Abrió los ojos y se olvidó de todas las palabras que describían su entorno. Trataba de recordar, pero simplemente su mente no podía recuperar el nombre de los objetos que lo rodeaban. Anomia afásica, un problema en el área de producción del lenguaje, y ahora cuánto durará, se repetía obsesivamente. Pero su mente no podía recopilar la información para nombrar los objetos. Miró al velador de la derecha y el ritual de siempre, benzodiacepinas para sus ataques de pánico, quetiapina para sus brotes psicóticos y opiáceos para sus migrañas.
Pasaron unas horas más y su cabeza ardía, no podía recopilar pensamientos y entre tanto humo, apareció una caja. La abrió y había frases escritas por él. "Recuerda aprender a pensar" "Vive por ti mismo" "Nadie te sigue a todos lados" "Estás solo siempre." Las tarjetas eran para tener contacto con la realidad. Cada día a las seis de la mañana las leía para poder salir en paz de su casa. Pero este día fue distinto, en la noche había escuchado de un concierto de música violenta. Su mente solo se enfocaba en el deseo de ir, quería estar ahí. Se sentó en el bus y empezó a divagar.
Recordaba el sueño de la noche anterior, se apenó por no haberlo escrito antes de olvidarse. Luego, vino a su mente un esfero que la profesora había guardado en su bolsillo del pantalón. Tocó para ver si seguía ahí y efectivamente, lo sacó, era un bic azul de punta fina. Lo probó en la palma de su mano y empezó a escribir sobre la profesora. Mientras escribía sobre ella, el sueño golpeó otra vez su mente.
- Su nombre era Dagmar.
- ¿La profesora?
- No, la chica del concierto. Ya te mencioné sobre ella.
- Posiblemente lo olvidé.
- Como siempre. En fin, se llamaba Dagmar.
- ¿Está muerta?
- Creo que sí. No lo sé.
- Señor pasaje por favor.
Sacó treinta centavos de su bolsillo y pagó. Pero le molestaba como los señores del bus le miraban como si estuviese hablando solo.
Dagmar. La princesa de todo Eӓ. Y guardiana del destino de Ekkaia. Eӓ en la lengua elfica significa es o sea. Y Ekkaia es el mar que rodea todo el reino de Arda, donde habita la preciosa Dagmar. Donde la hermosa princesa observa el rumor del oleaje y contempla los dinoflagelados que prenden su luz en las noches. A veces se confunde entre el mar y el cielo, porque estas pequeñas criaturas asemejan a las distantes estrellas, pero también el mar remite el reflejo de la noche y la luna. Imagina confundir por un momento el presente, pasado y futuro, y que todo se haga uno en este instante en el que se lee esto. Por unos segundos Dagmar cierra los ojos y se concentraba en sus percepciones, en la sensación de la ropa sobre su cuerpo, en el bello ritmo que se crea en sus pechos al respirar profundamente y en el dulce sabor de su saliva. Se olvida todo lo que nos distrae y confunde y se revela lo realmente importante, la nada. Durante las mañanas duerme hasta tarde, tipo diez. No empieza sus labores como princesa por pereza, aunque su día empieza realmente en la noche, cuando ayuda a las pequeñas criaturas que necesitan llegar al agua para sobrevivir, como guardiana del mar, a veces tiene que sacrificar ciertas vidas para mantener el equilibrio. Luego, recolecta fresas silvestres que crecen a las afueras de su hogar. ¿Cómo se imaginarían el hogar de la princesa del todo? Claramente, rodeada de plantas. Las plantas crean el ambiente perfecto para la admiración de la belleza, de cualquier cosa que es capaz de entrar en uno y producirte algo, angustia. Musgos, helechos y orquídeas crecen en las paredes de la torre, unas hiedras hallan camino desde la base y en la mitad cuelgan varias macetas con congonas altivas. En la última porción, hay bebederos para colibríes de cabeza violeta y otros pájaros ermitaños. En Thararda, aquí viven y se reproducen las criaturas con extremidades. Insectos, arácnidos, miriápodos, todos los animales que alguna vez tuvieron extremidades. Thararda da luz a las bestias obscenas, pero Dagmar amaba este sitio. Al regresar a su casa con las fresas, las corta y mezcla con leche. Luego, como princesa de todo lo que es, tiene que contemplar el funcionamiento de las certezas del mundo, los comportamientos de sus organismos y la plenitud de los ceibos enormes. Así, solo ella tiene el entendimiento sobre lo que existe, pero no puede reproducirlo, necesita de un ser que la interprete. Requiere de un hilo que la conecte al mundo y ese es su percepción, con esto crea el significado para el mundo, pero no puede ser Dagmar mismo, no puede atarse al mundo a la vez que contemplarlo, una vez atados al mundo, nos minamos y estar minado es estar en la búsqueda interminable de lo que nos falta, la nada o tal vez otro ser, quizá nosotros mismos somos el faltante de nosotros. Luego, ella se encuentra en la búsqueda de este ser que pueda hacerlo, pero siempre fracasaba. Muchos seguidores de Melkor trabajan arduamente en cumplir el estereotipo que la princesa buscaba, pero realmente lo que ella buscaba era un ser auténtico, buscaba un ser que siga su propio proyecto de vida y así se salve del das nichts. De la inautenticidad a la autenticidad. Nadie lo lograba y sin embargo, Eӓ seguía moviéndose. Todos eran su peor enemigo y a nadie le importaba. Por esta razón, Dagmar viajó a Fangorn. Cuando llegó, encontró a un pobre chico. Perdido, buscando unos hongos. (Léase Sueños II).
