Las personas son únicas.
Todos y cada uno de los momentos y situaciones que nos hace vivir una persona es único. ¿No me crees? Imagina que estás en tu casa y de repente viene tu amigo o amiga y te hace hablar, te hace reír, se acuerdan de esas caídas y accidentes que tuvieron; que los hicieron más fuertes, más unidos.
En la misma casa estás con tu mamá y si eres mujer me entenderás, empezarás a hablar con ella de todo los que te ha pasado, si tienen confianza le contarás todo, la sentirás como una amiga, si eres hombre te dará consejos de como ligar a las jovencitas ciegas de tu instituto, trabajo o universidad.
Porque no hay hijo feo, solo una mamá ciega.
En esta misma te encuentras con tu padre y empiezan a hablar de cualquier babosada, si son hombres me imagino empezarán a hablar de deportes, luchas, el colegio o a esas niñas que las traes locas.
Porque no hay hijo feo, solo hombre que no sabe coquetear.
Si eres mujer serán más reservados y más si tú padre es conservador. Con mi padre era distinto, mi infancia entera fue a su lado así que aprendí a jugar con carros, con canicas, monté cicla y él me enseñó a utilizar herramienta.
"Eres mujer pero no menos fuerte, serás una princesa algún día y deberás defenderte sola, aunque yo siempre estaré ahí".
No siempre estuvo ahí.
Pero me enseñó a tener los pantalones cuando debía. Mi padre era el hombre de la casa y cuando se fue ocupé su puesto.
Escribo esto, en memoria del hombre que pensó verme vestida tipo princesa en un gran salón de baile mientras bailaba conmigo sujetando una rosa, mostrando al mundo que su niña se convertía en una mujer de 15 años.
Mi padre, era humano y como tal tuvo muchos errores. Pero fue un buen papá, con sus 73 años tenía más salud que cualquiera, su cabello poblado y sin ni una cana, su cuerpo por el contrario tenía arrugas pero parecía un hombre de 50.
Él falleció ya hace cuatro años, con tres paros cardíacos consecutivos que no le dieron espera a un hombre que quería ver a su hija graduarse del colegio, universidad y conseguir trabajo, ni siquiera dió espera a verla cumplir sus quince.
Él me decía "mona" y a mi hermana "morocha" éramos su luz y antes de morir como cosa del destino, nos lo dejo saber.
"Yo las amo" dijo una semana antes del 30 de octubre "son mis niñas, cuánto han crecido", después de eso nos abrazo y nos besó.
Luego de eso mi madre lloró y casi entra en depresión, 30 años de matrimonio no son fáciles de olvidar y menos cuando sus hijas cogieron rasgos significativos de su pareja.
Dos años después de su muerte mi hermana tuvo una pequeña niña y en honor a nuestro padre, le puso su nombre "Rafaela". Mi padre siempre quiso nietos y cuando nació yo lloré porque no pudo conocerlo.
La vida es un poco dura, a veces es egoísta y otras es lujuriosa.
La muerte es cruda, sin piedad o remordimiento te dice cuando es tu hora y sin previo aviso hace que abandones tu mundo para irte con ella.
Mi padre me llenó de momentos, él me enseñó a montar bicicleta, a poner bombillos, me enseñó a pintar paredes, me enseñó a utilizar los cuchillos de la casa, me enseñó lo importante que es la responsabilidad y el respeto por seres que dependen de uno, me enseñó a ser generosa y un poco ingenua. Él me daba abrazos y me enseñó a respetarme.
Mi padre me invitó mi primer helado, y me montó en un caballo, me ayudó a rescatar un pichón y a un cachorro enfermo, mi padre me compro zapatillas y me daba de comer frijoles con carne.
Él me llevó dónde mi abuela antes de morir y me enseñó mi abuelo por fotos, me contaba historias de río y como cuando fue a pescar en el río Magdalena la Patasola, el Poira, el Mohan y la Candilejas se le presentaron un día por supuesto fue cada una un día distinto. Me dijo que su padre le daba con Pla plancha y por eso a mí no me pegaba.
Me enseñó a tomar tinto en la mañana y en la tarde con queso derritiéndose por el calor del líquido.
Mi padre me llenó de momentos y en ese tiempo solo tenía 14 años.
Escribo esto en memoria a mi padre, porque lo extraño, porque le quiero, porque a pesar que tengo 19 sigo siendo una niña que le faltó más de su amor y aprendizaje.
El me cuidaba cuando estaba enferma y cuando él enfermó llegó mi turno, mi madre y yo pasamos un año entero con él tratándolo como si fuera un niño.
Ya van cuatro años sin él y aún duele como el primer día, unos momentos más que otros.
Escribo esto porque mi mamá para esta fechas está mucho más triste que yo.¿Cómo decirle a alguien triste que está triste por la misma razón? Yo sé que si le digo sería para peor.
Sonará fantasioso, pero ojalá sepa dónde esté que aún le recordamos y que siempre está en nuestros corazones.
