada que parecía muy antigua.
Naturalmente no pudo resistirse a leerla. En realidad era una carta dirigida a un chico llamado Jaime, y hablaba de una leyenda que parecía tener origen hacía ya muchos años. Contaba que existía un libro creado por la reina de los cuentos, y era un libro muy especial. El que tuviera la suerte de encontrarlo tendría un tesoro único, pues cada noche al abrir sus páginas aparecería un cuento nuevo jamás leído, y al terminar y cerrar el libro, el cuento desaparecería para siempre. Lo que quería decir que viviría una aventura nueva cada noche durante toda su vida. Pero al parecer no era tan sencillo encontrarlo, durante casi cien años muchos niños habían intentado conseguirlo pero sin éxito, porque la Reina de los cuentos hacía pasar por una prueba a todo aquel que quisiera encontrar el libro. La carta estaba escrita por Oscar, un hombre que intentó buscarlo cuando era niño, y le escribía a su nieto Jaime para animarlo a que consiguiera lo que él no pudo. Pero la carta no parecía haber llegado a su destino porque estaba dentro de un libro viejo que probablemente regalaron a la biblioteca. O tal vez Jaime tampoco pudo encontrarlo y dejó allí la carta con a esperanza de que algún niño se atreviera a vivir aquella aventura.
Pero Andrea pensó que seguramente era sólo un juego entre amigos, de cuando no tenían juguetes y los niños debían inventarse los juegos para no aburrirse.
Así que no le dió importancia, y cuando terminó de leer, volvió a casa.
Aquella misma noche algo despertó a Andrea. Era como una música lejana que parecía llegar desde el parque que había frente a su casa. Pero apenas se escuhaba, y continuó durmiendo. A a noche siguiente la música sonaba un poco más fuerte, pero Andrea continuó sin hacerle caso. La música subía el tono cada noche, hasta que pareció sonar en su propia oreja, y Andrea no pudo ignorara más. Después de dos semanas escuchandola se levantó y se dispuso a coprobar quién era el que tocaba aquella melodía. Entonces se dió cuenta de algo muy extraño, nadie en su casa parecía haber escuchado la música, ningún vecino se había quejado por el ruido.
¿Sería posible que sólo ella pudiera oir aquella canción? Andrea empezó entonces a sentir curiosidad por lo que estaba ocurriendo. Se cambió de ropa, cogió una interna y con cuidado de no despertar a sus padres se fué hacia el parque.
Las calles estaban iluminadas por las farolas, pero a pesar de ello, daba un poco de miedo ver que no había nadie por ningún sitio. La música continuaba sonando y Andrea puso toda su atención en ella. En cuestión de minutos se encontraba frente a la puerta del parque que normalmente estaba cerrada durante la noche, pero en aquel momento estaba abierta e iluminada por unas cuantas luces que a Andrea le parecieron luciérnagas. Su curiosidad se hizo aún más grande, y muy decidida entró en el parque. Pero solo pudo dar un par de pasos, porque una voz repentina y muy fuerte e hizo frenar en seco. Era una voz de mujer con mucha autoridad. Y esto fué lo que dijo:
- Bienvenida a tu prueba Andrea. Sé que sabes mi nombre, y como otros antes que tú, deseas encontrar el libro de los cuentos. Sólo lo obtendrás si logras cruzar el parque y llegar hasta mi trono.
Andrea estaba paralizada, no estaba segura de que aquello no fuera un sueño. Pero parecía estar despierta. La voz ya no decía nada, pero sabía bien a quién pertenecía. Era la Reina de los cuentos, y le daba la oportunidad de poseer el cuento que todos los niños que oyeron la leyenda, habían estado buscando. Así que movió el pie derecho para empezar a andar y algo volvió a retenerla. El parque empezó a cambiar para convertirse en un enorme tablero de un juego que ella debía ganar. De repente, notó que en su mano aparecía un dado de color dorado. Se lo quedó mirando un rato hasta que comprendió que debía empezar a partida si quería regresar a casa. Así que lanzó el dado. Cuando paró de rodar, se veía el número cinco y avanzó cinco casillas. En el recuadro donde se encontraba, había unas frases escritas que comenzó a leer.
