Capítulo 1

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   Abrí torpemente la puerta del apartamento, cargada como iba con bolsas de comida y mi propio bolso y entré cerrando la puerta tras de mí de una pequeña patada. Dejé el bolso en el aparador a mí derecha y pase a la cocina para dejar las bolsas a toda velocidad. Con suerte tendría tiempo de cambiarme e ir a la lavandería antes de que cerrase por hoy.

   Había sido un día más que ajetreado en el trabajo y desde luego pretendía tomarme un más que merecido descanso en el sofá. Saqué de una caja, en una de las bolsas, la pasta de Hamley's y la enorme pizza de la que me había encaprichado. Mientras abría la tapa e intentaba captar algo del contenido con un tenedor, usé mi mano izquierda para liberar mis doloridos pies de esas jaulas de tortura a la que llamaban zapatos. Tras un par de tenedoradas mis ojos vagan por la estancia y se posan en el reloj del salón. Las 20:30, la lavandería cerraría en dos horas y media.

   Corrí hasta la cama esquivando el sofá y la pequeña mesa situada en su respaldo y cuando la alcancé agarré la parte inferior de mi camiseta, pero al mirar hacia abajo ví una mancha en ella y con un suspiro la retiré de mi cuerpo por encima de mi cabeza. Iba a ir a la lavandería de todos modos... Pensé con indiferencia y eché la ropa en una de las cestas de la ropa ya preparadas. Entré en el pequeño vestidor en busca de algo que ponerme. Una camiseta blanca de tirantes y unos shorts grises fueron mi elección.

   El calor sofocante que asolaba Nueva York en esa época del año no me dejaba muchas opciones. Salí del vestidor a toda prisa y me senté al borde de la cama a ponerme los zapatos, justo a tiempo para escuchar caer las primeras gotas de lluvia por la ventana abierta frente a mí. Genial. Y salgo del apartamento cargada con las cestas de la ropa, cerrando la puerta tras de mí. Al bajar los tres tramos de escalera antigua me permití mirar con recelo una vez más al hueco del ascensor fuera de servicio mucho antes de que yo si quiera viviera aquí.

   Al llegar abajo disfruté del familiar pitido del coche al abrirse, pulsando solo un botón. El enorme Subaru Outback me esperaba aparcado en la cera más cercana, bajo la acreciente lluvia que caía cada vez más fuerte.

   Con mi economía no podría permitirme un coche así ni en mil años, pero gracias a la pasión por los motores de mi madre y su manía de cambiar de coche cada seis meses, esta preciosidad llegó a mis manos, en forma de regalo por independizarme. Podría decir sin lugar a dudas que era mi bien más preciado. Acostumbraba a pensar que si algo llegaba a pasar, podría vivir en él sin queja alguna.

   Dejé las cestas de la ropa en el asiento del copiloto y rodeé el vehículo a toda prisa para resguardarme de la lluvia. El motor arrancó con un suave ronroneo y sonreí mientras daba play a mí CD favorito.

   La lavandería no estaba demasiado lejos, pero la lluvia y las dos cestas de ropa no eran buena compañía para ir caminando. Aparqué en el paseo marítimo (a estas horas desierto) y corrí como pude con ambas cestas hasta la lavandería, justo en frente.

   Al cabo de una hora ya tenía la primera cesta limpia esperándome en los asientos traseros del coche. Mientras esperaba sentada encima de una de las lavadoras averiadas la siguiente hora, me descubrí a mí misma ensimismada en mis pensamientos viendo cómo los rayos caían sobre el mar embravecido. Una noche preciosa, pensé.

   Cuando algo llamó mi atención. En el agua, algo era arrastrado por las olas, expulsandolo hacia la orilla. Di un pequeño salto de mi asiento para andar hacia la gran cristalera de la lavandería y observar con más atención. Había dejado mis zapatillas atrás e iba descalza, el suelo frío era gratificante con tanta calor y humedad.

   -No...me...jodas...-Un cuerpo. Era sin lugar a dudas una persona. Alguien estaba flotando a la deriva siendo empujado por las fuertes olas. Sin pensarlo salí de la lavandería a toda prisa, descalza, pero no me importaba. Corrí hacia la baranda que separaba el paseo marítimo de la orilla de la playa unos metros más abajo y me aferré a ella, inclinando mi cuerpo hacia delante. Parpadeé frenéticamente por la lluvia que caía sobre mi cara.

MangataDonde viven las historias. Descúbrelo ahora