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Luna se quedó pensativa, mirando un punto fijo en el suelo. Entonces, lo entendió. Era tan estúpido que de hecho la hizo reír. No esperaba absolutamente nada de un libro que Yannick le hubiera dado, pero en realidad era una obra de arte. Le gustaba mucho.

Aún así lo cerró, dispuesta a guardarlo. Aunque toda la mañana había sido de sol, el cielo empezó a oscurecerse y las nubes se acercaban como si trajeran malos presagios. Era hora de ir a casa. 

En ese momento, sintió el golpe. Alguien le había pegado en la cabeza desde atrás, con la mano abierta, y escuchó la voz ininteligible de Guim. Cuando se volteó, vio a Yannick corriendo a la par del otro. Pensó en lo que les haría cuando los alcanzara.

—¡Dejen que los alcance! —gritó ella desde lejos.

Cuando los otros vieron que cogía el morral y se disponía a correr, apretaron el paso. Surcaron toda la colina lo más rápido que pudieron pero ella los estaba alcanzando. Además, era un problema bajar de ahí arriba después. 

Guim fue el primero en caer justo antes de llegar a la ceiba que estaba en la colina, pero logró soltarse de su agarre. Yannick, por su parte, no tuvo opción. Guim vio como Luna lo tumbaba en el suelo, poniéndole el morral encima, y como pasó de tener una expresión de pánico a reírse a carcajadas por las cosquillas.

Estaba muy ocupado burlándose al no haber sido él quien fue atacado por ella, hasta que sintió un escalofrío. Guim se estremeció y se envolvió con los brazos. Miró en dirección a la ceiba. Se quedó helado. Juraba que no estaba ahí antes.

—¿Qué pasa? —preguntó Luna, dejando ir al otro, quién agarraba con fuerza el morral, y a quien ahora solo había estado agarrando por la camiseta. 

Guim no respondió. Tan solo levantó las cejas con confusión. Tan solo en ese momento los otros miraron en esa dirección. Dieron un paso atrás.

Había una persona sentada bajo el árbol que los miraba fijamente. No solo era demasiado pálido, sino que además vestía raro. Guim pensó que parecía podría ser un personaje de los libros polvorientos que solo le gustaban a Yannick. Además, tenía el cabello muy largo y parecía ser castaño rojizo, pero la sombra de la ceiba no permitía descubrirlo muy bien.

—Hola —dijo el individuo sin ninguna señal de que estaba a punto de hablar. Los demás saltaron hacia atrás. Su sonrisa era aterradora.

Al principio, a todos se les había pasado por la mente simplemente alejarse caminando de forma normal, pero ahora ese «hola» los había anclado.

—Um, hola —murmuró Guim.

—¿Por qué traen esas caras? —dijo el extraño, aún sonriendo.

—No sé. Así me veo yo siempre —respondió Yannick ajustándose el morral en la espalda. Planeaba llevárselo sin que ella se percatara.

La sonrisa se desvaneció, pero luego volvió. Ahora el extraño tenía un nuevo brillo en los ojos.

—¿Qué? ¿Ustedes viven por aquí? 

—No. Bueno, yo sí —Guim hizo un gesto señalándose a sí mismo —, pero estábamos aquí viendo jugar a las mujeres. Estamos en medio del campeonato.

—Así que ustedes solo iban pasando —El extraño apartó la vista pensativo.

Yannick se inclinó hacia Luna para murmurar a su oído:

—¿Será un vagabundo? ¿Qué hace ahí?

—No soy un vagabundo. Solo estoy esperando por mi próxima presa —dijo el extraño extendiendo los brazos en un gesto dramático. Yannick lo miraba con los ojos muy abiertos —. Sí. Te oí —añadió guiñándole un ojo.

Hubo una pequeña pausa.

—¿Cómo que presa? —inquirió Guim después de un rato de desconcierto.

El extraño amplió su sonrisa.

—No me conocen. Pero no es de extrañar. Es comprensible debido a que rara vez el conocimiento de mi existencia va más allá de quienes tienen un encuentro conmigo. Natural, debido a que probablemente sea la última vez que se encuentren con alguien —dijo él con la peor opción de palabras —. Soy Ichabod el Vampiro. Mucho gusto, aunque no sé si ustedes sientan el mismo placer.

Luna y Guim se miraron en busca de respuestas. Yannick aguantó por un par de segundos, y estalló en carcajadas.

—¿Vampiro? —preguntó Luna, ahora sucumbiendo a la risa también.

Guim negaba con la cabeza levantando las cejas, y Yannick hacía un esfuerzo por taparse la boca con la camiseta tratando de ahogar el ruido. A Ichabod no le hacía nada de gracia.

—¿Qué les divierte tanto? —preguntó. Yannick hizo un gran esfuerzo por recuperar el control.

—¿Cómo va a decir eso? —murmuró tratando de abstenerse de reír a carcajadas otra vez, no estando seguro de su edad y por lo tanto, no estar seguro de si debería usar el registro formal o no.

—¿Por qué? —dijo, genuinamente confundido al principio. Sin embargo, acabó comprendiendo —Ah, ya veo. No es lo suficientemente realista para ustedes, ¿no? Ni siquiera consideran la posibilidad de que esté diciéndolo en serio. Está bien. Cierto grado de escepticismo está bien, pero no hay forma en que ustedes no lo vean después de esto.

El trío miró expectante. 

Ichabod se levantó del suelo y vieron que era más alto de lo que la primera impresión sugería. Luego, dio un paso adelante, sumergiéndose, con dramatismo, dentro de la luz del sol que quedaba. 

—¿Acaso un humano puede hacer… esto? ¡¿Qué más prueba quieren de que soy un vampiro?!

Ichabod el Vampiro hablaba con una pasión desbordante al mismo tiempo que sus rasgos se hacían irreconocibles por el fulgor que ahora radiaban. Literalmente, su piel estaba brillando.

Luna y Guim no volvieron a disimular, y a este punto Yannick estaba tirado en el piso pasando un buen rato.

—¡Es un vampiro! —dijo una vez pudo recuperar algo de aliento —¡Pero es Edward Cullen!

—¿Qué? ¿Te vas a suicidar convirtiéndote en chispitas?

Ichabod los miraba inexpresivo mientras todos se abrazaban entre sí y daban palmas mientras se reían.

—No me mires así, te creo. Y ese es el problema. ¡Eres un Cullen! —Yannick parecía muy entusiasmado ahora —Anda, di «Bella». ¡Por favor! —añadió, y continuó muriéndose de risa.

—Si de verdad quieres parecer un vampiro, o serlo, no sé, quizás sería mejor otro ejemplo a seguir. Alguien que no cause risa. Alguien que… sí represente una amenaza —señaló Luna.

—¡Bella!—gritó Yannick pasándola muy, muy bien.

Fue entonces cuando Yannick sintió la ráfaga de viento producto de la alta velocidad de ataque del extraño. Guim y Yannick se quedaron congelados viendo cómo Luna gritaba mientras Ichabod el Vampiro se abalanzaba sobre ella. El ruido desgarrador se apagó cuando, simplemente con las manos, le desgarró el cuello arrancándole la cabeza. Yannick hizo un esfuerzo enorme por levantarse, y notó que ya no había rastro de Guim por ningún lado.

Yannick vio con horror como Ichabod bebió la sangre casi de un solo trago, y luego dirigió su mirada de fuego hacia él teniendo la boca totalmente manchada. Eso le había debilitado las piernas, pero una sonrisa slasher con los colmillos sobresaliendo y ese rugido fueron suficientes para ponerlo a correr colina abajo.

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⏰ Last updated: Nov 01, 2019 ⏰

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