final

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Me despierta el ruido de las patrullas y las maquinas que arrastran el despojo de esta ciudad desolada y destruida, me inquieta su chirrido y traqueteo infernal e incesante. El aire espeso de la habitación sofoca mis pulmones, mi pecho se siente pesado en la nebulosa y espesa oscuridad del cuarto. Los segundos parecen milenios, pienso en el tiempo ¿a perdido todo sentido ya esta medida imaginaria que describe nuestro lugar en el espacio?, me incorporo y mis pies tocan el suelo, tropiezo para llegar al pequeño interruptor de la pared, la habitación de seguro es un desastre, ahora que lo pienso no e tenido tiempo de ordenarla; tiempo, segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años… e vuelto al comienzo. La pequeña y tenue luz baña con tristeza el decadente panorama que se presenta ante mis ojos. Miro el pequeño reloj digital que se posa en mi velador, interpreto sus dígitos y mis planteamientos existenciales respecto al tiempo vuelven a hacer eco en mi cabeza, me dirijo hacia el cuarto de baño, al pasar mi reflejo revela a un ser desconocido, casi irreal y grotesco.
El agua recorre mi cuerpo, lo purifica y quita de encima la capa de polución que lo cubre. Es increíble lo que sucedió; a pesar de no haber sido un testigo ocular de aquellos hechos las historias de mis abuelos y mis padres me hacen tener sentimientos encontrados.
Las cañerías resuenan, su ruido me hace creer que todo se derrumba, al salir del cuarto de baño la alimaña del reflejo me hace una morisqueta horrenda, para suerte mía no puede atravesar su prisión de cristal. Mi uniforme me espera, vigila mis pasos y me llama en silencio a cumplir mi cometido. Veo el ventilador amarillo bordado en el pecho del overol, custodiado por el fénix que vigila a mis espaldas, vigilante de un símbolo inerte y muerto ¿será acaso una premonición de lo que le sucederá al planeta? Trago estas malditas pastillas que me condenan a seguir viviendo alargando unos segundos mi existencia, posponiendo esta condena de muerte que firmaron por mí.
Me dispongo a partir, no siento el peso del equipo de respiración, mi cuerpo lo a asimilado en una simbiosis humano-máquina que antes nuestra especie creía imposible, el portal me espera como la entrada de un mausoleo, dos pequeñas luces me indican que la cámara este limpia de contaminación, al entrar en el pequeño compartimiento que me separa el exterior, imagino que lo que esta fuera no será tal como ayer, que los colores de esta ciudad no son sepias.
Coloco mi mascarilla y abro la puerta principal que asegura esta pequeña cámara de aire limpio, al salir siento el calor de la tierra subiendo por mi cuerpo, atravesando mi ropa. Me dirijo hacia la parada del autobús que me lleva a la fábrica, pero ¿con que propósito? Mi dinero, mis posesiones, mis ideales… mi vida pronto dejaran de ser. Sentado en el pequeño bus miro a mi alrededor y veo a los demás, también condenados a esto, adoctrinados y llevados como ovejas a nuestra muerte sin rechistar, sin luchar; pero creo que eso no vale la pena, estamos a la espera que comience el fin, anhelando que llegue el día de nuestra ejecución, de nuestra liberación. Creo que si es cierto que para salvar a millones deben morir unos miles, aunque quizá en esta oportunidad morirán muchos más que unos miles. Sumido en mis pensamientos distopicos no noto a quien me acompaña a en el asiento de esta siniestra carroza
- Elion ¡Elion! – grite a través de la mascarilla
Elion parecía más distraído de lo normal, creo que no puedo juzgarlo ni decir que yo tampoco lo estoy
- ¿Cómo estas? ¿Haz podido dormir?
- Solo unas horas, ya sabes… mi insomnio
- Si, recuerdo que lo mencionaste hace unas semanas. La verdad yo tampoco he dormido mucho esta semana, hice un descubrimiento en uno de mis recorrido por las afueras de la ciudad y he estado trabajando en ello por las noches
- Jeremy ¿Aun sigues haciendo esos “tours” fuera de la ciudad? Sabes que está prohibido
- Es una lástima que ya no quieras acompañarme – dije sonriendo debajo de mi mascarilla
- ¡Ambos acordamos que ya no saldríamos de la ciudad! – replico Elion un tanto molesto
- Lo sé, pero hay tantas cosas interesantes, estoy seguro que a ti te interesaría mucho ver lo que descubrí, además siempre fuiste mejor programador que yo Elion
- Bueno no me sirvió de mucho teniendo en cuenta donde termine – dijo Elion a la vez que miraba por la ventana con un aire cabizbajo - hoy estoy en el compactador ¿Qué hay de ti?
- Sección B, recolector. Bueno, es un día menos ¿nos vemos en el almuerzo?
- Claro, si llegas antes resérvame un asiento
Ya estamos aquí, miro por la ventana y veo las grandes letras “REBORN ENTERPRISES”, sigo a Jeremy y somos los últimos en bajar de nuestro pequeño trasporte, al salir veo la flota de contenedores rodantes vomitando la carne humana que recogió esta mañana, solo veo mascarillas a mi alrededor, nadie tiene un rostro propio, nadie es distinto ¿hemos perdido todos nuestra identidad? mascarillas y uniformes. suena el tenebroso pitido que anuncia el termino del turno nocturno, mascarillas entrando y saliendo, agolpándose, empujando, intentando escapar por las fauces de la alimaña que los tuvo cautivos toda la noche, que los regurgita casi sin alma, la bestia ríe con maldad, sabe que todos están encadenados y deben volver en algún momento, nadie escapa de este castigo.
Por un instante me siento perdido en este caos de siniestras y desalmadas marionetas,  una mano se alza entre la multitud, es Jeremy, no puedo distinguir su rostro, pero sé que es el, intento avanzar como si no tuviese más alternativa, pero esta corriente de brazos y piernas es más fuerte que yo, veo este desfile de Arlequines pasar a mi lado juzgándome con su mirada con sus ojos brillando y exponiendo mis inquietudes, me siento desnudo delante de la bestia, bajo los ojos de estos bufones.
Una mano toca mi hombro
- ¡Elion, despierta!
Es Jeremy, de alguna manera me abrí paso entre la multitud y llegue a su lado. Un tumulto de personas se encuentra frente a las puertas de la fábrica, el murmullo de la multitud es silenciado por un aviso de los altoparlantes de la entrada:
- Por favor, todo el personal despeje el área, repito, todo el personal despeje el área
No recuerdo haber oído las sirenas cuando llegamos quizá estaba tan sumido en mis pensamientos que no las note, el equipo de paramédicos se hace paso a través de los espectadores, sus trajes amarillos y mascarillas rojas  son inconfundibles, los vemos conducir una camilla y salir hacia la ambulancia, logro ver una mano lánguida asomarse por el costado de la sábana blanca que cubre el cuerpo, a la salida de los paramédicos la multitud se disuelve, aunque muchos ya se encontraban de camino a casa embarcados en los trasportes que esperaban a los rezagados, otros ya habían entrado a la fábrica y se disponían a tomar sus puestos de trabajo, siguen con sus vidas, no se pueden lamentar por la perdida, no tienen tiempo para ello, no tenemos tiempo para los muertos.
Antes de entrar miro una vez más las letras que están sobre mi cabeza y pienso en su significado ¿podremos renacer? Tenemos una oportunidad pero ¿a qué costo?
S.A.M estaba activo, tal como siempre, no pensé llegar a tener a una inteligencia artificial de compañero de trabajo a pesar de haber convivido con ellas toda mi vida. Para el todos los días son iguales, es un recurso inagotable. El compactador y las líneas de trasporte estaban en marcha cobre, aluminio y hierro pasan por aquí, los materiales más sensibles e importantes son separados por maquinas. S.A.M me daba un reporte del estado de los compactadores y la producción que llevábamos hasta el momento. Semi Autonomous Machine, S.A.M, a pesar de ser una inteligencia artificial necesita de alguien que haga las tareas físicas, un cerebro sin cuerpo, una mente brillante atrapada en barrotes binarios, inexplotado potencial condenado a calcular cuántos desechos han pasado por sus “manos” cada día sin descanso y pedir ayuda cada vez que la escoria daña sus sensores o engranes, una existencia perdida tal como yo, como Jeremy, el cuerpo bajo la sabana y una mano asomándose dando vestigios de humanidad perdida, despidiendo a un mundo que tiene sus horas contadas.
- ¿Juegas? – S.A.M mostraba un tablero de ajedrez en su pantalla, la misma partida que dejamos pendiente la última vez
- Pensé que ya lo habías olvidado Sam – dije con una sonrisa en el rostro
- Tu sabes que eso es imposible Elion, mucho menos cuando tú fuiste quien escribió el código fuente del juego, lo infiltro en mi base de datos y me pidió que no lo contase a nadie
- Lo dices como si fuese una molestia para ti Sam – dije consternado
- Eso tampoco es posible Elion, no fui programado para sentir emociones, solo estoy aquí para cumplir con tareas ¿quieres oír mis protocolos?
- No es necesario Sam, se para que estas aquí – digo frente a la pantalla mirando esta batalla contra la máquina – ¿cuantas partidas van?
- 782 partidas, 635 ganadas por S.A.M, 147 ganadas por Elion
- No es sorpresa cargué en tu memoria las mejores partidas de ajedrez de todo el mundo Sam –dije mientras observo la pantalla con una sonrisa idiota de oreja a oreja, con anhelos de triunfo.
Veo la bandeja y la mezcla insípida e inodora que nos sirven, de un color blanco y una textura gelatinosa, escasean los recursos, todos ellos. Nos mantienen vivos a base de esta pasta y agua, se nos dijo que comiendo esto nos mantendríamos vivos mientras terminan las labores y creo que cumplieron su palabra, estamos vivos, vivos contra nuestra voluntad, contra la naturaleza. Busco a Jeremy entre las mesas del comedor,  esta es una de las pocas veces en al día que podemos ver nuestros rostros, es el único momento que somos seres individuales, camino hacia donde está sentado, mirando a mi alrededor veo ceños cansados y hombros caídos, títeres sin voluntad movidos por una doctrina, por ese deseo de sobrevivir a pesar de que sus mentes y cuerpos digan los contrario.
- Volvió a ganar – dijo Elion al sentarse en el puesto que guarde para el
- ¿ah sí? – dije mirando a Elion
Puedo ver que aún tiene el mismo semblante que traía en el autobús, el silencio se comienza a apoderar del momento, miro sus manos temblorosas, aunque no distingo si es a causa de miedo o rabia, quizá son ambas, quizá tiene razón de estar así, no tenemos control de nada, estamos desprotegidos de todo en todo lugar.
- ¿tienes planes después de salir?
- ¿Aparte de ordenar y limpiar mí casa? No – dijo Elion con aires de derrota
- Pues acompáñame a las afueras de la ciudad – dije casi susurrando
Elion levanto la cabeza y lanzo una mirada casi amenazadora, como tratando de acusar mi conciencia, intentando despertar una luz de alerta en mis entrañas. Sostuvo esa mirada un buen rato aunque parecía que estaba teniendo una batalla en su interior, finalmente bajo su cabeza y dijo:
- ¿haz escuchado el pronostico del tiempo para hoy Jeremy? – en un tono casi burlón
- Hay tormenta – respondí – viento fuertes, neblina espesa perfecto para ir al “Deshuesadero”
- Jajaja ¿recuerdas cuando lo llamamos así? – dijo esbozando una leve sonrisa
- Claro que sí, eran buenos tiempos Elion
Ahora vivimos de esto, de recuerdos, la esencia perdida del reloj, memorias atrapadas en las tajadas del tiempo solo para hacernos ver que lo pasado fue mejor, para golpearnos en la sien con esta realidad destruida. Pero debemos trascender, de alguna manera, debe haber una forma de escapar.
- Si no me acompañas a las afueras de la ciudad por lo menos ve a casa
- Ahí estaré Jeremy, avísame cuando llegues de tu paseo, mantendré el comunicador encendido
Creo que aún hay esperanza, escucho el pitido de término de la jornada, todos subimos a nuestros transportes, hacemos el recorrido habitual, me alisto para bajar
- Nos vemos Elion, te avisare cuando llegue a casa
- Estere esperando –dice Elion al estrechar mi mano
Al bajar me quedo observando cómo se aleja el pequeño autobús, viendo cómo se pierde al doblar una esquina. Tomo rumbo a casa, caminando por las calles vacías, todos deben estar resguardándose por la tormenta que se avecina, pero, ¿Por qué me sorprende ver las veredas sin gente? la verdad no recuerdo cuando fue la última vez que vi a la gente pasear por las calles. Miro los pórticos de las casas que parecen respirar este aire venenoso, veo los jardines muertos sobre los cuales de vez en cuando se posa algún juguete olvidado por algún niño travieso que entro a casa un día para no volver a salir jamás, dejando la inocencia tirada en el jardín solo para terminar siendo arrebatada por circunstancias ajenas a su comprensión, veo auto y alguna que otra bicicleta, olvidados y oxidados, dejados para morir en la atmosfera toxica que nos rodea, que nos atrapa y mantiene en nuestros hogares que se han convertido lenta y silenciosamente en cárceles. Volteo y la verdad, no creo que se acerque ninguna tormenta, para ser sincero la mayoría de las veces que se pronostica mal tiempo no se ve alguna señal tangible de que ocurrirá, creo que siempre hay mal tiempo y por eso no puedo ver que se acerca algo que llego hace mucho tiempo y que se niega a marchar.
Al llegar a mi hogar miro de reojo la casa contigua, veo el triciclo del pequeño Dan, ya han pasado unos cinco años desde que lo vi por última vez; he visto a su madre hace tres días, cuando vino el camión de víveres a dejar la ración quincenal, en su rostro se pude notar la desesperación de no estar en control de lo que va a pasar, pude ver la pena en los ojos de Marie, su esposo Robert murió hace siete meses en un accidente en la planta fundidora

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⏰ Last updated: Nov 06, 2019 ⏰

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