En el desierto

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El vehículo consistía en una maquina centípeda impulsada por baterías y tracción, lo suficientemente grande para que diez personas cupieran en fila. Las placas de color cobrizo y el fuerte rechinar daba la impresión de que en cualquier momento se desarmaría.
—¡Todos a bordo! ¡Súbanse alimañas!
El heterogéneo grupos abordó, incómodamente sentados en el estrecho espacio. La maquina comenzó a sonar como si la martillaran incansablemente. Sujetándose de los pasamanos comenzó el brusco recorrido a través del desierto de Kownë, lugar de imparables tormentas de arena.

Perierat se encontraba incómoda por el paquete escondido y su arma que llevaba en la espalda. A su costado un sujeto corpulento con varias partes del cuerpo mejoradas. Un poco más lejos una pareja joven bulliciosa. Adelante los pilotos. Por último un extraño personaje más parecido a un vagabundo.
—Entonces lo sabrá, por que de otro modo nos quedaremos sin pistas —comentaba el chico.
—Si. Es una posibilidad que puede funcionar —contestaba la chica.
—Vamos, me gustaría ver un poco más de entusiasmo de tu parte
—Yipi —la chica levantó los brazos sin cambiar su expresión
—En verdad —suspiró—, siento que hablo con una muñeca
—Ajá
—Son unos chicos muy animados ¿no? —pregunto el sujeto corpulento.
Perierat guardó silencio. Un fuerte estruendo sacudió el vehículo, haciendo que todos impactaran contra los muros. Nuevamente otro estruendo, y un tercero mucho mas potente que hizo experimentar a los pasajeros la gravedad cero, y con la adrenalina recorriendo su cuerpo nuevamente un golpe que los sacudió bruscamente.
Los pilotos irrumpieron en blasfemias y abrieron la compuerta de salida, por la que pasaron luego de prepararse en armas. Inmediatamente se escucharon los gritos y disparos.
Con los cuerpos golpeados, distintas fracturas y contusiones fueron levantándose poco a poco el resto. Los mas jóvenes parecían tener heridas superficiales y el chico una pierna rota. El sujeto corpulento un hombro dislocado y heridas en la cabeza. El vagabundo continuaba recostado inconsciente, con buen pulso pero posible hemorragia interna. Perierat tenia un par de dedos dislocados, alguna costilla rota y cortes en los hombros.
Sin ventanas al exterior solo podían observar desde la escotilla. Una densa tormenta de arena nublaba la visión. Se colocaron sus pañuelos y máscaras para filtrar la arena.
—Demonios, esto duele como el infierno —se quejaba el más joven —. Tu hombro no se ve bien.
—Niña, hazle un tabique en la pierna —respondió el sujeto corpulento—. Esto no es nada, veré que sucede afuera ¿Me ayudas? —se dirigió a Perierat mientras se ubicaba en un extraña posición contra una pared.
Perierat le propinó una fuerte patada en el torso, haciendo palanca para que se re acomodara el hombro. Posteriormente enderezó sus propios dedos mientras un intenso dolor eléctrico recorría su cuerpo.
Tanto el sujeto corpulento como la joven salieron a la tormenta, de fuerte vendaval y escasa visibilidad. Los pilotos apenas eran una siluetas a unos pocos metros. Del suelo emergió un sonido sordo, constante y chirriante. A varios metros emergió súbitamente un enorme y alargado cuerpo, muy parecido al vehículo, pero con movimientos fluidos y sin pasajeros en su interior.
Haciendo señales entre si, los cuatro personajes se prepararon para el ataque, el que llegó inmediatamente como una embestida de cielo a suelo. Como en cámara lenta el enorme sujeto saltó al alargado cuerpo realizando un golpe a puño cerrado con propulsión de su brazo, más parecido a una bala que a un golpe. La enorme criatura chilla mientras se sumerge en el suelo. La arena succiona con rapidez por donde entró la criatura. Uno de los pilotos no logró liberarse, siendo tragado por las movedizas arenas.
Perierat monta su arma, el gran rifle que siempre carga. El piloto restante saca algo parecido a una bomba. Cuando la criatura vuelve a emerger lo hace a escasos metros del vehículo, del cual había recientemente salido la chica más joven. La enorme criatura la aferra con sus mandíbulas y comienza a ascender. Perierat avanza con agilidad y salta sobre la criatura que continúa elevando su alargado cuerpo. Mientras escala pierde visibilidad de las personas en piso. Golpeada por la arena y los bruscos movimientos del centípedo llegado a su cabeza, aferra las cuchillas de su calzado en la caparazón y con un rápido movimiento dispara en la mandíbula que suelta a la chica, la que Perierat toma en el aíre. Inmediatamente después un pitido agudo comienza a sonar. Con apremio la joven tapa los oídos de la chica y estalla una bomba de ruido. Caen rodando sobre la arena con un fuerte dolor de cabeza.
La tormenta de arena amaina los suficiente para mejorar la visibilidad y escucharse mutuamente. A unos treinta metros se encuentra el sujeto corpulento liberando al piloto enterrado en la arena mientras el otro examina lo que parece el cuerpo inerte del centípedo.
—¿Dijiste algo? —preguntó Perierat
—No —se quedaron mirando unos segundos —. Gracias
—Allá arriba, ¿tu dijiste algo?
—Yo no hablé
Mientras la más joven se levantó y sacudió parte de la tierra, la otra la observaba escéptica. Volvieron juntas al destrozado vehículo donde aguardaba el resto.
—¡Il! ¿Estás bien?
El chico de la pierna rota luchaba por mantenerse en pie mientras recibía a su dupla. Los pilotos en tanto se mostraban sumamente satisfechos con el cuerpo del bicho.
—Ahora si que vamos a tener repuestos ¡y un montón! Le daré al Don las coordenadas de nuestra ubicación
—Si, esto es genial, pero aun me parece extraño que no haya dado más pelea, suelen aguantar hasta tres o cuatro de esas bombas
—Seguramente habrá estado en peleas recientemente y aun no se recuperaba del todo
El sujeto corpulento que se encontraba cerca se acercó a Perierat.
—Así que, las lagartijas naranjas aún continúan activas —observó a la joven que parecía silenciosamente molesta—. Tranquila, no se lo diré a nadie. En realidad me sorprende ver a una sola tan lejos del reino. Conozco a la reina lagartija, sé diferenciar cuando estoy frente a una.
—El arma
—¿Que?
El gran rifle lo había desmontado y cubierto con los trapos que hacían de funda.
—Es la marca registrada de quienes las conocen. Es fácil diferenciar cuando te acostumbras
—Tienes razón —rió animado —, bien, pero no es solo el rifle. Realmente es mucho más.
—¿Y quién eres tú?
El sujeto sonrió complaciente y respondió:
—Si me dices tu nombre te diré el mío
Sin pensarlo la joven dió media vuelta y regreso al interior del vehículo.
—Bien, supongo que así son siempre —fue lo último que dijo el hombre antes de ingresar al vehículo.
Los pilotos ya habían dado aviso de las coordenadas y cambiado algunos mecanismos rotos. El vehículo se colocó en marcha y sumergiéndose en la arena retomó su trayecto.
Perierat se mantuvo atenta todo el camino a la extraña chica. En su espalda el paquete continuaba oculto.

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⏰ Last updated: Oct 29, 2019 ⏰

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